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126.000 tarraconenses sufren estrés postvacacional

El 36% de los trabajadores se ven afectados en mayor o menor medida por el denominado síndrome postvacacional, según los estudios. En Tarragona serían más de 126.000 personas

Xavier Fernández

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Foto: Getty Images

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«Es la primera vez que me cuesta tanto volver al trabajo después de vacaciones. Me siento nervioso. Nunca había tardado tanto tiempo en adaptarme al trabajo diario», explica Jordi, un directivo medio de una empresa de servicios. Tras tres semanas de vacaciones, volvió el lunes pasado a su empresa y ya se ha puesto las pilas, pero los primeros días fueron muy duros. Jordi es uno de los trabajadores tarraconenses afectados por el denominado ‘Síndrome de Estrés Postvacacional’.

Según un estudio de la consulta de recursos humanos Addeco, el 37% de los trabajadores padecerá en España dicho síndrome, lo que en Tarragona supone 126.022 personas (hay 340.600 empleados, según los datos de la Seguridad Social). La cifra ha aumentado en cuatro puntos respecto a 2017, en que otro informe cifraba la incidencia en un 33%.

Un informe de Groupon, otra consultora, advierte que la «depresión postvacacional no es tan generalizada como pensamos», pero cifra en un 36% el porcentaje de trabajadores que afronta la vuelta a su empleo «más irritable, cansado y desganado».

Los síntomas son precisamente fatiga, apatía, dificultad para concentrarse, trastornos del sueño, nerviosismo, tristeza... En realidad nada excesivamente grave.

Como apunta el catedrático de Psicología de Recursos Humanos de la URV Joan Boada, «el síndrome de estrés postvacacional es un término controvertido. Ningún organismo internacional, como la OMS (Organización Mundial de la Salud) ni la literatura médica lo reconocen como patología. El término se ha hecho muy popular y mediático, pero es más bien un trastorno desadaptativo, es decir, que a la persona le cuesta adaptarse a una situación».

¿Y quién es más propenso a ese síndrome o trastorno desadaptativo? Boada ratifica lo obvio: aquellos trabajadores descontentos con su empleo sea por el motivo que sea (horario, salario...) o los que padecen un entorno laboral complejo por su jefe, sus compañeros o el trabajo en si mismo.

El estudio de Adecco va, sin embargo, más allá: «Los trabajadores que tienen una menor tolerancia a la frustración y que son menos resilientes son los más susceptibles de padecer depresión postvacacional. El cambio de situación que se vive al finalizar las vacaciones y recuperar la normalidad resultan más complejos para aquellos que no saben gestionar de forma eficaz los cambios».

«El entorno laboral influye de manera directa en los trabajadores y en sus posibilidades de tener depresión postvacacional. Aquellos que regresan a un entorno hostil, en el que deben lidiar con un jefe incompetente, que no les valora o que no motiva lo suficiente a su equipo son más susceptibles. Así como aquellos que se encuentran con un mal ambiente entre compañeros, aquellos que realizan tareas repetitivas o que ya no están ilusionados con su trabajo son más propensos que el resto», continúa el informe.

«¿Resistencia a la frustración? Claro que tengo. ¿Cambios? No me gustan, pero los llevo bien. Lo que no aguanto son las reuniones interminables o que mi jefe solo destaque las cosas negativas y no sepa motivarnos. Ves, en mi caso el informe tiene razón a medias. Me encanta mi trabajo, pero con lo bien que estaba en vacaciones, volver me ha costado un mundo y sigo agobiado. Y eso que he consultado casi cada día el mail durante la semana de vacaciones», confiesa Joan, otro trabajador.

Jordi disfrutó de tres semanas y Joan de una. El tiempo de vacaciones es clave. Cuanto más días de descanso, más cuesta volver. Boada sostiene, como otros expertos, que es mejor completar diversos descansos a lo largo del año que no concentrar todas las vacaciones en un solo mes y menos en agosto, cuando cualquier destino está saturado y es más caro.

Manuel Armayones, psicólogo y director de desarrollo del eHealth Center, el centro de salud digital de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), señala que «hay casos extremos en que el trabajador experimenta ataques de ansiedad, depresión, dolor de cabeza o malestar general. Afectan a una minoría y pueden durar meses. En algunos casos, solo en algunos, hay que analizar si hay algo detrás. A veces hay que empezar a pensar si lo que hacemos nos gusta realmente y, si no es así, establecer un plan realista para cambiar. Se puede aprovechar ese momento para verlo como una oportunidad».

Más allá de la actitud positiva que pueda desarrollar el propio empleado o las herramientas que le ayuden a afrontar el regreso al trabajo (ver texto adjunto), ¿qué puede hacer la empresa? «Las empresas deberían entender que las condiciones laborales que llevan a un trabajador a estresarse provocan a la misma empresa un bajo rendimiento laboral y perder dinero. Si una empresa no vigila las condiciones laborales, se perjudica a si misma», advierte Boada.

«Las empresas miran a veces a corto plazo. Hay un rendimiento intangible que no aprecian. Existen factores organizativos que afectan al rendimiento. Los empresarios no suelen darse cuenta», concluye el catedrático de la URV.

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