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Casi todas las monjas de la comunidad del Vedruna de Tarragona, infectadas por Covid-19

En cuestión de quince días han fallecido tres hermanas de la congregación. Todavía quedan seis hospitalizadas

Carla Pomerol

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La comunidad vive en las instalaciones del Col·legi Vedruna Sagrat Cor, en la calle Santa Joaquima de Vedruna.

La comunidad vive en las instalaciones del Col·legi Vedruna Sagrat Cor, en la calle Santa Joaquima de Vedruna.

34 de las 35 monjas que forman la comunidad de Carmelites del Vedruna de Tarragona –vinculada desde siempre al Col·legi Sagrat Cor– han sido infectadas por Covid-19. Solo una se ha salvado, por el momento, del virus. De estas, tres de las hermanas no lo han podido superar y han fallecido durante los últimos quince días. Actualmente, seis monjas todavía están ingresadas en el Hospital Joan XXIII de Tarragona y alguna de ellas no presenta un buen pronóstico. La comunidad está preocupada por la situación. «Para nosotras, la muerte no es algo tan malo como quizás es para el resto. Pensamos que pasamos a otra vida. El problema es que esta pandemia no nos deja despedir a nuestras hermanas, y esto es muy fuerte», explica a esta redacción la hermana Teresa Marcé, visiblemente afectada. 

La comunidad de las Germanes Carmelites de la Caritat de Santa Joaquima de Vedruna –nombre completo– está afincada desde hace más de cincuenta años en la calle Sant Joaquima de Vedruna, entre la iglesia y el acceso al patio del colegio. El edificio está partido en dos plantas. En la segunda viven un total de 13 hermanas, la mayoría de ellas se encontraban en perfecto estado de salud hasta la llegada la Covid-19. En la primera planta, en cambio, viven las hermanas que están más débiles –son 12– y que requieren de la ayuda de profesionales. Es una especie de geriátrico para las monjas más mayores de la comunidad. En total, estaríamos hablando de una congregación formada por 35 hermanas. 

Hace años, la comunidad estaba totalmente vinculada al Col·legi Vedruna Sagrat Cor, donde la mayoría de las hermanas impartían clase. Las monjas han ido haciéndose mayores y, de una manera u otra, la congregación ha acabado siendo independiente. La comunidad tiene su propio comedor y cocina y el edificio en el que viven ya no comunica con el centro educativo.

El virus entró antes de Navidad

El virus entró en el lugar el pasado 21 de diciembre. Las hermanas empezaron a encontrarse mal. Una detrás de la otra fueron cayendo enfermas. La mayoría de ellas tuvieron síntomas leves, como pérdida del gusto y olfato, fiebres, dolores musculares y tos. «Las del segundo piso lo hemos ido pasando más o menos, regular. Pero las del primero, donde se encuentran las más flojitas, ha sido más duro», explica la hermana Teresa Marcé, quien añade que «yo lo pasé mal y el virus me ha dejado secuelas importantes. Pese a ello, ahora empiezo a sentirme más fuerte». 

Algunas de ellas, teniendo en cuenta que viven en comunidad, se mudaron al Hotel Salut, ubicado en la Plaça de les Corts Catalanes, para pasar la cuarentena. «En nuestra casa compartimos lavabo y espacios. El Hospital Joan XXIII nos ofreció la posibilidad de pasar unos días en el Hotel Salut. Yo, personalmente, fui una de las que pasó allí unos diez días. Nos trataron muy bien. Es una cosa que siempre les agradeceremos», añade la hermana Teresa Marcé. 

De las 35 monjas que viven en la comunidad, hoy en día todavía hay seis ingresadas en el Hospital Joan XXIII, entre la planta y la unidad de cuidados intensivos. La última ingresó el pasado lunes. Lo peor del caso es que, en cuestión de quince días, han fallecido tres de las hermanas. «Ya estaban muy delicadas de salud y la Covid-19 ha acabado haciéndoles mucho daño», apunta Marcé. La última  hermana fallecida ha sido Agustina, muy conocida y querida por toda la comunidad educativa del Col·legi Sagrat Cor. Así se hacía notar ayer en redes sociales. 

La hermana Teresa Marcé cuenta como la médica que atendió a Agustina en los últimos momentos había sido alumna suya. «Fue muy emotivo. La doctora hizo todo lo que estaba en sus manos, pero el destino ya estaba marcado», explica. Otra de las cosas que destaca la comunidad es el buen trato que están recibiendo por parte del doctor asignado para la congregación. Por el momento, las hermanas todavía no han oído hablar de las vacunas, aunque aseguran que les gustaría vacunarse lo antes posible.

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