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Cada día se produce una ocupación de piso en la provincia

Hay 367 usurpaciones al año. El delito se ha duplicado en Tarragona desde 2012, para calvario de muchas comunidades de vecinos

Raúl Cosano

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La venta y la puerta tapiada de una vivienda para evitar ocupas en El Vendrell.  Foto:  JMB

La venta y la puerta tapiada de una vivienda para evitar ocupas en El Vendrell. Foto: JMB

Los datos dan fe de la que para muchos es una lacra social en los últimos tiempos. La usurpación, tipificada en el artículo 245 del Código Penal y enmarcada en los delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico, se ha disparado en las comarcas tarraconenses. Así lo reflejan las diferentes memorias de la Fiscalía de Catalunya. En resumen, cada día se produce, de media, una ocupación ilegal de inmueble en la provincia. En 2016 –son los últimos datos disponibles– se registraron 367 delitos de este tipo. 

Pese a la elevada estadística, supone un descenso respecto a los años precedentes. Y eso que desde 2012, este delito se duplicó en Tarragona. Si ese año hubo 339, en 2015 se alcanzaron los 668. Fue el año del tope máximo, con una media de prácticamente dos usurpaciones de vivienda diarias, tras sucesivas subidas anuales.

Similar dinámica se reprodujo en Catalunya, con una punta en 2015 y un descenso muy notorio al año siguiente, en 2016, último ejercicio con balances accesibles hasta la fecha. Así, en toda Catalunya hay casi ocho ocupaciones de pisos y casas cada día.    

La ocupación de inmuebles, cuando no existe violencia, se viene enjuiciando como delito leve de usurpación. Es castigada con la pena de multa de tres a seis meses. Es distinto si se ha empleado la intimidación o la violencia.  En ese caso se contempla una pena de prisión que va de uno a dos años. Las irrupciones llaman la atención de los vecinos pero a veces son silenciosas y pasan desapercibidas hasta tiempo después. 

Ante la proliferación de ocupaciones, hay voces que claman contundentes una intervención. «Vivimos un fenómeno de apropiación indebida, y lo estamos tolerando. La administración no ha hecho nada. Ha dejado el problema en manos de particulares. Ni la justicia ni la policía ni nadie interviene. Es una auténtica lacra. Se destruye patrimonio y se aniquila la paz social», admite el promotor Diego Reyes, representante del gremio en el Tarragonès, muy directo y elocuente cuando se le pregunta por aquellos que se ofrecen a vivir gratis en un piso vacío a cambio de defenderlo de los ocupas: «Es una forma diferente de chantaje». 

Un tormento vecinal
El fenómeno es un quebradero de cabeza para muchos vecinos. Esta misma semana, el barrio Mas Pellicer, en Reus, denunciaba que la ocupación ilegal de pisos sigue creciendo. Los vecinos contabilizan unas 20 viviendas intervenidas y piden soluciones urgentes para frenar la marcha de las familias de toda la vida. Los barrios de Ponent como Torreforta o Campclar, e incluso otros como Sant Salvador, también han puesto muchas veces el grito en el cielo ante un goteo de ocupaciones que pone en peligro la convivencia. Desperfectos y degradación de los bloques son otros de los efectos. 

A veces las víctimas son pisos vacíos que estaban en manos de los bancos, tras un proceso de lanzamiento, pero en otras ocasiones se trata de segundas residencias o de viviendas que temporalmente permanecían vacías. Los ocupas aprovechan la ausencia momentánea de los propietarios para meterse en el piso. 

Los mismos carteles de ‘En venta’ o ‘Se alquila’ son un reclamo. Ese fue el gancho que utilizó un ocupa para adentrarse en un inmueble de la Part Baixa de Tarragona. Un rótulo anunciaba que estaba en alquiler. La dueña, advertida por los vecinos, se topó con la sorpresa: «Yo iba a ver la casa dos veces por semana, para limpiar, para ordenar un poco. Siempre aprovechan un fin de semana para meterse», cuenta la propietaria, que vivió una auténtica odisea de más de un año hasta poder echar a los inquilinos ilegales de su propiedad. 

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