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Un reusense busca gente para ayudar a los refugiados que llegan a Grecia

Hugo Di Dío, después de tres semanas en Lesbos, ha regresado a casa para organizar un grupo de voluntarios y volver al país heleno

Joan Morales

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Hugo, en el ´cementerio de chalecos´, en la isla griega de Lesbos. Foto: Hugo Di Dío

Hugo, en el ´cementerio de chalecos´, en la isla griega de Lesbos. Foto: Hugo Di Dío

Hugo Dí Dio es argentino pero asegura sentirse de Reus, ciudad que le acogió hace muchos años. Este experto voluntario en diferentes crisis humanitarias -«llevo 20 años viajando para ayudar a la gente», asegura- acaba de llegar hacer poco de Lesbos, donde ha participado activamente en la ayuda a los miles de refugiados (sirios, afganos, iraquíes, etc.) que llegan a diario a esta isla griega que está a escasos seis kilómetros de las costas de Turquía.

Ahora, después de la experiencia que ha vivido en Grecia, trabaja aquí para intentar crear un grupo de voluntarios con el que regresar a tierras griegas para seguir ayudando. «La idea es poder formar un grupo local, estable, con gente voluntaria, que tenga facilidad para viajar, que sepa idiomas y que esté dispuesta a echar una mano», comenta Hugo, quien añade que «lo más importante ahora es armar el grupo y después ya veremos dónde nos dirigimos, si a Lesbos, Atenas, a la frontera con Macedonia donde hay unas 12.000 personas atrapadas, etc.».

Para facilitar la creación de este grupo de voluntarios, Hugo Di Dío ha creado un Facebook con el nombre de voluntarios.x.lesbos, en el que la gente puede inscribirse, o también a través del número de teléfono 693681775.

Este reusense ha aprendido muchas lecciones en sus tres semanas en Lesbos, pero entre muchas de las cosas aprendidas se queda con «el hecho de que el ciudadano de a pie, los griegos o los propios turistas que están pasando unos días en Lesbos, han podido ayudar a los refugiados que llegan a la isla. La diferencia es que en otras grandes crisis humanitarias, muchas personas han vivido angustiadas porque no han podido ayudar, algo normal tratándose de un impulso natural del ser humano, ya que esta ayuda estaba monopolizada, por ejemplo, por los Cascos Blancos o ONG’s como Acnur o Médicos sin Fronteras. En cambio, en Lesbos, la gente se autoorganizado a través de grupos espontáneos de ayuda».

Así, la población civil se ha organizado para cubrir huecos, como por ejemplo, «esperar a la gente en la playa, ofrecerles un plato caliente o un té, ordenar la ropa que llega, repartir gorros o bufandas o, simplemente, dar un abrazo a las personas que llegan», asegura Hugo, quien también reconoce que «la experiencia me ha enriquecido mucho a nivel personal. Fui a Lesbos por mí y por dejar algo a alguien. Además, he podido poner cara y una historia a gente que hasta ese momento sólo tenía la etiqueta de refugiado».

Este voluntario también aprovecha para denunciar los ‘negocios’ paralelos que se mueven alrededor de esta crisis humanitaria. «La mayoría de la gente que llegaba en lanchas o botes venían con chalecos salvavidas que eran inservibles y que habían comprado en Turquía por 40 euros. Chalecos falsos rellenos de material de embalaje que no flota. O chalecos de niños que no están homologados ni para una piscina y, menos aún, para utilizarlos en el mar».

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