Voluntarios de Protecció Civil, los otros ojos de la Urbana en las calles de Reus

Superan los servicios de 2020. El cuerpo estuvo en las inundaciones de Alcanar y asiste en la Covid

MÓNICA PÉREZ

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Miguel Pérez y Sergio Martínez, dos de los cerca de 50 miembros que tiene la asociación. FOTO: ALBA MARINÉ

Miguel Pérez y Sergio Martínez, dos de los cerca de 50 miembros que tiene la asociación. FOTO: ALBA MARINÉ

Alrededor de 50 personas forman el equipo de la Associació de Voluntaris de Protecció Civil en Reus. Son, tal como explica Francisco Cano, secretario y jefe de sección de la entidad, «los otros ojos de la Guàrdia Urbana en la calle». Con datos del Ayuntamiento, los voluntarios colaboraron con la policía local en 301 servicios a lo largo de 2020. En los primeros seis meses de 2021, la cifra ya se igualó. «Nos ocupamos de lo relacionado con el trato con el público y también realizamos vigilancia preventiva», añade Cano. Sus tareas han dado un vuelco en los últimos meses: desde la Covid-19 –actualmente aún controlan el acceso al centro de vacunación de Mas Iglesias– hasta las inundaciones del pasado septiembre en las Terres de l’Ebre.

Precisamente este último episodio es uno de los que más ha marcado al cuerpo. «Aunque habitualmente trabajamos dentro del municipio, cuando hay alguna emergencia en otra localidad también es posible activarnos y allí fuimos en equipos de diez para echar una mano y sacar barro con las palas», recuerda Cano, que dice que «ver todo aquello, ver a gente que lo acababa de perder todo, era muy grande, me impactó mucho». A la vez, «nos trae satisfacción saber que ayudamos».

Algo similar ocurrió con la irrupción de la pandemia: «Algunos podrían pensar ‘ostras, me estoy poniendo en peligro, hay gente que está muriendo’, pero, como voluntarios, nos mueven las ganas de asistir», añade el jefe de sección de la Associació de Voluntaris de Protecció Civil. De hecho, los estragos del virus «hicieron aumentar bastante el número de inscripciones» para incorporarse a la entidad aunque «hay que pasar una formación y hacerlo paulatinamente teniendo en cuenta el material del que disponemos y la capacidad para desempeñar las funciones como se debe».

En la asociación, «todos tenemos nuestra vida y nuestro trabajo y esto es un extra; aunque venimos también a trabajar, es otra cosa, es un voluntariado muy diferente a otros». «La mayor recompensa que podemos tener es que salga bien aquello en lo que intervenimos», precisa Cano, que explica que «si el evento acaba sin que haya habido ningún incidente, si el público está bien, nosotros estamos contentos». De un tiempo a esta parte, «la asociación ha progresado mucho y, de alguna manera, nos hemos profesionalizado: cada día hay más urgencias, episodios de viento, inundaciones… En todo eso estamos y eso ha hecho que vengan miembros con un perfil más basado en la emergencia».

Recientemente, el Ayuntamiento ha encargado obras para adecuar una nave del Camí de Riudoms como la nueva sede de los voluntarios, que ahora ocupan un local de la calle St. Carles i St. Josep. Con ello, «ganaremos en operatividad, tendemos los vehículos y el material en un solo sitio y reaccionaremos más rápido», concluye Cano. La concejala de Seguretat, Dolors Vázquez, destaca que «el cuerpo de voluntarios cada vez va a más y es un orgullo porque son gente solidaria con ganas de trabajar para su ciudad».

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