«Necesito que me den una cama y poderme operar»

El reusense Enric Camafort, diagnosticado de esclerosis, espera un injerto de piel. Para recuperarse, requiere una cama especial en el Vall d’Hebron a la que «no tengo acceso»

06 julio 2021 20:27 | Actualizado a 07 julio 2021 08:25
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Enric Camafort tiene 55 años y esclerosis múltiple. A raíz de unas llagas que le han salido en las caderas, debe someterse a una operación de injerto de piel, que sería «la manera de curarlas». El doctor que le trata está dispuesto a realizar la intervención pero, para recuperarse, el paciente necesita tener acceso a «una cama especial en el Hospital Vall d’Hebron, que permite llevar a cabo todo el tratamiento para que los injertos queden bien aferrados». De lo contrario, «no me pueden operar porque el problema volvería a salir al poco tiempo». Camafort ha solicitado al centro disponer de esta cama pero, según relata, «me dicen que habitualmente se usan para otro tipo de enfermos, para los que tienen lesiones medulares, que por protocolo a mí no me toca y que ante esto no es posible hacer nada».

La cama especial es el único obstáculo que se interpone en estos momentos entre este reusense y su paso por quirófano. El injerto «lo necesito mucho porque, si no, tengo que estar incrustado en mi cama las 24 horas del día, mantenerme lo más plano posible para que la piel no se doble porque se me podría infectar y además es doloroso». Camafort ha presentado una reclamación escrita al Vall d’Hebron, donde lleva años tratándose, y se encuentra a la espera de recibir respuesta. Explica que, si se le concediera la cama especial, al acabar la recuperación «podría volver a sentarme en una silla y hacer vida, aunque tenga esclerosis, y no tener que estar como ahora».

El paciente acude dos veces por semana a las instalaciones del Hospital Sant Joan de Reus para someterse a curas por las llagas, pero «me dicen que ya no pueden hacer mucha cosa más porque el siguiente paso es el injerto de piel». La recuperación de la operación abarcaría aproximadamente dos meses en los que «con esa cama especial, me podrían hacer los movimientos y los masajes necesarios para que todo quede bien y para que no se reproduzca porque, si no es así, lo que me dicen es que no vale la pena operar». «El único problema es la cama, porque el médico está preparado para la intervención y, de hecho, por lo que sé, la operación en sí no es una cosa nada complicada», lamenta. Fuentes del Vall d’Hebron consultadas aseguran que el caso se está valorando y que el tratamiendo no se ha descartado.

Volverse a sentar
«Pensar que tendría que estar acostado en mi casa para el resto de mi vida es una cosa muy triste y yo no quiero que sea así, sobre todo por un problema como este, por una cosa que está en un protocolo y que se puede cambiar o que debería adaptarse a las circunstancias», defiende Camafort, que precisa que «nada más tener la cama especial, yo ya podría entrar a quirófano». «Al final, si necesito esto es porque mi situación es similar, por lo menos algo, al perfil de los pacientes a los que sí se concede el uso de ese sistema», concluye. 

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