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Se buscan mentores jóvenes en TGN para este curso escolar

Los voluntarios deberán tener entre 18 y 35 años y cursar un grado universitario o de ciclo superior. Además, deberán reservar dos o tres horas a la semana para realizar las actividades de mentoría

LAIA M. BARCELÓ

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Excursión grupal al Pont del Diable para celebrar el cierre del proyecto en junio de este año.  FOTO: CEDIDA

Excursión grupal al Pont del Diable para celebrar el cierre del proyecto en junio de este año. FOTO: CEDIDA

La Associació Quilòmetre Zero se encuentra en plena fase de búsqueda de voluntarios para su proyecto Rossinyol, un programa cuya esencia es el acompañamiento de niños, niñas y jóvenes en riesgo de exclusión social. La asociación necesita de alrededor de 70 voluntarios de entre 18 y 35 años para poner en marcha el proyecto. Los interesados deberán presentar su solicitud antes del 30 de septiembre a través de la página web de la entidad.

El Rossinyol es el proyecto estrella de esta entidad sin ánimo de lucro que desde 2014 se especializa en la gestión de proyectos de acción y mentoría social. En concreto, el programa busca generar un vínculo entre un niño, niña o adolescente con su mentor o mentora, quien se reunirá una vez a la semana con él o ella para realizar todo tipo de actividades.

Olga Pardo tiene 35 años, y el año pasado formó parte de las filas de voluntarios de la asociación. A pesar de estudiar y trabajar, fue capaz de compaginar estas actividades con las quedadas semanales con su mentorada de 14 años. Explica que la experiencia fue «muy positiva y divertida», puesto que hacían actividades que les «gustaban a las dos». La tipología de estas actividades variaba según la ocasión: «A veces eran culturales o deportivas; otras, de puro ocio. En otras ocasiones, simplemente charlábamos y compartíamos experiencias».

En concreto, el Rossinyol recibe a alumnado que cursa sexto de primaria o primero de la ESO con el objetivo de «aprovechar el cambio de transición educativa» para conseguir más impacto, tal y como resalta Llorenç Viña, coordinador de proyectos de la asociación. En cuanto al perfil que suelen cumplir estos niños y adolescentes, Viña destaca que suele tratarse de «recién llegados con mochilas muy cargadas» debido a los procesos migratorios por los que han pasado. Sin embargo, Alba Monclús, técnica del proyecto, añade que han adaptado el programa para incluir a aquellos niños «que se encuentran en una situación de vulnerabilidad, sea ya por razones sociales, económicas, lingüísticas o por desconocimiento del entorno».

Sobre el proyecto, Viña insiste en que todas las relaciones creadas a través del proyecto «siempre son supervisadas y tutorizadas por técnicos profesionales».

Requisitos del voluntariado

Además de poseer entre 18 y 35 años y estar cursando un grado universitario o de ciclo superior, los voluntarios deben gozar de una disponibilidad semanal de entre dos y tres horas de octubre a junio, que es el periodo de tiempo que abarca el proyecto. Además, deben asistir a una formación inicial obligatoria de 10 horas que la misma entidad procura y que está certificada por la Generalitat de Catalunya. Asimismo, deberán comprometerse a asistir a las tres sesiones de seguimiento grupales del equipo de mentores y mentoras.

Alba Monclús añade que el perfil que buscan posee motivación, empatía, conciencia social y cierta sensibilidad hacia las situaciones que se encontrarán. Además, destaca que también les «resulta interesante que conozcan el territorio para que acerquen los recursos que ofrece a su mentorado».

Beneficios de la mentoría

El pasado mes de abril se publicaron los resultados de APPlying Mentoring, una investigación iniciada el año 2018 que ha estudiado distintos proyectos de mentoría. El Rossinyol, como proyecto estrella de la Associació Quilòmetre Zero, colaboró con el estudio. «Estamos muy contentos con esta investigación: ahora disponemos de evidencia científica del impacto de la mentoría tanto en voluntarios como en mentorados», se regocija Viñas.

Según el estudio, algunos impactos positivos de la mentoría social son la mejora de las habilidades lingüísticas, la mejora de las expectativas formativas y de futuro de los niños y jóvenes, y un incremento del sentimiento de pertenencia a las escuelas. Gracias a la investigación se ha comprobado que los estudiantes que habían participado en el proyecto se sentían más motivados y participaban más en clase. Otros beneficios son la mejora de la autoestima y de la autopercepción.

Además, tal y como recuerda Monclús, el Rossinyol «genera oportunidades en el ocio para los niños y niñas cuyas familias se encuentran en una situación económica que no las permite, o que bien no disponen del tiempo de procurarlas por razones laborales o de estructura familiar».

Más sentido que nunca

El Rossinyol es el proyecto más antiguo de la asociación, cuyo nacimiento data de 2013. Tal y como explica su coordinador, esto significa que «la entidad se originó en un contexto de post crisis».Añade que «la idea fundacional era acompañar y atender a familias, jóvenes y niños que se hallaran en una situación de vulnerabilidad debido a la falta de ocupación laboral». Actualmente, al volvernos a encontrar en una situación complicada a nivel económico debido a la pandemia, estos «proyectos tienen más sentido que nunca», asegura.

De hecho, según organizaciones como UNICEF, uno de cada tres niños vive en riesgo de pobreza o exclusión social. Como explica Viña, la crisis sanitaria ha agravado significativamente la situación de estas familias en términos de «inclusión social, oportunidades y continuidad académica». Es por esta razón que remarca la necesidad de proporcionarles acompañamiento y apoyo.

Expansión del proyecto

La zona de actuación del proyecto es el Camp de Tarragona en general. Sin embargo, el Rossinyol tiene su origen en las escuelas del barrio de Ponent de Tarragona. Actualmente, el proyecto está presente en Tarragona, Reus, La Canonja, Cambrils, Creixell y La Pobla de Mafumet.

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