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Los adoquines de Reus, camino de convertirse en reliquia

Últimas calles. La reforma de Santa Helena, Miró y Verge Maria retirará el pavimento del siglo XIX, que ya muy pocas vías tienen. Nolla y el Passeig Misericòrdia lo conservarán

MÓNICA PÉREZ

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En la calle Miró ya se han llevado a cabo las obras del sistema de aguas. FOTO: ALBA MARINÉ

En la calle Miró ya se han llevado a cabo las obras del sistema de aguas. FOTO: ALBA MARINÉ

Las obras de reforma de las calles Santa Helena, Miró y Verge Maria, ya iniciadas parcialmente con la intervención de mejora de la red de aguas, supondrán el adiós a tres de las pocas vías adoquinadas que aún conserva la ciudad. De hecho, una vez culmine la remodelación de este ámbito, Reus apenas tendrá adoquines en media docena de puntos. Y seguirán menguando. La previsión, según anunció el Ayuntamiento hace ocho años, es que la calle Nolla –y el Passeig Misericòrdia– acabe resultando el único vestigio de este tipo en el centro.

«Este pavimento se comenzó a usar a mediados del siglo XIX y entonces era bastante útil, entre otras cosas, porque permitía que el agua se colase hacia abajo y permanecía más seco, además de aguantar el paso de carros, y en él se limpiaban fácilmente los excrementos de los caballos», detalla el arqueólogo Jaume Massó, que dice que «todo eso, hace 150 años, era fantástico».

Los adoquines son testigos de la transformación industrial y comercial que experimentó Reus en aquel momento, y tenían la misión de facilitar la circulación del género por el municipio. Massó indica que «muchos, seguramente, se traían desde Les Borges». El sistema del siglo XIX «también era muy práctico porque, si había que hacer alguna obra en la calle, los adoquines se levantaban y luego se volvían a colocar en su sitio sin mayor complicación, encajándolos; no era como ahora que hay que picar y romper el pavimento con la ayuda de máquinas», indica el arqueólogo. Antiguamente «había un almacén cerca de la Biblioteca Xavier Amorós donde se guardaban adoquines por si había que reemplazarlos en alguna zona».

Más adelante, «en el siglo XX, cuando llegaron los coches, todo se fue asfaltando» y «parte de las calles, de hecho, se asfaltaron por encima de los adoquines directamente porque así era más rápido». Retirarlos «es positivo para los coches pero a lo mejor no lo es tanto para las personas porque, cuando un vehículo entra en una calle adoquinada, tiende a no correr tanto». Además, tal como precisa Massó, «hoy en día, cuando llueve mucho, como el agua no se cuela por el asfalto, si los desagües están llenos se acumula».

Algunas de las calles donde todavía pueden verse son Alt del Carme y Sant Francesc, más allá de Nolla y el Passeig Misericordia. Su desaparición «es una cuestión de evolución, igual que seguramente dentro de mucho tiempo también puede ser que se dé el paso desde el asfalto hacia otra cosa». A nivel histórico, «quitarlos es ley de vida y responde a una cuestión de evolución del transporte», añade el arqueólogo que, valora que la decisión municipal de mantener la calle Nolla como una muestra de lo que Reus fue «tiene sentido porque es muy estrecho y no se usa prácticamente para circular, y tiene esa gracia». «El Passeig Msericorida será también un buen recuerdo», concluye.

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