Tarragona

Caos ferroviario

La Generalitat avisó hace tres años del impacto de los temporales en la AP-7 y en la línea del tren

Un informe de Acció Climàtica y varias ponencias reconocían las amenazas sobre la red viaria y ferroviaria a causa de lluvias intensas, desprendimientos o inundaciones. Más de 40 vías en Tarragona están en riesgo

Tráfico intenso en el lugar del accidente de tren de Rodalies donde se produjo el accidente al ceder un talud del muro sobre el que trascurre la AP-7.

Tráfico intenso en el lugar del accidente de tren de Rodalies donde se produjo el accidente al ceder un talud del muro sobre el que trascurre la AP-7.EFE

Raúl Cosano
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La Generalitat era consciente del impacto de los temporales y de las consecuencias del cambio climático en las infraestructuras, al menos desde el punto de vista teórico. Un informe de hace tres años señalaba en la provincia de Tarragona decenas de infraestructuras vulnerables a la subida del nivel del mar, incendios o las olas de calor: de tramos de la AP-7 al ferrocarril o al interior ebrense. 

Y no se trata solo de temporales o inundaciones en zonas cercanas a la costa. Desprendimientos, incendios forestales, deformación de raíles y catenarias o erosión en cursos fluviales, todo ello forma parte del listado de riesgos que en su día detectó el Departament d’Acció Climàtica en la movilidad. 

El impacto se traduce en «costes sociales y económicos». «La mayor parte de estas afectaciones se relaciona con temperaturas elevadas, una precipitación abundante o rachas de fuerte viento», reconocía la misma conselleria. Todos esos peligros en potencia se han materializado ahora, con el accidente ferroviario en Gelida de este martes, la paralización del tráfico en toda Catalunya y los cortes en la AP-7. 

En abril de 2023, se organizó una jornada sobre los impactos del cambio climático en las infraestructuras viarias y ferroviarias de Catalunya. Se detectaron hasta 24 impactos potenciales en la red viaria y ferroviaria. Las principales afectaciones serían a causa de episodios de lluvias intensas, inundaciones o desprendimientos. 

Ya se advertía entonces que, en el caso del tren, las amenazas residían en los temporales marítimos en las líneas próximas a la costa, la degradación de la resistencia de los materiales en casos de episodios de calor extrema o el incremento de los cortes de suministro eléctrico. 

Usos y tráficos muy intensos

Todo ello es más preocupante si se tiene en cuenta que una buena parte de estas conexiones, tanto carreteras como vías de tren, tienen usos y tráficos muy intensos. El trabajo repasaba algunas de las incidencias climatológicas padecidas en los últimos años, como el temporal Gloria o los aguaceros que afectaron gravemente a la Conca de Barberà; episodios cada vez más extremos y más habituales.

«El número anual de temporales de mar casi se ha duplicado a lo largo de los últimos 50 años», indica el informe. Las olas de calor son también cada vez más recurrentes y constituyen «una amenaza para el confort del transporte público», igual que los incendios.

Todo ello, según se explicaba, era susceptible de impactar en la movilidad y la logística y, en consecuencia, en la economía, a nivel de pérdidas de horas laborales y lectivas, incremento de costes laborales, gasto energético en climatización, necesidades de mantenimiento o afectación en las cadenas de suministro.

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