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Platos con un toque especial

Amstelería, actual Casa Neiro Benilde Villalba

Cristina Valls

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Villalba junto a un plato de patas de cerdo. FOTO: A.GONZÁLEZ.

Villalba junto a un plato de patas de cerdo. FOTO: A.GONZÁLEZ.

C. V.

Benilde Villalba es toda una experta en el campo de la hostelería, pues sus padres ya regentaban un local cuando ella era niña. Aprendió las bases del oficio y se familiarizó muy pronto con el trato al cliente, tanto que ha dedicado gran parte de su vida al sector. Huelga decir que también ejerció de peluquera, «todo hay que decirlo», pero no tardó mucho en retomar las tareas tras la barra. «Junto a mi marido, José Neiro, cogimos el bar de la Comisaría de Policía durante un año. De hecho, por eso, muchas veces hemos atendido a cargos bastante importantes. Fue sobre el 1987, más o menos. Luego pasamos unos nueve años en el bar Stop y, tiempo después, montamos el bar de La Oficina, en el que estuvimos algo más de trece años. Los dos últimos establecimientos, en el barrio Niloga», recuerda Villalba.

Mientras la pareja cubría un periplo hostelero repleto de anécdotas, «nuestra hija montó la Amstelería –en la calle Bernat de Torroja, en el barrio de Mas Iglesias–, junto a su pareja, luego ésta se marchó y decidimos cogerla nosotros». Han pasado cerca de nueve años desde entonces y la Amstelería, actual Casa Neiro, ha sufrido algunos cambios. «Lucía el nombre de Amstelería, porque como muchos sabrán, habían mesas con tiradores de cerveza. Tenían contadores conectados al ordenador central y se pagaba por litro», rememora la propietaria. Como si de un surtidor de combustible se tratara, vaya. Pasó el tiempo y el mantenimiento resultó ser muy caro. «Tuvimos que reformular el concepto del negocio, porque vino la crisis y tuvimos que adaptarnos», explica. Los horarios también han cambiado: entre semana sólo abren por la tarde y los fines de semana, por la mañana.

Los servicios que ofrecen son de lo más variados. Elaboran banquetes y acogen todo tipo de celebraciones, desde aniversarios hasta despedidas de soltero/a. Su principal aliciente son las comidas de cuchara «con un toque especial», aunque también lo son los tentempiés, pues la riqueza y la abundancia en tapas a precios asequibles es la máxima de Casa Neiro. «Las comidas que nos identifican son los callos, el arroz de liebre, los cocidos (por encargo), los mejillones y las manitas de cerdo», enumera entusiasmada. En fechas señaladas, como el mes de diciembre o con encargos puntuales, elaboran menú especial.

Y llega el momento de las anécdotas. «Bajo el local hay un aparcamiento subterráneo y en una ocasión alguien pegó fuego a un coche, aunque se quemaron tres. Fue en la segunda planta. Si llega a ser la primera, el bar arde, todo es madera… Los bomberos no nos dejaron entrar y se formó el caos», recuerda. Experiencias no faltan entre las paredes del establecimiento, que acoge a una clientela acérrima a la marca Neiro, «hemos llegado a fidelizar a personas que acaban siendo familia». Otros de los muchos encantos del establecimiento es su decoración repleta de madera. Cada rincón desprende perfume y cada mesa tiene personalidad propia, ya sea por los posters de películas dispuestos en su superfície o los jarrones de flores.

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