Ciencia
El científico de Tarragona que trabaja en la carrera espacial de varios países
Manel González es ingeniero. De su empleo para agencias como la NASA dependen misiones internacionales al espacio. Su labor es clave para explorar el universo

Manel González, en su laboratorio del Centro Nacional de Estudios Espaciales, la agencia espacial del gobierno francés.
A Manel González (Tarragona, 1990) siempre le fascinó el espacio. «Imaginar las distancias, las temperaturas, los tiempos, las estrellas, otros mundos posibles... son pensamientos que te empequeñecen y te hacen ver el día a día con una luminosidad muy sana», confiesa. Su empleo tiene que ver con eso. Trabaja en el Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES), la agencia espacial francesa.
Allí resuelve los problemas que surgen en la preparación de las misiones espaciales en el campo de la electrónica y el electromagnetismo. Es una labor minuciosa y apasionante. «La parte más agradecida es participar en misiones que volarán por el espacio y que podrán hacer grandes descubrimientos», reconoce desde una posición que le ubica, como él dice, en una cierta «frontera de conocimiento de la exploración espacial».
En su laboratorio, entre cables y sensores, Manel escucha el pulso de la carrera espacial como un médico atento al enfermo. «Mi trabajo se parece a las urgencias de un hospital», explica: «Mis pacientes son componentes electrónicos que se averían misteriosamente en las últimas fases antes de ser integrados en los instrumentos».
Es entonces cuando su aportación, siempre a contrarreloj, se vuelve vital, porque hay mucho en juego: «Mi labor es encontrar la causa de la avería y proponer una solución rápidamente, ya que existe el riesgo de retarda la misión».
«Mi trabajo es como el de las urgencias de un hospital, pero con averías», reconoce Manel González
A ese puesto llegó por casualidad, «estando en el lugar adecuado en el momento adecuado». Manel cursaba ingeniería electrónica en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la URV. Hace 15 años decidió irse a Toulouse a hacer el Erasmus. Optó por quedarse y seguir estudiando. Tras doctorarse en una tecnología electrónica capaz de sobrevivir a temperaturas extremas y a la radiación del espacio –una especialidad imprescindible para sondas y satélites–, el azar hizo el resto. «Justo cuando acabé el doctorado, el CNES buscaba a una persona para su Laboratorio de Expertos en Electrónica». Presentó su candidatura sin saber que aquel gesto marcaría el rumbo de su vida profesional.
Su labor, sin embargo, no se limita a apagar incendios tecnológicos. El laboratorio es también un espacio de exploración y aprendizaje. «Investigamos nuevas técnicas para mejorar continuamente el laboratorio», explica. Además, da clases en la universidad, recibe a estudiantes, ofrece prácticas y propone temas de doctorado.

Un montaje de la sonda Dragonfly sobre Titán, la misión de la NASA en la que trabaja Manel González.
Este tarraconense participa en buena parte de la carrera espacial de varios países. Trabaja en varias misiones espaciales internacionales. Una de las más ambiciosas es Dragonfly, de la NASA, que enviará un dron de 450 kilos a explorar Titán, la mayor luna de Saturno. Allí ha participado en el desarrollo de DraMS, un instrumento para analizar la química de un mundo que parece ciencia ficción. «Esta luna es muy prometedora para la astrobiología. En Titán se forman nubes, llueve y hay ríos y mares de metano líquido», explica. «Tiene agua y todos los ingredientes para hacer una sopa primordial prebiótica», apunta. El instrumento será entregado este año y comenzará a enviar datos desde Titán en 2034.
Manel González lleva 15 años en Toulouse. Allí se fue de Erasmus mientras estudiaba ingeniería y se quedó
También forma parte del equipo de Athena, el futuro telescopio de la Agencia Espacial Europea. Gracias a él será posible observar aquello que permanece oculto a la mirada humana. «En rayos X se pueden ver cosas invisibles: agujeros negros absorbiendo materia, el gas caliente en cúmulos galácticos». Estudiar esa luz invisible ayudará a comprender la evolución del universo. El reto es extremo: el detector deberá operar a 50 milikelvin (mK), unos -273ºC. «Conectar eléctricamente el detector con la electrónica sin que lo caliente es enormemente complejo. Trabajo en esa conexión», añade.
Cómo se forman los planetas
Manel ha participado en Martian Moons eXploration, una misión japonesa para estudiar las dos lunas de Marte, Fobos y Deimos, clave para conocer su química orgánica. Estas lunas podrían ser asteroides capturados por la gravedad de Marte. La exploración permitirá entender el origen de esos satélites marcianos «y los procesos de formación de planetas y el transporte de materiales entre el sistema solar interior y el exterior».
Manel habla apasionado de un trabajo que le permite aprender constantemente. Como docente universitario, ha llegado a una conclusión: «Lo más importante es hacer que guste lo que explicas. Si le gusta al alumno, aprenderá solo». Esa pulsión por conocer la intenta transmitir en casa: «Ahora tengo hijos pequeños y es muy bonito ver su imaginación y capacidad de fascinación. Tienen hambre de saber. Haré lo posible por mantener este apetito».