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La familia materna de Rita Barberà proviene de Reus y creó los famosos mosaicos Nolla

Su tatarabuelo, Miquel Nolla, emigró a Valencia, donde fundó una gran industria de la cerámica

Josep Cruset

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Rita Barberá en el homenaje a Miquel Nolla en Meliana en 2011

Rita Barberá en el homenaje a Miquel Nolla en Meliana en 2011

La familia materna de Rita Barberà Nolla, que ha muerto este miércoles en Madrid, provenía de Reus y era propietaria de los famosos mosaicos Nolla, cuya creación fue uno de los hitos de la historia industrial valenciana. El creador de la cerámica Nolla y de la fábrica de la que salieron pavimentos hacia toda España, Europa y América fue un reusense, Miquel Nolla Bruixet (Reus, 1815 - Meliana, 1879), tatarabuelo de la exalcaldesa de Valencia.

Miquel Nolla era hijo de un comerciante reusense. Estudió en las Escuelas Pías –el actual Institut Salvador Vilaseca– y "cuando el mozuelo apenas contaría 20 años, sus padres, como buenos catalanes, lo enviaron para que se labrara un porvenir". Al menos así se narra en un artículo publicado en 1895 por el diario valenciano Las Provincias. Establecido en Valencia y bajo la protección de un influyente burgués tío suyo, consiguió montar un gran almacén textil de géneros extranjeros, que le granjeó una considerable fortuna, gracias a la cual participó en la sociedad Industrial Valenciana –dedicada a la cerámica y el mosaico– y encabezó el Tribunal de Comercio y la Sociedad Valenciana de Seguros Marítimos.

Nolla contaba 44 años cuando la ociosidad de su acaudalado estatus se convirtió en nefasta para su salud. "Su naturaleza se quebrantó tan visiblemente que preocupó larga temporada a los galenos. Hasta que un médico acertó en el tratamiento que el emprendedor necesitaba. Le recetaron una droga muy medicinal, el trabajo, que el aún joven Miguel Nolla se suministró con notable éxito", reza el citado relato periodístico.

El empresario reusense abocó todas sus energías al proyecto de levantar una gran industria de la cerámica en plena huerta valenciana, aplicando las técnicas que había conocido en las fábricas inglesas. El lugar elegido fue Meliana, donde tenía una casa de campo. Amplió su pequeña propiedad y, según se cuenta, no pudo esperar siquiera a que las cosechas de trigo plantadas terminaran de germinar y ordenó que las segasen.

Abocó millones en el proyecto y en 1864 obtuvo la concesión por Isabel II de la Real Cédula por la que se le otorgó privilegio de invención "para fabricar baldosines de arcilla pulverizada y otras materias de varias formas y colores y con incrustaciones". Las primeras piezas salieron de los talleres el 11 de marzo de 1865.

El mosaico Nolla fue un producto muy innovador en cuanto a técnica y diseño. Se trataba de un gres porcelánico teñido en masa, de altas prestaciones, con el que se realizaban complejas decoraciones. Su tecnología de producción fue la más avanzada utilizada en materiales cerámicos de pavimentación. Su fama cruzó fronteras y fue colocado en algunos de los más destacados inmuebles de la arquitectura ecléctica y modernista de la época. La Casa Batlló y el Palau de la Música de Barcelona; la casa de Correos, el Ayuntamiento, el Asilo de San Juan Bautista y el Palacio de la Exposición Nacional de Valencia; el Palacio de la Magdalena de Santander, la Catedral de Buenos Aires, el metro de Moscú... Fue premiado en las exposiciones universales de París, Viena y Barcelona y exportado a varios países americanos. Fachadas, paneles y remates de edificios también aplicaron sus posibilidades decorativas.

La factoría de Meliana llegó a emplear a más de 500 trabajadores y el oficio de mosaiquero se convirtió en el más extendido en la comarca. La fábrica y el palacio Nolla fueron visitados por los reyes Amadeo I y Alfonso XII y por representantes de las casas reales europeas. El general Prim fue otro de los ilustres huéspedes de Miquel Nolla –dado que eran coetáneos, cabe suponer que se conocían de su juventud en Reus–.

El mosaico Nolla se fabricó hasta los años setenta del siglo XX, pero su popularidad y el impacto económico que supuso en aquella Valencia todavía rural permanecen en el recuerdo colectivo de la comunidad. Meliana homenajeó a Miquel Nolla dedicándole un parque y un monolito en 2011, acto que contó con la presencia de Rita Barberà y toda su familia.

