«Es todo un logro que una asociación dure tanto»

Entrevista a Ana García Pachón, presidenta de la asociación de mujeres Blanca Almendro

Sílvia Fornós

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Ana García Pachón es la presidenta de la asociación de mujeres Blanca Almendro de Reus. FOTO: Alba Mariné

Ana García Pachón es la presidenta de la asociación de mujeres Blanca Almendro de Reus. FOTO: Alba Mariné

La ciudad acogió a Ana García Pachón (Bienvenida, Badajoz, 1953) con apenas dos años de vida. Desde siempre ha estado vinculada al movimiento asociativo de la capital del Baix Camp. Actualmente preside la asociación de mujeres Blanca Almendro, una entidad con más de un cuarto de siglo de trayectoria que ha estado marcada por las ganas de divertirse, aprender y colaborar de sus integrantes, actualmente una treintena, además de apoyarse en el valor de la amistad. 

Vino a vivir a Reus con apenas dos años.

Sí, vinimos por circunstancias familiares. Mis abuelos y un tío vinieron a vivir a Reus, y entonces mis padres también lo hicieron. 

¿A qué barrio fueron a vivir?

Primero mi padre encontró una casa en el barrio Fortuny, pero tardaban mucho en dársela. Así que buscó una nueva vivienda, esta vez en el barrio Sant Josep Obrer. Estuvimos allí hasta que tuve unos 14 años. Luego nos trasladamos al centro de la ciudad. 

¿Qué recuerdos tiene de esa época?

Muy bonitos y alegres porque siempre estuvimos muy bien. Recuerdo que las catequistas ayudaban a los niños y las niñas del barrio, nos llevaban de paseo por la Boca de la Mina o Misericòrdia e incluso nos íbamos con ellas de viaje. Mi niñez fue muy buena. 

También ha vivido en la avenida Zaragoza en el barrio Gaudí.

Sí. Me fui a vivir a la zona cuando ya estaba casada y tenía mis tres hijos. Entonces tenía 28 años. Y ahora estoy viviendo en el centro de la ciudad. 

Hace más de un cuarto de siglo fue una de las impulsoras de la asociación de mujeres Blanca Almendro.

Todas nosotras nos conocíamos porque estábamos involucradas en la asociación del colegio. Entonces, nos reuníamos de manera informal mientras nuestros hijos e hijas hacían actividades. Primero dábamos clases de baile y luego, cuando se creó el Centre Cívic Mestral, empezamos a hacer talleres de manualidades. A consecuencia de todo ello conseguimos reunir un grupo grande de mujeres y nos enseñábamos cosas las unas a las otras. En esa época una de las mujeres del grupo falleció, porque estaba enferma del corazón, y decidimos ponerle su nombre a la asociación. Así surgió la entidad. Todos estos años los recuerdo como una época dorada. 

¿Qué valores transmite la entidad?

La asociación es muy importante para todas nosotras porque en aquella época, hace más de 25 años, muchas de nosotras estábamos en casa, sin trabajar. Y cuando nos reuníamos nos sentíamos muy felices porque nos explicábamos nuestras cosas y nuestros problemas. Por ello, la asociación de mujeres Blanca Almendro ha supuesto un gran apoyo psicológico para salir del círculo vicioso de la casa y la limpieza. Hoy en día somos treinta socias, pero hemos pasado épocas de más y de menos.

Organizan muchas actividades. 

Sí, porque somos mujeres muy activas. Hacemos desde concursos de pasteles hasta manualidades, clases de pintura, baile… 

Durante todos estos años ha sido testigo de muchas anécdotas y una de las más mediáticas tiene relación con una parada de autobús.

Sí. Años atrás, el autobús se paraba en el barrio Gaudí pero no en la avenida Zaragoza. Muchas de las que vivíamos en esta zona teníamos que ir andando, cargadas con la compra, hasta nuestras casas. Hasta que un día un grupo de mujeres se plantó delante del autobús y le dijo al conductor que las subiera hasta la avenida Zaragoza, o no le dejaban irse. Entonces, el chofer llamó a la empresa y pidió permiso para llevarlas hasta la avenida Zaragoza. Y desde aquel día existe una parada en la zona. 

¿Qué tan importante ha sido la asociación para la ciudad?

Mucho. Es todo un logro que una asociación dure tanto, y que estemos muchas de las mujeres que iniciamos la entidad. Una de nosotras tiene más de 90 años y siempre que puede viene a todas las fiestas que organizamos. Por ello, estoy orgullosa de lo unidas, alegres y contentas que estamos siempre. 

Vitalidad les sobra. 

Sí, es verdad (risas).

¿El relevo generacional es una asignatura pendiente?

Sí, ya que es complicado. Como presidenta llevo más de diez años. No hago nada para que me recuerde nadie. Estoy al frente porque me gusta estar por los demás, soy así y no lo puedo remediar. Ahora que tengo 67 años quiero dejar de ser la presidenta. Aunque hay mujeres jóvenes, que creo que son capaces de coger el mando, no hay manera de que alguna de ellas se anime a ocupar el cargo. 

¿Cómo debe ser el carácter de la presidenta?

Hace falta mucha paciencia y tener un carácter conciliador para apaciguar los ánimos cuando surge algún rifirrafe. 

Debe saber escuchar.

Sí. Todas nos respetamos y las valoro más que a nada en este mundo.

El confinamiento les ha impedido reunirse y seguir con las actividades.

En el tiempo que estuvimos confinadas las llamaba a todas para que ninguna se sintiera sola. Y si alguna se sentía sola, porque los hijos no estaban en casa, la llamaba tres o cuatro veces al día, las que hiciese falta. La Covid-19 no va a poder con nosotras.

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