Casi la mitad de los alumnos de la URV estudia y trabaja

La equidad sigue siendo una tarea pendiente en las universidades catalanas, donde el 55% de los estudiantes de grado y el 58% de los de máster provienen de clase alta 

Norian Muñoz

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Imagen de un aula de la URV. Las mujeres son mayoría en los grados.  FOTO: Pere Ferré

Imagen de un aula de la URV. Las mujeres son mayoría en los grados. FOTO: Pere Ferré

Los datos son claros: la clase socioeconómica de los alumnos que estudian en un aula universitaria de Catalunya no son, ni de lejos, un reflejo de la composición de la sociedad en general. Así quedó en evidencia con el informe Vía Universitaria de la Xarxa Vives d’Universitats. En la encuesta participaron 41.232 estudiantes de grado y máster de 20 universidades de Catalunya, Islas Baleares y País Valenciano (2.322 de ellos, de la URV).

Una de las conclusiones más llamativas del estudio es que el 55% de los alumnos de grado y el 58% de los de máster son de clase social alta. Y ofrece más indicios, como el hecho de que solo el 9,6% de los estudiantes son hijos de inmigrantes o que el 10,5% son de origen social bajo. En resumen, que el nivel de estudios y, sobre todo, la economía familiar, son claves a la hora de acceder o no a la universidad.

La encuesta preguntaba, incluso, a los que habían interrumpido sus estudios antes de entrar a la universidad, por qué lo habían hecho y la respuesta más frecuente eran los motivos económicos.

En lo que sí se ha avanzado, apunta el informe, es en la vía de acceso. Va ganando peso el número de alumnos que entra a la universidad tras terminar un ciclo superior de Formación Profesional. Actualmente son el 11,5% y se espera que esto ayude a diversificar el perfil del estudiantado. 

Las becas no lo arreglan

A Oriol Sales, miembro del Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC), no le sorprenden los datos. «Hace tiempo que estamos advirtiendo que los hijos de la clase trabajadora no pueden acceder a la universidad. La barrera económica es muy grande, no todas las familias tienen cómo pagar 2.500 euros en un año», señala.

Apunta, además, que hay que pagar entre 120 y 130 euros para poder presentarse a las pruebas de acceso a la universidad. «Y es un trámite obligatorio para entrar a los centros públicos», recuerda.

No obstante, el recurso que debería paliar estas desigualdades, las becas, están demostrando no ser suficiente (en la URV un 19,35% de los alumnos estudia con una). La dificultad, explica Sales, está en que los trámites para acceder: son muy engorrosos y el número es limitado. Además hay que tener en cuenta que «este año se han pagado seis meses después de comenzado el curso».

Además de fortalecer el sistema de becas, los sindicatos proponen bajar un 30% las tasas. «Sólo falta voluntad política», y poder fraccionar más los pagos, ya que hasta ahora sólo se puede hacer en tres partes a lo largo del año.

Lejos de la emancipación

En lo que se refiere a datos concretos de la URV, el estudio destaca que poder estudiar un grado en la universidad depende básicamente del apoyo familiar: el 60% de los estudiantes de grado vive con los padres y al 54,22% les pagan los estudios los progenitores. Este último dato es cuatro puntos inferior a la media de las universidades catalanas (58%).

Por contra, los estudiantes de la URV trabajan más en vacaciones, de media, que los otros: el 10,95% sufragan los estudios o parte de ellos con estos ingresos (el 7% en la media de universidades). 

De hecho, prácticamente la mitad de los estudiantes de grado (el 48,72%) compagina los estudios con algún tipo de empleo: el 26,98% hace trabajos intermitentes, el 17,40% trabaja a tiempo parcial y el 4,34 lo hace a tiempo completo. 

El perfil de los estudiantes de máster es diferente: solo el 33,17% vive con los padres y estos pagan los estudios de segundo ciclo en el 29,3% de los casos, mientras que el 18,50% recibe una beca, y el 63,68 trabaja, ya sea de manera intermitente o a tiempo completo.

La posibilidad de estudiar y trabajar, no obstante, tampoco resulta fácil, explica Grau, porque muchos planes docentes implican clases y prácticas mañana y tarde los cinco días a la semana. 

Mejores expectativas de futuro

Según se desprende del informe 2017-2019, los estudiantes tienen mejores expectativas de futuro que hace tres años, cuando se hizo el primer informe. El 36,4% confía en que los estudios que está cursando le permitirá lograr una posición social alta, mientras que en 2016 solo lo creía el 25%. En la URV, el 45,24% considera que sus estudios de grado los conducirán a una profesión de prestigio o bien pagada. 

No obstante, los dos motivos principales para elegir una titulación u otra (con más del 85% de las respuestas) tiene que ver más con la vocación, es decir, la eligen porque se corresponde con la profesión que querrían ejercer y porque se corresponde con sus aptitudes. Si bien más de la mitad (67,22%) valoran que tenga numerosas salidas profesionales.

En cuanto a la continuidad de los estudios, más de la mitad prevé estudiar un máster después del grado (el 38,58% lo harían en el país y el 13,47% lo estudiarían en el extranjero) y cerca del 30% de los estudiantes de máster querrían iniciar un doctorado. 

En general, los estudiantes de máster consideran que podrán encontrar un trabajo relacionado con los estudios (con una valoración de 7,22 sobre 10).

Sentido de pertenencia

Otro de los aspectos que tenía en cuenta el informe es el grado de participación en las actividades de la universidad. En este sentido, el 60% de los estudiantes de grado y máster de la URV asiste a conferencias, jornadas y debates.

La participación, no obstante, en actividades culturales o deportivas es menor. Sólo el 18,16% participa en actividades deportivas y el 14,09% en las aulas de arte, teatro y música. Finalmente, la participación en asambleas y asociaciones de estudiantes es sólo del 3,15%.

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