Texte: Valencia cerró ayer el I Congreso Nacional sobre Cerámica Nolla. La aparición del mosaico Nolla constituye uno de los hitos de la historia industrial valenciana y marca el punto de inflexión de la modernización del sector. Aunque tanto o más interesante resulta que el creador de la cerámica Nolla y de la fábrica de la que salieron pavimentos hacia toda España, Europa y América fue un reusense, Miquel Nolla Bruixet (Reus, 1815-Meliana, 1879). Al calor de la actualidad, nunca mejor dicho, cabe recordar que Nolla es el tatarabuelo materno de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá Nolla.
Miquel Nolla era hijo de un comerciante reusense. Estudió en las Escuelas Pías –el actual Institut Salvador Vilaseca– y "cuando el mozuelo apenas contaría 20 años, sus padres, como buenos catalanes, lo enviaron para que se labrara un porvenir" –al menos así se narra en un artículo publicado en 1895 por el diario valenciano Las Provincias–. Establecido en Valencia y bajo la protección de un influyente burgués tío suyo, consiguió montar un gran almacén textil de géneros extranjeros, que le granjeó una considerable fortuna, gracias a la cual participó en la sociedad Industrial Valenciana –dedicada a la cerámica y el mosaico– y encabezó el Tribunal de Comercio  y la Sociedad Valenciana de Seguros Marítimos.
Nolla contaba 44 años cuando la ociosidad de su acaudalado estatus se convirtió en nefasta para su salud. "Su naturaleza se quebrantó tan visiblemente que preocupó larga temporada a los galenos. Hasta que un médico acertó en el tratamiento que el emprendedor necesitaba. Le recetaron una droga muy medicinal, el trabajo, que el aún joven Miguel Nolla se suministró con notable éxito", reza el citado relato periodístico.
Por Europa y América
El  empresario reusense abocó todas sus energías al proyecto de levantar una gran industria de la cerámica en plena huerta valenciana, aplicando las técnicas que había conocido en las fábricas inglesas. El lugar elegido fue Meliana, donde tenía una casa de campo. Amplió su pequeña propiedad y, según se cuenta, no pudo esperar siquiera a que las cosechas de trigo plantadas terminaran de germinar y ordenó que las segasen.
 Abocó millones en el proyecto y en 1864 obtuvo la concesión por Isabel II de la Real Cédula por la que se le otorgó privilegio de invención "para fabricar baldosines de arcilla pulverizada y otras materias de varias formas y colores y con incrustaciones". Las primeras piezas salieron de los talleres el 11 de marzo de 1865.
El Congreso Nacional celebrado en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias de Valencia ha conmemorado los 150 años de esta efemérides, que coincide con el bicentenario del propio Miquel Nolla. 
El mosaico Nolla fue un producto muy innovador en cuanto a técnica y diseño. Se trataba de un gres porcelánico teñido en masa, de altas prestaciones, con el que se realizaban complejas decoraciones. Su tecnología de producción fue la más avanzada utilizada en materiales cerámicos de pavimentación. Su fama cruzó fronteras y fue colocado en algunos de los más destacados inmuebles de la arquitectura ecléctica y modernista de la época. La Casa Batlló y el Palau de la Música de Barcelona; la casa de Correos, el Ayuntamiento, el Asilo de San Juan Bautista  y el Palacio de la Exposición Nacional de Valencia; el Palacio de la Magdalena de Santander, la Catedral de Buenos Aires, el metro de Moscú... Fue premiado en las exposiciones universales de París, Viena y Barcelona y exportado a varios países americanos. Fachadas, paneles y remates de edificios también aplicaron sus posibilidades decorativas.
Una comarca mosaiquera
La factoría de Meliana llegó a emplear a más de 500 trabajadores y el oficio de mosaiquero se convirtió en el más extendido en la comarca. La fábrica y el palacio Nolla fueron visitados por los reyes Amadeo I y Alfonso XII y por representantes de las casas reales europeas. El general Prim fue otro de los ilustres huéspedes de Miquel Nolla –dado que eran coetáneos, cabe suponer que se conocían de su juventud en Reus–.
El mosaico Nolla se fabricó hasta los años setenta del siglo XX, pero su popularidad y el impacto económico que supuso en aquella Valencia todavía rural permanecen en el recuerdo colectivo de la comunidad.
Meliana homenajeó a Miquel Nolla dedicándole un parque y un monolito en 2011. El pasado jueves, en la inauguración del  Congreso Nacional, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, manifestó su "emoción y orgullo" por tomar parte en un evento dedicado al legado de su tatarabuelo reusense, "un emprendedor de hace 150 años que supo crear riqueza y empleo y que fue muy influyente en la industrialización valenciana"

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