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Cirugía pionera en Joan XXIII contra secuelas de la Covid-19

Revistas científicas recogen una novedosa operación para reconstruir un pulgar con vasculitis derivada del virus en un paciente grave. Las consecuencias cardiovasculares son comunes

Raúl Cosano

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Imagen de archivo de una intervención quirúrgica en el Hospital Joan XXIII de Tarragona. FOTO: PERE FERRÉ

Imagen de archivo de una intervención quirúrgica en el Hospital Joan XXIII de Tarragona. FOTO: PERE FERRÉ

El Hospital Joan XXIII, junto con especialistas de otros centros, ha llevado a cabo una operación pionera relacionada con las secuelas de la Covid-19. Se trata de una intervención de microcirugía difundida en diferentes publicaciones científicas y que expone, por un lado, los imprevisibles efectos de largo alcance del coronavirus y, por otro, el desafío del sistema sanitario para afrontarlos.

Los doctores reconstruyeron el dedo pulgar de un paciente que había quedado dañado por una necrosis, a su vez relacionada con una vasculitis (una infección de los vasos sanguíneos provocada por el sistema inmunitario cuando combate una dolencia), causada por el SARS-CoV-2. Se hizo, además, aprovechando el propio tejido del enfermo para la restauración. «Hasta donde sabemos, el caso actual podría ser el primero que describa un autotrasplante microquirúrgico exitoso en un paciente con necrosis acral relacionada con vasculitis por Covid-19», relata el artículo, que añade: «Las reconstrucciones microquirúrgicas, aunque desafiantes, pueden considerarse en estos pacientes».

El pulgar, con una necrosis derivada de la Covid-19.
Otras zonas de la mano afectadas, antes de operar.

El informe sostiene que, entre las múltiples secuelas que deja la infección, están las cutáneas, «ampliamente» referidas, si bien el patrón de la necrosis representa el 6% de esas manifestaciones y está asociado a una versión más grave de la enfermedad.

Reducción del flujo y necrosis

La vasculitis es una patología que puede ser inducida por fármacos o bien provocada por la misma dolencia, como es el caso. El estudio tras la intervención certifica su particularidad y su condición de, en cierto modo, adentrarse en terreno por explorar: «Se sabe poco sobre las consideraciones técnicas de la reconstrucción microquirúrgica en un paciente con necrosis secundaria a vasculitis de la Covid-19».

El caso, publicado este año pero perteneciente a la primer ola, es el de un paciente contagiado que estuvo grave. Aproximadamente un mes después del diagnóstico y el ingreso, comenzaron los problemas derivados de la infección en el organismo, con signos de isquemia (una reducción del flujo sanguíneo) en la falange, el pulgar y otras zonas de la mano, que causaban dolor. La biopsia alumbró el diagnóstico de vasculitis por el coronavirus. «La lesión del pulgar progresó a necrosis», sostiene el informe, que alerta de que acabó afectando también a articulaciones.

Ocho semanas de recuperación

Un mes después, con el paciente ya recuperado de la infección del virus, «se propuso la transferencia de la pulpa del dedo del pie a la mano para la reconstrucción del pulgar». Toda una serie de injertos de venas y suturaciones de nervios formaron parte de la cirugía. El postoperatorio transcurrió sin incidentes y, a las ocho semanas, todas las heridas habían cicatrizado sin complicaciones.

El informe científico termina diciendo que durante la pandemia «no se ha recomendado la transferencia microquirúrgica en pacientes», por lo que «se sugería un enfoque más conservador». De ahí el carácter novedoso de esta intervención en tiempos de Covid-19. «Los cirujanos continúan atendiendo casos que requieren colgajos microquirúrgicos y no pueden diferenciarse», apunta el estudio, que indica que no se tenía constancia de una reconstrucción así en necrosis provocada por el coronavirus.

Imagen intraoperatoria de la reconstrucción. 
Aspecto a las ocho semanas de la intervención. 

De hecho, la operación aún adquiere más relevancia médica, puesto que la necrosis asociada a otra enfermedad de vasos pequeños (cualquier proceso patológico que dañe arterias o capilares) ha generado poca publicación científica. La propuesta, como conclusión, es que «la enfermedad vasculítica no es una contraindicación» para realizar una reconstrucción de cirugía, como escenario alternativo al de las terapias con medicación como anticoagulantes o esteroides.

En la operación han tomado parte la unidad de cirugía de mano, muñeca y codo del Joan XXIII, además del departamento de cirugía ortopédica del mismo centro. Profesionales del Institut Cugat, de Vall d’Hebron, una unidad de cirugía artroscópica de Vitoria, el hospital HM Nens de Barcelona, además de la Universitat Autònoma de Barcelona, también formaron parte de un proyecto que venía a solventar una de las numerosas secuelas que deja la Covid-19 en algunos pacientes, tanto graves como más leves.

Los efectos de la infección en el sistema cardiovascular son comunes. La inflamación del músculo cardiaco y la formación de cóagulos y problemas en los vasos sanguíneos forman parte del amplio catálogo de dolencias que, en algunos casos, se prolongan durante meses y suponen todo un reto no solo para el sistema sanitario sino para la propia ciencia, que debe dar respuesta. Las mismas lesiones en la piel son otras de las consecuencia del patógeno.

Más allá de la gravedad del caso de la operación, marcada por el impacto grave de la enfermedad en su fase aguda, el coronavirus deja tras de sí a pacientes que, habiendo superado la infección, aún sufren efectos. La URV ha colaborado en la primera guía internacional sobre el manejo y diagnóstico de Covid-19 persistente en la Atención Primaria. El trabajo se titula ‘Long Covid-19: Proposed Primary Care Clinical Guidelines for Diagnosis and Disease Management’, detecta más de 40 secuelas con diferentes intensidades y frecuencias.

La lista de afectaciones es vastísima y está encabezada por las más comunes, como el cansancio, la fatiga, los dolores musculares, la quemazón respiratoria, las alteraciones digestivas, del gusto o del olfato, la caída del cabello, la niebla mental o la pérdida de memoria; desde los trastornos de sueño a la miocarditis –inflamación en el corazón presente a los dos meses en el 78% de pacientes–, pasando por la conjuntivitis, la fibrosis pulmonar, el vértigo, los mareos o el dolor de cabeza. La prevalencia de estos síntomas a largo plazo, incluidos también accidentes como trombosis, ronda el 10%, lo que solo en Tarragona supondría tratar a más de 7.500 personas, teniendo en cuenta únicamente los contagios oficiales.

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