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Los ojos de Reus: la Guàrdia Urbana vigila la ciudad con 60 cámaras

Una inmersión en la sala de cámaras de la policía local donde se controla la ciudad las 24 horas del día

Mar Martinez

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Los agentes responden a las llamadas de la gente.
 Foto: Alfredo González

Los agentes responden a las llamadas de la gente.
 Foto: Alfredo González

«¡Tiene 11 marrones!», comenta un agente de la Guàrdia Urbana. Se refiere a la última detención realizada en el Parc Sant Jordi a un hombre por consumo de marihuana en la vía pública. El protagonista es un chico, de origen magrebí, con 11 condenas por diferentes delitos. Entre ellas destaca una agresión sexual a una menor de 16 años y varios delitos por violencia doméstica. El hombre ya está en libertad pero su conducta delictiva había estado buscada a nivel europeo.

En el interior de la comisaría de la policía local se esconden los ojos de Reus, una pequeña sala equipada con la última tecnología y con 12 pantallas que muestran las imágenes de las más de 60 cámaras que registran cada movimiento que sucede en la ciudad. En las dos primeras se visualizan varios colegios. Aún así, en este momento se muestras las piscinas municipales, ya que la policía ha detectado que algunas noches entran jóvenes a bañarse o realizan actos incívicos.

A su lado hay otra gran pantalla que muestra un gran mapa interactivo de la ciudad para localizar a las unidades que patrullan Reus vía satélite para poder reconducirlas si fuera necesario. A la derecha, las principales calles, el Ayuntamiento y, en última instancia, una pantalla sin imagen que recibe los posibles avisos de emergencia de los edificios municipales.

El Diari acompañó a los agentes y recogió la experiencia de estar dentro de la sala de cámaras durante una jornada y poder descubrir cómo funciona la Guàrdia Urbana desde que se inauguró esta sala el pasado mes de enero.

Una tarde ‘tranquila’

Los teléfonos no paran de sonar, dos agentes del cuerpo de policía responden sin apenas poder descansar. «Hola, he visto un árbol a punto de caer en la plaza de la Llibertat», se oye desde el otro lado del teléfono. «No se preocupe, ahora lo evaluamos y llamamos a los bomberos», responde el agente.

El protocolo que siguen como equipo es evaluar qué operativos deben enviarse mediante una patrulla in situ, solucionar el problema y hacer un informe compartido con todos los agentes para posibles problemas similares o para derivar la cuestión a otro departamento.

Son las seis de la tarde y las patrullas empiezan a moverse por la pantalla. Rápidamente, se detectan movimientos de los agentes enviados a la plaza de la Llibertat. Allí informan al sargento de la Guàrdia Urbana, Antoni Pallarès, sobre el estado del problema y confirma que hace falta llamar a los bomberos para que corten la rama que está a punto de caer encima de la terraza de una cafetería. Al finalizar la operación, la alerta sale ‘completada’ y los agentes elaboran el informe.

Otra llamada. Esta informa sobre un hombre de mediana edad que está comportándose de forma violenta en el Cap Horts de Miró. Al localizar el centro, la Polícia Local envía una patrulla para ayudar a la enfermera que ha requerido los servicios.

Pero no solo las llamadas alertan a los agentes. A media tarde, llegan dos avisos procedentes del Reus Deportiu, donde se notifica que ha habido un robo.

Mientras los dos agentes de la sala comprueban que no sea una falsa alarma, el sargento se desplaza a otra sala anexa llena de archivos donde se encuentran todas las llaves de los edificios municipales de la ciudad. Allí se detalla cómo deben actuar los agentes ante cada equipamiento y cómo pueden desconectar la alarma. Nada más lejos de las operaciones que muestran las series policíacas de Netflix.

Sin embargo, el caso del Reus Deportiu era una falsa alarma, alguien había encendido la alerta por error.

Coches mal estacionados

Las llamadas más recurrentes, a parte de conflictos vecinales, son las destinadas a llamar a la grúa. La agente sentada en la sala de cámaras está continuamente revisando las fotografías que envían otros agentes de vehículos mal aparcados. Es la encargada de decidir mediante la imagen y la infracción si la grúa debe actuar al respecto. «Un agente no puede llamar a la grúa hasta que yo he verificado que el coche está mal estacionado y debe ser retirado», afirma.

Los sonidos de alerta y las llamadas telefónicas parecen la sintonía de una tarde aparentemente tranquila. Sin embargo, los agentes aseguran que los sábados por la noche es un «no parar». Los accidentes y las peleas son uno de los temas más recurrentes de esta eterna melodía. También recuerdan los eventos importantes de la ciudad como Carnaval o Barraques donde deben estar alerta cada minuto.

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