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Sociedad

Desde Ghana hasta Galicia: cómo los residuos plásticos recorren los océanos y amenazan vidas

El activista Richmond Kennedy Quarcoo, ha visitado Tarragona para alertar sobre la crisis global del plástico y destacar el papel clave de los jóvenes en el cambio a través de sus hábitos de consumo

Quarcoo durante su charla en el Institut Vidal i Barraquer.

Quarcoo durante su charla en el Institut Vidal i Barraquer.Marc Bosch

Norián Muñoz

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«En mi aldea los pescadores ya capturan más plástico que peces», decía Richmond Kennedy Quarcoo, ghanés, ante un auditorio lleno de jóvenes todavía sorprendidos por las imágenes de una playa en la que la zona donde rompen las olas apenas se distingue entre la masa informe de plásticos flotando. El problema detrás de este desastre, señalaba, no es solo medioambiental: la única forma de subsistencia que conocen muchas personas languidece, y «si no pueden ganarse la vida donde están, tendrán que migrar a otros países».

Quarcoo es director y cofundador de Plastic Punch, una ONG dedicada a reducir el uso de plástico, y esta mañana ha compartido su visión sobre la crisis de la contaminación que afecta al planeta con alumnos del Institut Vidal i Barraquer. Su visita se enmarca dentro del programa Ciutats Defensores dels Drets Humans, que se celebra por 15ª vez en Catalunya y 9ª en Tarragona.

Originario de Acra, Ghana, Quarcoo trabajaba como marino mercante, lo que le permitió tener un conocimiento profundo de las corrientes marinas. La inspiración para fundar Plastic Punch surgió tras presenciar la devastación en las costas en las que había crecido. Uno de los puntos de inflexión fue cuando, durante una sesión de monitoreo de tortugas marinas, encontraron seis tortugas y cinco de ellas estaban muertas, todas por motivos atribuibles a la contaminación por plásticos.

Como navegante, entendió que las corrientes oceánicas transportan los desechos y los aglomeran, creando concentraciones de basura del tamaño de un continente. De hecho, Quarcoo se esmeró en mostrar a los alumnos, con simulaciones en un mapamundi, cómo los plásticos que se desechan en Ghana o el Congo pueden terminar en costas tan distantes como las de Galicia. «Somos un solo océano, un solo planeta. Estamos interconectados, y no podemos escapar».

Su ONG comenzó organizando batidas de limpieza con cuadrillas de voluntarios, cuyos resultados, no obstante, duran poco. El volumen de la crisis es inmenso: hay más de 150 millones de toneladas de plástico en los océanos, ha insistido.

Mientras los Estados se ponen de acuerdo para aumentar las exigencias a los productores, Quarcoo está convencido de que les toca a los ciudadanos tomar la acción en sus manos. La única forma efectiva, dice, es «cerrar el grifo del plástico», es decir, usar la menor cantidad posible de objetos elaborados con este material, en especial los de un solo uso.

Y es que, insistía, el reciclaje es necesario, pero todavía, a nivel mundial, solo se recicla un 10 % de los plásticos que se ponen en el mercado.

Una alumna le preguntó si había soluciones para retirar toda esta cantidad de plásticos del mar, a lo que explicó que ya se está desarrollando tecnología al respecto, pero todavía es extremadamente costosa y su impacto resulta insignificante si se tiene en cuenta que cada 12 segundos los humanos lanzamos el equivalente a un camión grande de plásticos al mar.

«Todos tenemos un rol que jugar», insistía. Se refería a gestos simples como llevar bolsas reutilizables al supermercado, «con lo que se pueden ahorrar 10 kilos de plástico al año», o pensarlo dos veces antes de comprar piezas de ropa de moda rápida, que no solo suelen contener plástico, sino que suelen ser difíciles de reciclar y terminan amontonándose en países del sur global como el de Quarcoo.

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