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Esta fue nuestra hora más gloriosa

Diario de un confinado | En las situaciones difíciles algunos políticos tienen la virtud de convertir la retórica en un arma de guerra y otros en un suplicio añadido

Josep Cruset

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Pertenezco a la generación del Baby Boom, esa que formamos los nacidos entre 1960 y 1975, año más, año menos. Nuestros abuelos proclamaron la República y pasaron por la Guerra Civil; nuestros padres protagonizaron el gran desarrollo e hicieron la transición; y a nosotros el mayor logro colectivo que se nos atribuye es ser el grupo de edad más numeroso del país, a la espera de que lleguemos a la edad de jubilación y hundamos el sistema, porque encima no hemos procreado lo suficiente como para que lo que cotizan nuestros hijos alcance para pagarnos las pensiones.
Buena muestra del poco reconocimiento que está mereciendo nuestro paso por la historia es que se nos conoce como la Generación X o Generación perdida. Incluso a los que nos siguen, los Millennials, ya se les atribuyen comportamientos generacionales más esforzados.  


Uno de nuestra generación, Pedro Sánchez, ha estado dos días seguidos obsequiándonos con largos discursos dedicados a repetir siete veces lo mismo. Aproveché la tregua de ayer para releer los tres más célebres de Churchill en 1940. El tercero, pronunciado el 18 de junio con Francia ya a punto de rendirse, es recordado por aquella exhortación a que pasados mil años «los hombres todavía dirán: Esta fue su hora más gloriosa». En tiempo de contagios, la épica que transmiten las palabras del viejo león británico sigue siendo contagiosa, 80 años después.


Más allá de comprobar que en las situaciones difíciles algunos políticos tienen la virtud de convertir la retórica en un arma de guerra y otros en un suplicio añadido, el discurso de Churchill me animó a pensar que los de la Generación X quizá estemos por fin ante nuestra hora más gloriosa. 


El problema será que a la hora de contárselo a los nietos, habrá que aclararles que la singular heroicidad de muchos de nosotros durante la larga epidemia del coronavirus consistió en quedarnos en casa, mientras unos cuantos se jugaban el tipo en primera línea. Se podría resumir en otra famosa frase de Churchill: «Nunca tantos...». 

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