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Antoni Vives: "Para avanzar hay que definir objetivos comunes"

Un café con Antoni Vives analiza la evolución de la abogacía, el impacto de las nuevas tecnologías y las carencias de nuestra clase política

Danel Arzamendi

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Antoni Vives  recomienda una actitud receptiva y permeable ante los cambios actuales.  FOTO: Pere Ferré

Antoni Vives recomienda una actitud receptiva y permeable ante los cambios actuales. FOTO: Pere Ferré

Ha vivido en primera persona los profundos cambios que se han producido en el mundo de la abogacía. «A lo largo de mi carrera yo he pasado por todas las etapas: despacho individual, con un socio, con tres, con cinco… y ahora estoy en un despacho con diecisiete socios. El futuro es el bufete multidisciplinar, donde trabajas mucho más cómodo, más tranquilo y más arropado. Y el abogado en solitario probablemente desaparecerá».

Efectivamente, el ejercicio actual de la profesión poco tiene que ver con esta actividad en los años setenta. «Cuando yo empecé, la soledad del abogado era cruel y durísima. Yo pasé noches de insomnio pensando en soluciones para mis casos. Tenías que recurrir a los cuatro libros que te habías comprado, o acababas yendo a una biblioteca que tampoco estaba suficientemente surtida. Encontrar una sentencia que te solucionase el problema en un bosque de jurisprudencia era complicadísimo, una aguja en un pajar. Afortunadamente, el abogado individual tiene ahora la compañía de internet, donde lo tienes todo».

Una profesión diferente

Las nuevas tecnologías han alterado profundamente esta actividad, obligando a los abogados a adaptarse a los nuevos tiempos. «La inteligencia artificial y el 5G lo van a cambiar todo, en las estructuras y en las profesiones. Aún recuerdo la revolución del fax, que te permitía recibir inmediatamente las sentencias o poder mandarle una demanda al procurador sin tener que recurrir al conductor del autobús. Nos hemos acostumbrado muy rápido a estos cambios tecnológicos, un paso abismal en la historia, y lo hemos digerido muy bien. Lo importante es no cerrarse al cambio, mantener una actitud receptiva y permeable, porque esta actualización casi no requiere esfuerzo».

Sin embargo, Antoni Vives echa de menos una actitud proactiva en nuestra clase dirigente, para poder analizar y preparar el terreno ante las transformaciones que nos esperan a la vuelta de la esquina. «Deberían existir gabinetes de estudio para explorar lo que va a llegar, que siempre es incierto. Al menos habría que intentar descubrir hacia dónde nos lleva la técnica».

Desde una perspectiva más global, el exdecano del Colegio de Abogados rechaza la tendencia revisionista sobre todo lo logrado durante los últimos ochenta años. «Mucha gente no es consciente de lo que hemos avanzado, por ejemplo en el estado del bienestar. Hay que transmitir un balance positivo, explicando lo muchísimo que costó conseguir todo esto, y que será necesario el esfuerzo de todos para conservarlo. Ahora vivimos inmersos en el adanismo, condenando todo lo pasado… A esta gente hay que decirle que todo lo que disfrutan ahora, dándolo por hecho, es gracias a la creatividad, el trabajo y la entrega de los que nos precedieron, a muchos de los cuales ahora se condena. Por supuesto que se hicieron cosas mal, pero también muchísimas bien, como la Unión Europea. Era un sueño imposible en el que se había fracasado muchas veces, y que ahora nos ha permitido vivir uno de los períodos de paz más largo de la historia. No entiendo, por ejemplo, estos juegos del soberanismo cuestionando la pertenencia a la UE».

Analizando más a fondo la crisis política catalana, este veterano abogado considera que «la independencia de Catalunya es una entelequia, porque no hay una mayoría social suficiente. Trocear siempre es un fracaso, y en el mundo hacia el que vamos todavía más. Por si fuera poco, tenemos una clase política muy mal preparada y además elegida de una forma antidemocrática, poniendo a gobernar a quienes iban en el número diez de la lista. Vivimos un grave problema de liderazgo, entendido como la capacidad de interpretar y gestionar la voluntad mayoritaria de la sociedad». Apuntando responsabilidades concretas, Antoni Vives sostiene que «Artur Mas debería estudiarse en todas la facultades de ciencias políticas como ejemplo de lo que no se debe hacer. Ha sido el destructor de una sociedad. No ha habido lealtad y además se ha inoculado el desprecio hacia el que piensa diferente. El Parlament debería ser un lugar donde reinase el diálogo, el intercambio de ideas, la persuasión… El debate enriquece y debería permitir encontrar puntos intermedios. En cambio nuestros políticos se insultan y no se respetan. Y esto nos impide avanzar. No somos conscientes de la importancia de las instituciones y de su liturgia».

Mediocridad política

El pésimo perfil de nuestros dirigentes trasciende las fronteras del país. «El nivel de la clase política ha bajado muchísimo. Hemos buscado una igualación, pero no nos hemos igualado en la excelencia sino en la chabacanería. Deberíamos retomar algunos conceptos básicos del derecho, como la buena fe o el bien común. Puede que cada uno tengamos opiniones diferentes, pero la lucha por el interés compartido es como una pirámide: cada uno subimos por una cara pero nos encontraremos arriba. Si todos persiguiéramos el bien común desde la buena fe, ni siquiera serían necesarias las leyes. Para avanzar hay que definir objetivos comunes. Yo soy optimista y tengo esperanza de que esto cambie, porque tenemos una nueva generación muy preparada y muy viajada. Saldremos adelante».

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