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Bajan las comuniones y faltan catequistas en Tarragona

Sólo tres de cada diez niños tarraconenses hacen la comunión. El rito se reduce un 35% en 20 años. Las familias se distancian de la Iglesia. Urge un relevo generacional de catequistas

Raúl Cosano

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La primera comunión en Tarragona es un sacramento en retroceso. La propia Iglesia lo reconoce, además de los sociólogos.  Foto: Lluís Milián

La primera comunión en Tarragona es un sacramento en retroceso. La propia Iglesia lo reconoce, además de los sociólogos. Foto: Lluís Milián

Acaba mayo y con él se van las comuniones, la celebración clásica y bien arraigada por estas fechas de primavera que, a pesar de todo, pierde fuerza. A falta de datos de 2018, el año pasado cumplieron con el sacramento de la Eucaristía 3.344 niños tarraconenses. En el año 2005, la cifra ascendió a 4.648 menores. Así, es un descenso de un 30% en algo más de una década, pero el retroceso es aún más abultado si se rebobina hacia atrás. En 1995, hubo 5.088 niños que pasaron por ese rito de la iglesia católica. 

Según los datos del Arquebisbat de Tarragona, solo el 28% de los niños que vienen al mundo hacen la comunión: 2.303 del total de 8.019 nacidos en 2008 y que el año pasado cumplían nueve años. Es el cómputo de las cifras del Camp de Tarragona y de las dos comarcas ilerdenses (Urgell y Les Garrigues) que están incluidas en la citada demarcación eclesiástica. En síntesis: sólo tres de cada diez niños en la provincia hacen ahora la primera comunión

Las cifras ilustran un descenso progresivo en el ritual eucarístico en Tarragona, no sólo argumentado por sociólogos y expertos sino por la propia Iglesia. Así lo admite, por ejemplo, Mossèn Joan Àguila, rector de Valls y delegado de la catequesis en el Arquebisbat: «En mi parroquia he notado que el número de comuniones baja. Hace diez años la hacían entre 20 y 30. Este año la hacen 12, así que es un descenso del 45%».

En las Terres de l’Ebre 1.041 niños hicieron la comunión el año pasado, según las cifras del Bisbat de Tortosa, que incluyen, eso sí, balances de algunas comarcas de Castellón como el Baix Maestrat y el Alt Maestrat. En cualquier caso, el retroceso también es palpable: no tan marcado respecto a 2005, cuando hubo 1.088 ceremonias, pero sí en comparación con el año 1995, cuando se celebraron 1.688 rituales de este tipo. Es un descenso sintomático de más del 38% en territorio ebrense en algo más de dos décadas.  

Pérdida de peso social

¿Qué factores hay tras ese retroceso? El párroco vallense apunta algunos: «Se nota el descenso de la natalidad pero también el ambiente distante de la sociedad con la Iglesia». La progresiva secularización de la vida social y familiar hacen que la catequesis y la comunión pierdan peso social. 

Así lo diagnostica Francesc Núñez, sociólogo tarraconense y profesor de la UOC: «La práctica religiosa ha disminuido muchísimo. Eso no quiere decir que haya aumentado el ateísmo, que también puede ser. Es decir, el número de gente que se declara creyente es muy importante pero se ha reducido mucho la práctica religiosa, no sólo la dominical, sino incluso los entierros, que aguantan un poco mejor, y los matrimonios». 

Núñez detecta no tanto una sustitución laica de esos ritos, sino una relajación de esas estructuras, que en otra época se antojaban más sólidas: «Cada vez las sociedades se van desconfigurando más y abunda esa falta de reconocimiento del paso de la vida, o de ese tránsito a la adolescencia que puede significar la comunión. Hay una cierta indefinición de los rituales en todos los ámbitos»

Núñez incluso desmarca la tendencia del desapego religioso: «No se explica sólo en términos de secularización, sino de pérdida de repetición de rituales de paso. Es una señal de esta sociedad líquida, que a costa de rutinizar las cosas las acaba desdibujando». Tanto este sociólogo como diversos cargos de la Iglesia en Tarragona coinciden en que la presión social de antaño a la hora de esta ceremonia se ha diluido.

«Notamos que quizás ya no haya familias que lo hagan por hacer, sino que ahora se valora más. Antes los niños hacían la primera comunión porque había como una presión sociológica. Ahora existe más distancia con la Iglesia y las familias tienen la libertad de no hacer la comunión. Hay menos niños pero más convencimiento», agrega Mossèn Joan Àguila.

Otras opiniones son divergentes, como la de Mossèn Jordi Figueras, rector de la parroquia de Sant Joan de Tarragona y Vicario Episcopal: «Nos mantenemos más o menos en los 40 niños que hacen la comunión. En general, es evidente que hay gente que deja la Iglesia. También afecta que cada vez hay menos bodas».  

Menos niños... ¿más fidelidad?

Víctor Mosquera, vicario de la Puríssima Sang de Reus, arroja el matiz: «Quizás en algunas familias se hace la comunión aunque no sean practicantes, porque sí son creyentes. Esa presión social no existe, pero tampoco creo que todos los que nos vengan sean convencidos. Sí constato muchos niños que la quieren hacer, que la tienen como convicción». 

El sociólogo Núñez añade: «De alguna manera a la Iglesia también le legitima que la comunión se haga menos pero que quienes la festejen sean más fieles. En las celebraciones masivas puede haber cierta falta de compromiso». La Iglesia no sólo encara la inestabilidad del sacramento de la Eucarístia, sino que también debe abordar cuanto antes el relevo generacional de los catequistas. «Tienen mucha dedicación pero ya son mayores, es gente que comenzó hace mucho tiempo, con la comunión de sus hijos. Hoy en día muchos no se sienten preparados», apunta Mossèn Figueras.

«No es una cosa que preocupe en exceso, pero se necesita un relevo que hay que hacer poco a poco. La mayoría de catequistas actuales empezaron con 40 o 50 años y han dado toda su vida a esto. Es para agradecérselo», apunta Mosquera. Mossèn Àguila también sugiere otras necesidades: «La mayoría de catequistas son los mismos de hace 20 años y les cuesta adaptarse a nuevos métodos pedagógicos». 

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