Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Carrera contra la leucemia

La Canonja acoge mañana lo que será más que una actividad deportiva

Rossi Vas

Whatsapp
La pequeña Meritxell, a la derecha con pañuelo en la cabeza, con su familia. Foto: cedida

La pequeña Meritxell, a la derecha con pañuelo en la cabeza, con su familia. Foto: cedida

«Asimilarlo lo más rápido posible y mirar adelante, sin nunca dejar de luchar». Son las palabras clave para Patricio García, de 47 años, cuando relata la lucha contra la leucemia que detectaron a su hija Meritxell. Todo empezó en mayo del año pasado. Entonces Meritxell no tenía ni tres añitos. «Este diciembre cumplirá cuatro», dice Patricio. La familia vive en La Canonja. Él trabaja en una petroquímica en Tarragona, a la que volvió hace un mes, tras la baja a la que se acogió desde que diagnosticaron el cáncer a su niña.   

Patricio y su mujer, Alba Torné, de 43 años y maestra en Tarragona, tienen dos hijos más: una niña de 8 años y un niño de año y medio. Han practicado varios deportes, entre ellos jogging y alpinismo. Desde hace diez años llevan el Club Excursionista La Canonja. En los últimos siete años organizan carreras, de 5 y 10 km para adultos, y otra para niños, llamada ‘carrera de promoción’. Una de ellas se celebra mañana en La Canonja. Después de los duros meses de lucha contra la enfermedad de Meritxell, decidieron destinar el dinero de la carrera de mañana a la Associació de Familiars I Amics de Nens Oncologics de Catalunya (Afanoc). Por eso, en la actividad deportiva de mañana habrá mucho más que deporte; todos los participantes contribuirán a la lucha contra la leucemia.

La pareja recuerda, como si fuera ayer, las veces que tuvieron que volver al pediatra por la fiebre de su hija. «El 28 de mayo del año pasado la llevaron en ambulancia al hospital Vall d’Hebron a Barcelona. La acompañé yo», dice el padre, y añade que ya le habían hecho análisis de sangre. «Se tardaban mucho con los resultados» y al final les dieron la mala noticia: «La niña tenía una enfermedad en la sangre». Cuando, sorprendidos, preguntaron qué enfermedad era, recibieron la terrible respuesta: leucemia

A partir de este momento, a la familia le tocó unirse aún más: Patricio se quedó en el hospital barcelonés durante todos estos meses, hasta febrero de 2017, sin separarse de Meritxell, mientras que su mujer, Alba, junto con el bebé, para estar cerca permaneció en la Casa dels Xuklis en Barcelona. La hija mayor se quedó en La Canonja, al cuidado de la cuñada de Patricio, para no perder días de colegio.

Una larga batalla 

Volvieron a La Canonja en febrero, pero todavía siguen teniendo presente el tiempo de lucha en Barcelona. «Llegamos al hospital a la una de la madrugada. Allí confirmaron la leucemia». Se quedaron allí 33 días, pero después tampoco podían volver a Tarragona. «Había acabado la primera fase de la quimioterapia, pero la cura seguía».

Los organizadores han dado a la prueba un cariz solidario tras la enfermedad de su hija

Al ser todo tan inesperado, uno se hace preguntas y busca respuestas. Patricio da mucha importancia a la fe y al equipo médico. «Cuando esto pasa, buscas la culpa en todo: comidas, etc. Pero por mucho que pienses, no solucionas nada. No puede ser por un motivo concreto», y añade que en Vall d’Hebron «todas las enfermeras son una maravilla, sensibles y simpáticas con los niños». Habla con gratitud del oncólogo José Luis Dapena y con fascinación de la «gran sala de juegos». 

Aunque toda la familia está ya en su casa de La Canonja, la lucha no ha acabado. En febrero Meritxell comenzó otra fase en su cura. Cada semana van al hospital barcelonés, donde se le hacen varios tipos de quimioterapia, cuenta el padre. «Tenemos mucho camino por delante», confiesa con la esperanza de que el 80% de los pacientes se cura. No niega que en el hospital han sido testimonios de «varios casos duros», y que su niña, aunque sea pequeña, cada vez al acabar una fase le dirigía la misma pregunta: «¿Ya estoy curada? ¿Nos quedamos otra vez?». A lo que él contestaba con franqueza, porque no quería engañarla. «Ella siempre ha confiado en mí», explica. 

Confiesa que ella «ha madurado mucho» y que está impaciente por ir al parvulario. De hecho, está matriculada y en septiembre, confían los padres, «ya empezará una vida normal». Saben que aún les queda «mucho camino en la lucha contra la leucemia» y más revisiones y controles médicos, pero esta familia sigue adelante, más juntos que nunca, hacia la felicidad de su pequeña Meritxell. Mañana, con la carrera de La Canonja, darán un paso más hacia su curación.

Temas

Comentarios

Lea También