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Cada vez más viejos y más solos

El caso de la anciana de Reus reabre el debate de la vulnerabilidad de la gente mayor. Los hogares con una sola persona se dispararán un 14% en 15 años en Tarragona. Habrá 11.446 más

Raúl Cosano

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Una proyección del INE pronostica que en 2031 habrá 88.984 hogares unipersonales en la provincia. La tendencia es que haya cada vez más hogares y más pequeños.  Foto: Pere Ferré

Una proyección del INE pronostica que en 2031 habrá 88.984 hogares unipersonales en la provincia. La tendencia es que haya cada vez más hogares y más pequeños. Foto: Pere Ferré

Cada vez más viejos y cada vez más solos. El número de personas que viven en soledad ha vuelto aumentar en Tarragona, y se prevé que esa realidad sea todavía más habitual en los próximos años. Según la última proyección del INE, recién publicada, en 15 años habrá 11.446 hogares unipersonales más en las comarcas tarraconenses, pasando de 77.538 a los 88.984 que habrá en 2031.

Son cifras frías para situaciones complejas de abordar: el envejecimiento progresivo de la población genera cada vez más hogares con sólo una persona viviendo, un riesgo en términos de vulnerabilidad y un desafío creciente para la dependencia y los servicios sociales. El caso de Rosa, la anciana fallecida en Reus la semana pasada en un incendio por una vela por tener cortada la luz, ha vuelto a poner sobre la palestra esta coyuntura, motivada no sólo por el aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población sino también por el descenso de la natalidad. Ni siquiera la reunificación familiar a raíz de la crisis (miembros que se congregan bajo un mismo techo para soportar mejor la precariedad) sirve para compensar una tendencia en marcha: cada vez habrá más hogares y más pequeños. El tamaño medio del hogar pasaría de los 2,50 miembros actuales a los 2,35 en 2031. 

Dinámica generalizada

Tarragona no es ajena a esa dinámica generalizada como un signo de los tiempos. De aquí a 15 años, en la provincia habrá 313.828 hogares, por los 314.132 que hay ahora. La única tipología de hogres que se incrementa es la de los unipersonales, que experimenta un notable ascenso del 14%.

Los hogares en los que viven dos personas bajan un 2,6%, los que están habitados por tres descienden un 3,19% mientras que las disminuciones más notorias son en aquellos domicilios con más gente: los que tienen a cuatro inquilinos decrecen un 11,8%, mientras que los que incluyen a cinco retroceden un 4,17%. La soledad avanza con rapidez entre los ciudadanos de más edad. Se ceba especialmente con las mujeres. En la provincia hay 18.200 viudas de más de 65 años, según datos del INE pertenecientes a 2015, por únicamente 6.500 viudos. A ello contribuye decisivamente la mayor longevidad femenina. Un total de 21.500 mujeres de más de 65 años residen solas en la provincia, prácticamente el doble de los hombres (12.600).

Algunos expertos sostienen que hay que distinguir entre viviendas unipersonales, como el sociólogo de Tivissa y profesor en la UOC Francesc Núñez: «Es un fenómeno que se extiende por Europa, pero en otros lugares tiene más que ver con la gente joven. Nacen siempre más hombres que mujeres pero a partir de determinada edad la mortalidad de los hombres es mucho mayor».

Más mujeres solas

Eso hace que sean mucho más numerosas las mujeres que viven solas. «Hay que tener en cuenta que se deshace la estructura de la familia extensa. Los hijos se hacen mayores y se van y cada vez es más difícil que se queden cerca. Hay una dispersión familiar cada vez más grande. Hay que considerar todo lo que supone de precariedad económica, de tener que pagar asistentes», añade Núñez.

La abundancia de mujeres viviendo en soledad a partir de ciertas edades viene provocada porque los hombres tienen una esperanza de vida más corta (80 años, frente a los 85 de las féminas), pero también por otro componente social fundamental. En general, el hombre en torno a los 75 años ha tenido una socialización muy dependiente de la mujer, en la medida en que en buena parte ha sido cuidado por ella. Si se queda solo porque su esposa fallece, suele irse a vivir con los hijos o con otros familiares.

En el lado contrario, la mujer que pierde a su marido, algo mucho más común, muestra más autosuficiencia y termina viviendo sola en casa hasta que fallece. «Las mujeres han sido capaces de llevar una casa, mientras que muchos hombres han delegado esa labor debido a la división sexual del trabajo», narra Sergi Sánchez, profesor de trabajo social en la UB. Joan Alberich, doctor en Geografía y profesor en la URV, opina en una línea similar: «Cierto es que la mayor esperanza de vida determina que haya más mujeres en edades avanzadas y que, por tanto, hay que esperar que haya más mujeres que viven solas, porque hay más. Pero hay otros motivos sociales: al enviudar, las mujeres tienen mayor prevalencia en vivir solas, porque presentan una mayor autonomía por los roles tradicionales de género entre hombres y mujeres (ellas han tendido a ocuparse más de las labores del hogar), mientras que si un nombre enviuda, es más probable que opte por estrategias para no tener que vivir solo: bien formar una nueva pareja, pasar a residir con familiares o ingresar en un centro o residencia».

Las implicaciones sociales son elevadas. «Muchas mujeres pierden capacidad de movilidad. Sin un vínculo con la familia, puede incrementarse la situación de vulnerabilidad. Además, a estas mujeres viudas, que a lo mejor han sido amas de casa toda la vida, les quedan pensiones mínimas, en muchos casos menores a las de los hombres que han cotizado durante muchos años en el trabajo. Eso es una dificultad añadida», afirma Sergi Sánchez.

La situación varía en otras generaciones. Entre los que tienen entre 55 y 64 años hay tantos hombres como mujeres viviendo solos, en una franja en la que aparece también el divorcio como factor. Entre los más jóvenes, la tendencia se gira. Ellos tienden más a la soledad que ellas, a veces motivado por un retraso de la emancipación debido a los estudios universitarios.

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