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Catalina, venezolana: «Me siento feliz en TGN, esta es una ciudad muy humana para vivir»

El impulso de Catalina para dar el salto definitivo a España fue su hija Emily, una joven autista para la que no veía futuro en Venezuela

Diari de Tarragona

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Catalina Bifolco, venezolana, llegó el año pasado. FOTO: Lluís Milián

Catalina Bifolco, venezolana, llegó el año pasado. FOTO: Lluís Milián

Catalina llegó a vivir a Tarragona el año pasado y no fue la única; el colectivo de inmigrantes venezolanos, aunque discreto (son 267 en la ciudad), creció un 52% en un solo año. 

El impulso de Catalina para dar el salto definitivo a España fue su hija Emily, una joven autista para la que no veía futuro en Venezuela. Una de las cosas que más le angustiaba era que no había los medicamentos que tiene que tomar de manera permanente. Dependían de que familiares o amigos se los pudieran enviar desde el extranjero. Pero esa fue apenas la gota que rebasó el vaso, justo antes de venir ya escaseaba la comida, «aunque ahora es mucho peor», y la inseguridad no daba tregua. Ella sufrió un robo y su hermano, un secuestro.

Hoy Emily está en un taller ocupacional para personas con discapacidad y Catalina está maravillada con el hecho de que la joven ya comience a hacer pequeños trayectos sola, de que ya hay gente que la conoce y la saluda. «Me siento feliz aquí. Esta es una ciudad muy humana», explica.

Catalina, arquitecto y orfebre, está tirando de ahorros mientras busca un empleo. «Nos encantaría quedarnos aquí, es una ciudad con mucha vida, sólo nos falta el trabajo», señala.

 

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