Tarragona Entrevista

Carlos Ignacio Barbero: «La ignorancia es la gran aliada del poder»

El autor aficando en Tarragona inicia su trayectoria como novelista con ‘Bande Blanche’, una historia de amor en los turbulentos años que precedieron al estallido de la Primera Guerra Mundial

Gloria Aznar

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Carlos Ignacio Barbero con 'Bande Blanche'.

Carlos Ignacio Barbero con 'Bande Blanche'.

Carlos Ignacio Barbero es arquitecto de profesión. Argentino de nacimiento (Buenos Aires, 1960), compagina su actividad profesional con su amor por la literatura, disciplina en la que se ha estrenado como novelista con Bande Blanche (Universo de Letras). En ella, este tarraconense de adopción cuenta una historia de amor entre Jacques y Adela en los tiempos convulsos que precedieron a la Primera Guerra Mundial.

Hace una incursión en el colonialismo.
Me llamó la atención el entendimiento cordial entre los aliados, Francia, Inglaterra y Rusia. A partir de ahí escribí la historia y tenía claro que sería una novela de amor. 

Y de traición.
Sí. Lo que ocurre con el amor es que a veces das, otras recibes y a veces no das. Entonces, como no recibes, atacas. Muchas veces el amor parece generoso pero termina siendo egoísta por uno mismo, no por el otro.

¿Cree que Europa, de alguna manera, ha pagado por el colonialismo?
La Entente cordiale, en la medida en que fui investigando, me fue llevando hasta el colonialismo, al Magreb, a Marruecos y Argelia. Muchas veces me ha sorprendido cómo no han puesto una fábrica de fideos, de harina en África, para darle de comer pasta a todo dios y no, esto no interesa. Quien lo paga caro es África, lo que ocurre es que ahora le viene a abrir la nevera a Europa y a todos nos molesta que nos abran la nevera, pero claro, en su día hicieron lo que hicieron. Y España es la puerta de Europa.

Hubo un tiempo en que fue la puerta de salida, con la guerra civil y el exilio.
Sí. Todo país tiene un patio trasero.

¿De dónde extrae las citas que va intercalando?
Son mías. Necesito concentrar todo lo que he escrito en una frase para que se entienda y para entenderme yo mismo. Me gusta mucho pensar porque mi forma de moverme en la vida es pensando. No actúo por impulso. Jamás. Todo lo pienso, lo reflexiono. Pensar es dudar. Muchas veces digo que no porque lo pensé.

¿Y cuánto ha pensado ‘Bande Blanche’?
Cuatro años. Sin embargo, ocurre que si yo hubiera pensado venir aquí a España y hacer todo lo que hice, no hubiera venido.

¿Cuánto tiempo hace?
Veinte años.

Mucho tiempo para no haberlo pensado.
Empezamos en Gijón con mi señora y luego en Tarragona. Homologué mi título de arquitecto para poder trabajar.

¿Y qué hace un arquitecto escribiendo novelas de amor?
El arquitecto también piensa. Por otro lado, es muy importante la historia que hayas tenido, la experiencia. Yo llevo 30 años casado. Todo esto te va marcando un poco la disciplina que tienes que ir cumpliendo. 

Una de estas reflexiones dice ‘la libertad se abriga en la cultura, la rebeldía también’. 
Cuando los jóvenes saben más, cuando tienen más formación, se rebelan. 

¿Cómo ve la cultura en nuestro país?
Lo que necesita España y en general todos los países del sur, es exportar conocimiento.

¿Exportarlo o retenerlo?
Nos fuimos todos. Yo también. Está muy bien el jamón, el aceite de oliva y el vino, pero hay que saber fabricar coches y tecnología porque al japonés no le hace falta el aceite de oliva. Si lo quiere va y lo compra pero Japón te vende un ordenador rápidamente. Hay que apostar por la cultura, porque si no, la ignorancia es la gran aliada del poder. Cuanto más ignorantes somos más nos agarran del pico y nos sacuden. 

El espionaje es central en ‘Bande Blanche’. ¿Se aprende a ser espía?
El espía se hace, sí. Aunque creo que parte de una necesidad, es una rebelión hacia alguien o hacia algo. Hacia el propio país, hacia una gente, unas personas o una sociedad. Pero se hace, un espía no nace.

Recuerda usted el caso Dreyfus.
Para relacionarlo todo. En Argentina vive la tercera comunidad judía del mundo por detrás de Rusia y Estados Unidos. Dreyfus era judío y ahí empieza el odio a los judíos en Francia, en Europa, en 1910. La Segunda Guerra Mundial ya es un ataque frontal contra ellos. Me ha llevado mucho tiempo investigar porque uno no sabe cómo vivían en aquella época. Quizás sabe más cómo vivían en 1700 o se lo imagina, que a principios del siglo XX.

¿Qué es lo que más le ha sorprendido?
En 1910 todo el mundo estaba armado hasta los dientes y por eso estalló la guerra. El asesinato del heredero del Imperio Austrohúngaro fue la excusa. En las mismas circunstancias, hoy no pasaría nada. Pero estaban todos pendientes de un hecho, un detonante.

Quiere decir que sin esa muerte hubiera estallado la guerra igualmente.
Se hubiera dado otro hecho como inicio de la guerra.

En todo ese contexto, sus personajes son muy racionales.
Como yo. Jacques es un pobre hombre, al que le falta un poco de carácter. Es una persona guiada por su corazón. Adela es más alemana y las cosas se hacen como ella dice. Por más que se haya criado en París, es alemana y piensa como alemana. 

Cien años después, ¿cómo ve este siglo?
Creo que lo que todo el mundo busca es la comodidad. Ya lo decía Perón, «los únicos que se rascan para afuera son los perros. Todos queremos las pulgas para adentro».

Curiosa forma de definir el egoísmo. ¿Fue querido Perón?
No sé si fue querido. Tuvo la oportunidad histórica de levantar el país. Argentina hubiera sido como Estados Unidos, pero no tuvo visión. Fue un demagogo. 

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