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Casa con terraza y piscina: la nueva demanda inmobiliaria

Según recoge un estudio del portal inmobiliario Fotocasa, la búsqueda de fincas rústicas ha experimentado un incremento de un 46%, mientras que los chalets lo han hecho en un 36%

JUANFRAN MORENO/AGENCIAS

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Las inmobiliarias tarraconenses no están tan seguras del auge de las casas con terrazas debido a la alta inversión que suponen. FOTO: P. FERRÉ

Las inmobiliarias tarraconenses no están tan seguras del auge de las casas con terrazas debido a la alta inversión que suponen. FOTO: P. FERRÉ

El coronavirus ha cambiado nuestras vidas. En algunos aspectos lo ha hecho a corto plazo y en otros, a más largo plazo. La palabra hogar ha adquirido más significado que nunca y son muchas las personas que han comenzado a priorizar por encima de todo su vivienda. Allí han pasado muchas horas y se han dado cuenta de que o bien no están tan a gusto como pensaban en sus casas o que, simplemente, necesitaban un cambio a mejor.

Por ello hay una serie de preferencias que la pandemia ha modificado en el sector inmobiliario. Los pisos han perdido fuelle y las casas han ganado peso. Ahora se buscan más casas que antes y diversos estudios realizados en ámbito nacional lo demuestran.

De repente, un balcón o una terraza se han convertido en requisitos para muchas personas claves para aliviar su confinamiento. Aspectos a los que antes ya se le daba importancia a la hora de realizar una compra, pero que durante esta cuarentena todavía han adquirido mayor valor.

Un estudio del portal inmobiliario Fotocasa corrobora este cambio de mentalidad respecto a la compra o alquiler de las viviendas durante el confinamiento, con un incremento del 46% en búsquedas de fincas rústicas, seguidas por chalets (36%) y casas adosadas (24%).

Para Joan Ramon Martorell, delegado de l’Associació D’Agents Inmobiliaris a Tarragona, esto todavía es un hecho que no se puede asegurar a ciencia cierta: «En mi opinión falta un poco más de tiempo para saberlo. Al fin y al cabo comprar una casa en vez de un piso es una inversión mucho más fuerte y la gente se lo va a pensar mucho más».

¿Por qué se ha dado este fenómeno? El factor clave ha sido, s¡in lugar a dudas, la cuarentena estricta a la que ha sido sometida la población. De repente, el exterior era una anécdota y las viviendas eran la realidad más firme. Allí se desarrollaba todo lo que le da sentido a la vida. Hasta el teletrabajo ha llegado de manera acelerada y parece que tiene muchas opciones para quedarse, aunque no sea de forma total.

Algo en lo que Joan Ramon Martorell coincide y que apuesta que va a ser el gran factor a la hora de que la gente vuelva a comprar viviendas en los pueblos y no en las grandes ciudades: «Esta es una teoría que siempre he defendido y que va muy ligada al teletrabajo, que sí que ha venido para quedarse, y eso hace mucho más interesante y económico vivir en un pueblo, ya que hoy en día se tienen muchos medios».

Unas palabras que también sugiere Vilalta, arquitecto y director de Vilalta Studio: «La gente, a lo poco que pueda, va a dar el paso de buscar otro tipo de vivienda que quizás no está en el centro de la ciudad, sino en la periferia».

Para Joan Ramon Martorell, el futuro de la compra y venta de pisos no va a cambiar demasiado en un futuro a medio y largo plazo: «Es probable que los precios de venta tengan un repunte a la baja, pero no tan exagerado ni mucho menos como en la última crisis, mientras que los precios de los alquileres creo que se mantendrán».

El confinamiento también ha evidenciado la necesidad de «humanizar» unos pisos diminutos y oscuros. «Esas microviviendas insanas, sin ventilación ni luz, a menudo sótanos, no deben estar en el mercado. Si logramos sacarlas, sería un beneficio inesperado de la crisis», plantea el urbanista y sociólogo José María Ezquiaga, exdecano del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM).

«Las epidemias de cólera trajeron los saneamientos y el agua potable corriente en el siglo XIX, y la tuberculosis evidenció los beneficios del sol y el aire en el XX, pero esta crisis, más que a la vivienda, afectará a la ciudad», asegura Ezquiaga.

En la urbe post-covid «la proximidad será clave; pasaremos de lo macro a lo micro, del hipermercado a la tienda de barrio, del coche a caminar, y necesitaremos más aceras y espacios de expansión», plantea.

La importancia de las terrazas

La desaparecida terraza debería brillar en unas viviendas modulables que alternen la función habitacional con la laboral «porque el teletrabajo está para quedarse», según Ezquiaga. «Con la tuberculosis la terraza llegó a los hospitales para tomar ese sol curativo, y de ahí pasó a la vivienda». «Era un regalo que no contaba en la edificabilidad, pero cuando los ayuntamientos las computaron, los promotores las suprimieron. Era un lujo y hoy, una necesidad. Quienes las han cerrado se tiran de los pelos».

«La del covid es una crisis medioambiental y la presencia de naturaleza es una demanda insoslayable y un indicador de la calidad de vida», plantea Juan Herreros, arquitecto que pronostica cambios «positivos» y aboga por recuperar más espacios verdes y de mayor calidad. «Las normas favorecen hoy el cierre de las terrazas o no hacerlas. Los ayuntamientos las ‘cobran’ caras como edificabilidad y los promotores las evitan. Pedimos que no se cierren esos minipulmones, fragmentos verticales de naturaleza que contribuyen a la calidad del paisaje urbano», reclama finalmente.

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