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Cómo superar el síndrome postvacacional

Consejos. Estrés, ansiedad, tensión muscular o irritabilidad son algunos de los síntomas físicos y emocionales

Sílvia Fornós

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FOTO: GETTY IMAGES

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Volver a la rutina no siempre es fácil, y mucho menos después de las vacaciones, que para muchos significa un largo período de desconexión. Además, si somos de los que programamos minuto a minuto las vacaciones, esta conducta puede derivar en una insatisfacción por no alcanzar las expectativas y, al mismo tiempo, puede hacer que no se priorice la relajación y el disfrute y sanación mental.

Todo ello hará que durante la vuelta a la rutina puedan aparecer síntomas como ansiedad, depresión, palpitaciones, tensión muscular, irritabilidad, taquicardias o temblores, es decir, el conocido síndrome postvacacional, que, si dura más de dos semanas, deberá tratarse con un especialista. «Las personas que tienen una menor resistencia a la frustración, quienes trabajan en un entorno desagradable y de tensión, los que no se sienten realizados en su trabajo, son muy autoexigentes o se consideran poco valorados por sus superiores, pueden padecer un cuadro más grave o prolongado de síndrome postvacacional», comenta la psicóloga Pilar Juan Navarro, miembro de la plataforma Top Doctors.

Al respecto de los síntomas habituales, «si además el trabajo o rutina no nos satisfacen, estos síntomas se pueden agravar y cronificar, generando incluso síntomas depresivos», dice la psicóloga y directora del Centro Psicoedúcate, Miriam Recio.

A nivel emocional también se producen alteraciones que son, por lo general, ansiedad y estrés. «Tengamos en cuenta que la ansiedad surge cuando no estamos siendo coherentes con nosotros mismos, es decir: cuando lo que pienso, siento y hago no está en harmonía. Por lo que, al ser la vuelta de las vacaciones algo ‘obligado’ y que alargaríamos más, sentimos ir en contra de nuestros deseos y aparece esa presión emocional que nos hace estar tristes y sin ganas de retomar las tareas. Es como ‘ir en nuestra contra’ en vez de a ‘nuestro favor’», explica la especialista.

En cuanto a los factores que desencadenan el síndrome postvacacional, uno de ellos podría ser el hecho de ‘apurar’ las vacaciones hasta el último día. Al respecto, la psicóloga aconseja que «lo ideal, según mi punto de vista, es dividir las vacaciones en dos partes: por un lado, ese período de ‘no parar’, –viajar, hacer planes, ir arriba y abajo–; y por otro lado esas vacaciones de ‘no hacer nada’, que tanto nos cuestan a veces. Estar solos con nosotros mismos y nuestros pensamientos. Leyendo, descansando, reflexionando… Si las combinamos podemos volver a la rutina de forma más tranquila y no tan drástica, ayudando así a sentir menos intensos los síntomas del síndrome postvacacional».

¿Es temporal?, ¿Cuánto suele durar? «Debería ser temporal, sí, ya que si se cronifica podríamos estar hablando de síntomas depresivos. Un síndrome postvacacional ‘habitual’ suele durar unos días o como mucho un par de semanas, hasta aclimatarse a la nueva rutina», comenta Miriam Recio, quien añade que «si todo es sano, transitaremos por las diferentes fases que este duelo conlleva: negación, tristeza, rabia, impotencia y vacío, hasta llegar a la aceptación». Asimismo, sobre si el síndrome postvacacional se puede considerar una depresión, la psicóloga afirma que «no se considera depresión si la adaptación a la vuelta es en el período nombrado anteriormente –teniendo en cuenta la individualidad de la persona y sus circunstancias– de unos días a un par de semanas y no se cronifica en el tiempo». De lo contrario, si se alarga, «quiere decir que nos hemos quedado ‘bloqueados’ en una emoción de alguna fase del duelo y no la estamos gestionando de forma sana. En este caso, la depresión sería quedarse en la tristeza luchando contra ella, sin aceptarla y es ahí cuando pueden aparecer los síntomas depresivos. Lo que no acepto, se enquista. Lo que acepto, fluye y se va».

¿El síndrome postvacacional es como la vuelta al cole? «Sí, se podría comparar. Para los más pequeños su única obligación es el colegio y todo lo que conlleva: responsabilidades y horarios. Para los adultos es la vuelta al trabajo y a los quehaceres diarios, que nos generan la falta de libertad y de tiempo libre que se disfruta en vacaciones», recuerda Miriam Recio.

Poco a poco

Por ello, para superar esta etapa de adaptación y llevar mejor el síndrome postvacacional, deberíamos –según la experta– «entrar en la rutina gradualmente y mantener algo que hayamos hecho en vacaciones, para no perderlo todo de golpe, por ejemplo, podemos seguir yendo a la playa el fin de semana, o tomar algo cuando salgamos del trabajar».

Exigirnos demasiado no nos beneficiará. «Normalmente nos exigimos el 200% en el trabajo y, en general, queremos ser perfectos y eso es imposible. Pues después de vacaciones… menos todavía. No vamos a poder darlo todo y ni falta que hace», afirma la psicóloga. En beneficio de nuestra salud y bienestar, deberíamos volver a dormir las horas que necesitamos para descansar y recuperar nuestra buena relación con la comida. «El sueño y la alimentación son los principales motores de energía, y ahora la necesitamos», asegura Miriam Recio. Al mismo tiempo, hacer deporte contribuirá a segregar las endorfinas que necesitamos y además nos sentiremos más sanos.

Por último, poco a poco deberíamos desenfocarnos de lo que ‘hemos perdido’ en las vacaciones y fijarnos en las cosas buenas que tenemos en nuestro día a día, y si no las vemos, quizás deberemos tomar decisiones.

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