Cuidar la alimentación a tiempo es clave para disfrutar de una buena senectud

Un equipo de la Universitat Rovira i Virgili (URV) se plantea una estrategia dietética para prevenir la sarcopenia o, lo que es lo mismo, la pérdida muscular relacionada con la edad.

Gloria Aznar

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Las personas mayores necesitan de una dieta de alta densidad de nutrientes, lo más equilibrada posible. Foto: Getty Images

Las personas mayores necesitan de una dieta de alta densidad de nutrientes, lo más equilibrada posible. Foto: Getty Images

El envejecimiento de la población está a punto de convertirse en una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI con un aumento de personas mayores en la mayoría de países. Así, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para 2050 se espera que la población mundial en la franja de 60 años o superior llegue a los 2.000 millones, un incremento de 900 millones con respecto a 2015. Por ello, uno de los retos de las sociedades actuales es, además de vivir más, vivir mejor, en buenas condiciones de salud tanto físicas como mentales. 

«A nivel mundial, el envejecimiento se asocia a cambios biológicos en la composición corporal, a una pérdida de masa y fuerza muscular que recibe el nombre de sarcopenia. Y durante los próximos 30 años se estima que la prevalencia de esta enfermedad aumentará hasta el 22,3% en 2045», explica Rosa Solà, catedrática de medicina de la Universitat Rovira i Virgili (URV).s

La sarcopenia conlleva una disminución de la fuerza o una bajada del nivel de actividades, así como problemas de movilidad, osteoporosis, caídas y fracturas. «También tiene una consecuencia en la discapacidad y en muchas enfermedades crónicas, con el resultado final de que impacta en los estilos de vida de las personas», apunta Rosa Solà.

Pechuga de pavo, legumbres, frutos secos o pescado, algunos de los alimentos propuestos para prevenir la sarcopenia.

Los factores de riesgo de la sarcopenia no son distintos de muchas otras patologías de este siglo como la diabetes, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares. A saber, el tabaquismo, la falta de ejercicio, el escaso consumo de energía y la cantidad y la calidad de las proteínas que se ingieren, a lo que se añade una autoestima baja son el conjunto de variables que «determinan las características de la musculatura».

Por todo ello, en la URV se pondrá en marcha el estudio Aceite de oliva virgen funcional enriquecido con compuestos fenólicos: estrategia dietética para abordar la sarcopenia en ancianos jóvenes (FOOP-Sarc), de la mano del grupo de investigación NFOC-Salut y financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

La investigación, de la que Rosa Solà es copartícipe, parte de la hipótesis de que una estrategia alimentaria y dietética basada en la ingesta de aceite de oliva virgen extra rico en compuestos fenólicos, solo o en combinación con otros alimentos, mejora la masa y la funcionalidad muscular en personas sarcopénicas de edad avanzada. Un proceso en el que la actividad física es también clave.

Así las cosas, para mejorar la masa y la función muscular, además del aceite de oliva virgen, la base de la alimentación debe ser «rica en proteínas, en particular leucina, un aminoácido esencial, que el organismo no puede sintetizar y sirve para mantener la musculatura. Del mismo modo, vitamina D, ácidos poliinsaturados, fósforo y hierro». Lo que en la práctica se traduce, entre otros, en pechuga de pavo, pollo, cerdo, ternera, conejo, pescado blanco y azul, legumbres y frutos secos, además de las consabidas verduras, hortalizas y frutas. Está previsto que el estudio se inicie con el nuevo año y en él participarán unas 135 personas de más de 60 años.

Al margen de la pérdida de musculatura, otros aspectos que aparecen con el transcurso de los años son los cambios en el aparato digestivo como la disminución de la capacidad de absorción de nutrientes y la disfagia o la dificultad para tragar. En este caso, es recomendable elegir texturas de alimentos que faciliten la ingesta como purés, sopas, huevos, lácteos, pescados sin espinas, verduras hervidas o frutas blandas.

Y si el problema es el estreñimiento, es importante incrementar el contenido en fibra de la dieta, así como el consumo de legumbres, verduras y frutos secos.

Finalmente, la falta de apetito es también uno de los problemas de los ancianos. En este sentido, se recomienda, entre otras cosas, ingerir raciones pequeñas pero de manera frecuente. En definitiva, las personas mayores necesitan una dieta de alta densidad de nutrientes, lo más variada y equilibrada posible para garantizar que cubran todas sus necesidades.

¿Real o moda?
Los superalimentos

Superalimento es un término con el que se acuñan algunos alimentos que aparentemente proporcionan numerosos beneficios a la salud por sus características nutricionales. Sin embargo, no existe una definición oficial por parte de las autoridades reguladoras. Además, desde 2007, la comercialización de productos como «superalimentos» está prohibida en la Unión Europea a menos que esté acompañada de una declaración específica y autorizada sobre sus propiedades saludables, respaldada por una investigación científica creíble.

Por todo ello, Rosa Solà, catedrática de medicina de la Universitat Rovira i Virgili, puntualiza que desde el punto de vista científico, es importante verificar los efectos de cada uno de los superalimentos sobre el aspecto concreto de la salud que intervienen. «Para demostrar sus efectos es clave tanto la cantidad diaria consumida como el tiempo que se consume».

De entre las numerosas listas de los superalimentos que se han elaborado hasta ahora, Solà destaca por ejemplo, arándanos, bayas de goji, fresas, chiles, ajo, jengibre, semilla de chía, linaza, quinoa, cacao, maca, espirulina, polen de abeja, etc. «No obstante, nos falta el aceite de oliva virgen, o los frutos secos, de los que se conocen sus efectos sobre la reducción de las enfermedades cardiovasculares, la causa más importante de mortalidad del mundo». 

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