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Algo pasa con los candados de los patinetes

Los problemas de cobertura en algunos barrios concretos de la ciudad sería la principal causa del mal funcionamiento de los vehículos

CARLA POMEROL

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Un joven probando de utilizar un patinete en la avenida Països Catalans, durante la mañana de ayer. FOTO: ALBA MARINÉ

Un joven probando de utilizar un patinete en la avenida Països Catalans, durante la mañana de ayer. FOTO: ALBA MARINÉ

Todo mi gozo en un pozo. Mi intención no era sustituir el autobús por el patinete de alquiler en mis desplazamientos diarios al puesto de trabajo. Pero sí que me hacía gracia subir en él para ir a hacer algún recado puntual o volver a casa después de estar un rato con los amigos, sobre todo durante el fin de semana. Parece que ni una cosa ni la otra. En las dos últimas semanas he intentado montarme en un patinete de alquiler hasta en diez ocasiones. De estas, solo en tres he podido cumplir con el cometido. Las siete restantes, o mi teléfono móvil no me permitía escanear el código QR, o el candado se me resistía tanto que optaba por abandonar, resignarme e irme andando hasta mi casa. Comentando la situación con amigos, conocidos y compañeros de trabajo, me he dado cuenta de que no he sido la única tarraconense con problemas.

El enfado definitivo tuvo lugar el pasado viernes, cuando me prometí a mi misma que nunca más volvería a usar un patinete. Haré un spoiler. Me pilló el toque de queda. Quería volver a casa –vivo en la Vall de l’Arrabassada– después de un duro día de trabajo. Eran las nueve de la noche, quería que me diera el aire, pero me daba pereza ir andando. Vi que era el momento de dar una última oportunidad a los patinetes de alquiler. Probé un total de seis vehículos. En ningún caso, podía sacar el candado. Un desespero. Finalmente, tras recorrer media ciudad en busca de patinetes que funcionasen, decidí dejar la gandulería a un lado y empezar a andar. Casi por obligación. Muy enfadada con la situación. Llegaba a casa a las diez y media, una hora después de lo previsto.

Pensé que si algún día tenía prisa por llegar a un sitio, no podría confiar en este medio de transporte. Y también me entró la inseguridad de pensar si estaba haciendo algo mal, o de si mi móvil no funcionaba correctamente.

Al llegar a casa, expliqué lo ocurrido, y mi decisión de poner punto final a mi corta relación con los patinetes de alquiler, al grupo de WhatsApp de los amigos. Respiré aliviada al ver que no era la única con problemas. Un colega me contaba que, durante mucho tiempo, el patinete había sido su medio de transporte en Barcelona y que nunca había tenido ningún problema. Decía que en Tarragona, lo había cogido dos veces y que, en las dos, tuvo dificultades.

En mi condición doble de usuaria y periodista, ayer me decidí a llamar a los responsables de las dos empresas de alquiler de patinetes que operan en la ciudad. Reby –una de las compañías– arrojaba un poco de luz al asunto y aseguraba que, tras analizar la incidencia de la última semana, se había observado que algunos de los patinetes tenían problemas de cobertura en algunos barrios concretos de la ciudad, lo que provocaba un mal funcionamiento del candado. «Estamos ya en proceso de resolver la incidencia con el proveedor de telefonía», decía Cristina Castillo, portavoz de la empresa Reby, quien aprovechó para pedir disculpas a los usuarios afectados.

Por su lado, la otra empresa operativa en Tarragona, Bird, aseguraba que la mía era la primera queja que recibían. Javier Aparicio, responsable de Bird, explicaba que el candado no es cien por cien infalible. «Sabemos que a nivel de todo el territorio en el que operamos, tenemos una ratio de error del 4%», añadía.

¿Y los diez euros?

La queja común entre todos los preguntados es que al iniciar el viaje, y pulsar el dibujo del candado que sale en pantalla –los que hayan usado la aplicación sabrán de lo que les hablo–, éste no se suelta, pero sin embargo, el contador empieza a funcionar, restando euros del bote. Concretamente, entre quince y veinte céntimos el minuto. El tema da un poco de angustia. En la mayoría de los casos, cuando consigues finalizar el viaje sin apenas haberlo empezado, la aplicación te permite mandar un mensaje a los responsables. La respuesta es casi instantánea. En mi caso, me piden disculpas y me devuelven el dinero perdido. Todo muy rápido y eficiente, eso sí. Al César lo que es del César.

Otra de las reclamaciones que he escuchado entre los encuestados es el tema de la forma en el pago. Ambas compañías tienen varias opciones para cobrar los viajes. La más utilizada, según las compañías de patinetes, es que se añade dinero automáticamente de la cuenta bancaria a la aplicación, cuando el saldo es inferior a una cantidad determinada. Las empresas aseguran que ésta no es la opción que hay por defecto en la aplicación, pero lo cierto es que muchos de los preguntados –yo misma incluida– aseguraban que el ingreso les había cogido por sorpresa. El otro modo de pago es el estándar. Pagas por lo que gastas.

Antes de poner fin al artículo, me gustaría agradecer desde aquí la predisposición que muestran ambas empresas para mejorar el servicio. Tengamos paciencia. Solo llevan un mes funcionando.

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