Roseta Mauri, musa del impresionismo y talento sin igual

Danza. Su condición física y su enigmática personalidad le permitieron disfrutar de una extensa trayectoria como bailarina sobre los escenarios más emblemáticos

| Actualizado a 27 marzo 2022 06:02
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El mundo de las artes escénicas comprende numerosas disciplinas que no solo se caracterizan por su creatividad, también por el sacrificio y el gran esfuerzo que conlleva dedicarles toda una vida. Históricamente, dichos talentos han derivado en sagas familiares de artistas. Como si ese «impulso genético» fuese cierto, Isabel Antonia Amada Rosa Mauri i Segura –más conocida como Roseta Mauri– siguió los pasos de su padre, Pere Mauri, quien había sido bailarín profesional y uno de los más importantes de Barcelona.

¿Cómo se justifica entonces que el Ayuntamiento de Reus le otorgase el título de Filla Il·lustre? Ferran Canyameres y Josep Iglésies argumentan en su libro, La dansarina Roseta Mauri (1850-1923), que «es donde Roseta Mauri querría haber nacido». Pese a todo, pues varios investigadores situán su nacimiento en Palma de Mallorca, siempre estuvo muy arraigada al municipio. Es por eso que el historiador Quim Besora señala que se valoró a «Roseta Mauri como una figura internacional, salida de aquí, que marcó una época importante para el ballet en la ópera».

Su repercusión es tal que, desde 2002, el Teatro Fortuny de Reus organiza el Premio Beca Internacional de Dansa Roseta Mauri, un concurso bienal para bailarines jóvenes, que surgió a iniciativa de la Escuela Nacional de Danza de Madrid, y que este año ha alcanzado su exitosa décima edición.

Roseta Mauri inició su carrera en Mallorca y, después, fue recorriendo numerosas ciudades hasta convertirse en la primera bailarina de la Gran Ópera de París. En su camino internacional, pasó por el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, donde debutó en compañía de Filippo Baratti en 1873, trabajó con bailarines tan prestigiosos como el belga Henri Dervine y, muy especialmente, disfrutó de un público italiano fiel y agradecido en el Teatro della Scala de Milán.

La Gran Ópera de París

En su escalada hacia el éxito fueron claves las obras que interpretó. Además de Faust, inaugurada en Reus, destacan El Cid o El Quijote como ballets clásicos, y el dúo con Louis Mérante, Les deux pigeons. Sin embargo, como apuntan Canyameres e Iglésies, «había que buscar más que una ópera, una obra lírica abundante en mímica y danza; una obra expresa, propia para ella, que le permitiese lucir el alcance de su talento».

Y esa creación fue La Korrigane, el ballet más importante de la trayectoria de Roseta Mauri. Inspirado en la Bretaña, consistía en una estética bretona y sus pasos se asimilaban al claqué. Según cuenta Besora, parafraseando a Roser Prats –hermana de la bailarina Enriqueta Prats–, la coreografía original se ha perdido y la representación principal de la reusense ya no puede interpretarse en la actualidad.

A pesar de su gran talento y unicidad, la bailarina sufrió la desventaja de abarcar «distintas» épocas. Se lució en el realismo más burgués, pero «estaba en un contexto entre dos grandes momentos de la danza, el romanticismo y el modernismo que siguió al mundo realista», describe Quim Besora.

Entre dos aguas

Mauri irrumpió entre los tutús y las puntas de las reconocidas Marie Taglioni y Fanny Elssler, y enseguida se vio eclipsada por el cambio radical de la nueva estética modernista, de la mano de Isadora Duncan. Eso sí, si pudo alargar su carrera fue gracias a una complexión fuerte, poco habitual entre bailarines, que le permitió «quitarse» años y aguantar durante más tiempo la exigencia de ser una primera bailarina en el mayor centro cultural del momento.

Es más, sus movimientos sobre el escenario sirvieron de inspiración al impresionismo, a artistas como Edgard Degas, Edouard Manet y Pierre-Auguste Renoir.

Más allá de su «presencia» en diferentes artes, Roseta Mauri sigue siendo un referente de la danza internacional. Besora concluye que «no deja de ser una figura importante en un punto tan complejo en nuestro territorio como son las artes escénicas». Siempre dijo que era hija de Reus y, aunque no lo fuese realmente, su recuerdo sí pertenece por entero a la que ella consideraba ‘su’ ciudad.

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