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Las nuevas tecnologías, el «parche útil» del siglo XXI

La falta de gestión emocional y de paciencia conlleva la búsqueda de soluciones supuestamente eficaces, pero ineficientes

RAÚL RODRÍGUEZ GARCÍA

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La psicóloga Miriam Recio en su consulta en Centro Psicoedúcate, situado en Vila-seca. Foto: Alba Mariné

La psicóloga Miriam Recio en su consulta en Centro Psicoedúcate, situado en Vila-seca. Foto: Alba Mariné

¿Cuántas veces ha querido disfrutar de una cena en un restaurante y los niños de la mesa de al lado –o de la otra punta del mismo– han estado revoloteando sin descanso detrás? La respuesta más recurrente de los padres para que se estén tranquilitos es la de darles un móvil o una tablet. Que no molesten es el objetivo de dicho acto. Un acto que carece de gestión emocional y de paciencia. No obstante, lo que le llega al niño es un doble mensaje: a nivel consciente, lo consideran un premio, pero inconscientemente, y con el paso del tiempo, van asumiendo un desinterés –que existe– por parte de los adultos.

Un muchacho jugará tantas horas a los videojuegos como sus padres le dejen. Según la psicóloga Miriam Recio, la familia no deja de ser un sistema y, cuando la pareja decide tener un hijo, este se convierte en el síntoma de lo establecido. «Muchos padres me piden que les ‘arregle’ al niño», reconoce Recio, quien añade que «la base de la que hay que partir no es del crío, sino del equipo de padres». ¿Hay comunicación en la estructura familiar? ¿Hay problemas de pareja?

Es cierto que vivimos por y para el trabajo, y que esto condiciona nuestra vida casi por completo. Fuera del horario laboral es muy común que un padre esté pendiente del correo electrónico o del grupo de WhatsApp del trabajo por si recibe algún mensaje importante. Incluso se interrumpen las comidas y cenas familiares, que supuestamente son el momento del día dedicado a charlar con los tuyos y contarse cómo ha ido la jornada.

Evidentemente, la culpa de todo no la tiene el trabajo. Miriam Recio detalla: «Cogemos el móvil por inercia, hasta para no hacer nada, y esto nos distancia de los más allegados». Cada vez más, vivimos con desconocidos de toda la vida. Son desconocidos cuando se evita la comunicación, cuando esta ya ni surge por ninguna de las partes. Esta falta de diálogo, en muchas ocasiones, deriva en malentendidos y enfados. La situación que se acaba generando, explica la psicóloga, es la de «no te quiero ver, no me gusta la realidad, así que prefiero coger el móvil y aislarme de todo». La solución rápida, el «parche útil».

La frase

«No te quiero ver, no me gusta la realidad, así que prefiero coger el móvil y aislarme de todo» - Miriam Recio

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Estamos inmersos en una sociedad nomofóbica, la gente tiene ese miedo irracional a no estar conectados a Internet, enganchados a la pantalla. Si algún día sales a la calle sin ella, te sientes «desprotegido», como que te falta algo, o «todo», para muchos. Lo realmente preocupante es que parece que no preocupa. «No estamos concienciados de lo perjudicial que es buscar un refugio en una máquina», alerta Recio.

A nivel de grupo, de población, es más complicado, pero como personas individuales que somos, la psicóloga Miriam Recio propone trabajar nuestros límites y establecer horarios –que se cumplan–. Y para ayudar a los más pequeños de la casa, recomienda apagar la televisión a la hora de comer y apostar por refuerzos positivos, no por castigos «de un mes». Esos castigos que nunca se acaban ejecutando.

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