Tarragona

Historia

Los archivos de las cárceles de Tarragona, testigos de la represión franquista

El Arxiu Històric conserva 158 metros cuadrados de documentos cruciales para entender la historia penitenciaria de Tarragona. Así es el fondo por dentro

Laia Lanceta, directora del Arxiu Històric de Tarragona, con documentos del fondo del Centre Penitenciari de Tarragona.

Laia Lanceta, directora del Arxiu Històric de Tarragona, con documentos del fondo del Centre Penitenciari de Tarragona.ANGEL ULLATE

Norián Muñoz

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«La Cinta, natural de Ulldecona, destacó por insultar a las personas y hacer propaganda revolucionaria»; «Afiliado a UGT, formó parte del comité ferroviario de su sindicato, actuó como presidente y asistió a reuniones en su pueblo, Ulldecona, mientras incitaba a los asistentes a hacer fechorías»; «Vecino de les Cases d’Alcanar y afiliado a UGT, hacía guardias por las calles del pueblo; más tarde ingresó en la columna de defensa de las costas»...

Estos son algunos de los motivos por los que vecinos de la demarcación de Tarragona fueron hechos prisioneros durante la represión franquista. Estas historias, recogidas por Josep Recasens Llort en su libro La repressió franquista al Montsià, no habrían llegado hasta nuestros días de no haberse conservado los documentos que dan fe de aquellos hechos.

Cristina Magrinyà, técnica del archivo en la parte dedicada al fondo de prisiones,

Cristina Magrinyà, técnica del archivo en la parte dedicada al fondo de prisiones,ANGEL ULLATE

150 metros cuadrados de documentos

Nos encontramos en el Arxiu Històric de Tarragona (Rambla Vella 30), que cuenta con más de 250 fondos documentales. En esta ocasión se ha puesto a nuestra disposición una selección de un fondo muy particular: el que recoge los archivos de las prisiones y partidos judiciales de Tarragona, Reus, Tortosa, el Vendrell y Montblanc. Abarcan desde finales del siglo XIX hasta finales del XX e inicios del XXI

En total, son 158 metros cuadrados de documentación, un recurso imprescindible para estudiar la represión franquista, la evolución del sistema penitenciario y la historia contemporánea de la provincia de Tarragona.

Laia Lanceta, directora del Arxiu Històric, destaca particularmente el valor de los archivos del Centre Penitenciari de Tarragona debido a su estrecha relación con el Pretori, o Torre de Pilats, que funcionó como centro de reclusión desde mediados del siglo XIX.

En estas fichas de 'diana', se registraba el recuento de presos.

En estas fichas de 'diana', se registraba el recuento de presos.ANGEL ULLATE

La directora recuerda que, además, en 1939 se inauguró la prisión de la Punxa (en el convento de Les Carmelites), aunque la prisión de Pilats continuó operativa durante un tiempo. Paralelamente, se habilitó el convento de les Oblates como centro penitenciario femenino.

Posteriormente la saturación extrema del Pretori y la necesidad de modernizar las instalaciones llevaron, en 1953, a la inauguración de un nuevo centro penitenciario en la avenida República Argentina (frente a El Corte Inglés actualmente), que estuvo en funcionamiento hasta su traslado, en noviembre de 2015, a la actual sede de Mas d’Enric, en el Catllar. La documentación estas prisiones de Tarragona, desde 1.900 hasta 2006, se guarda aquí.

Inauguración de la prisión de la Avinguda de la República Argentina, marzo de 1953.

Inauguración de la prisión de la Avinguda de la República Argentina, marzo de 1953.AHT/Fotografía Canadell

Los expedientes de los reclusos

De todas las series del fondo, la más voluminosa y también la más consultada es la de los expedientes de los internos; un total de 24.735. Todos han sido objeto de un proceso de conservación y, sobre todo, de digitalización, labor que se completó a finales del año pasado. Para ello se contó con financiación tanto del Departament de Cultura de la Generalitat como de fondos Next Generation.

El haber podido digitalizarlos, explica Lanceta, es crucial para su conservación, ya que son muy consultados, no solo por investigadores o entidades como el Memorial Democràtic, sino especialmente por las familias interesadas en conocer las historias de sus predecesores. No obstante, por la ley de protección de datos, nosotros no podemos acceder, hay que acreditar relación familiar o tener permiso de los descendientes.

De las compras a la enfermería

Aunque los expedientes de los internos son, probablemente, los documentos que más interés despiertan; el fondo es tan completo que permite entender el funcionamiento integral de una cárcel, o, al menos, en lo que se dejaba por escrito. Lanceta explica que «tenemos la suerte de que el fondo ha llegado muy completo», a pesar del tiempo y los traslados.

Los documentos del fondo describen al detalle la gestión de las prisiones.

Los documentos del fondo describen al detalle la gestión de las prisiones.ANGEL ULLATE

Hay libros de compras de alimentación que, con una caligrafía primorosa, detallan los alimentos comprados y sus proveedores: pan, chorizo, cebollas, harina de arroz...

También se encuentran los libros (algunos tienen tapa de madera) con la relación del personal que trabajaba en las cárceles, el registro de la correspondencia de los reclusos, las visitas, la paquetería, las finanzas, el libro de actas de las juntas de disciplina, donde de tanto en tanto se lee la frase «buena conducta», o las fichas de ‘diana’ con el recuento diario de presos.

El volumen es ingente. Hay que recordar, como reseñaba Recasens, que solo en septiembre de 1939, momento álgido de la represión, había 1.026 presos en Pilats, 1.188 en La Punxa y 595 en les Oblates.

Uno de los documentos más curiosos de los que podemos revisar, son los libros de enfermería, donde se puede leer, en un papel castigado por el tiempo, las afecciones de los prisioneros y los tratamientos a los que se les sometía. En un libro de 1943, los diagnósticos eran «gastritis», con el tratamiento «bicarbonato», o «histerismo», para lo que se recetaba «bromuro de alcanfor». En otros casos, solo se leía «reposo».

Al finalizar la revisión de los documentos, nos dirigimos al archivo propiamente dicho. Al lado de la puerta, hay un pequeño monitor, ya que todo se guarda a una temperatura y humedad controladas. El silencio absoluto y el olor a papel antiguo intensifican la sensación de que, efectivamente, estamos tocando (con guantes) una parte dolorosa del pasado. Por si hiciera falta, Lanceta nos lo recuerda: hay que conservar los documentos porque «son ellos los que nos cuentan la historia».

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