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Tarragona Sociedad

Fundació Onada: comida y compañía para después del 'insti'

El comedor recibe cada día a un grupo especial de comensales: adolescentes del barrio de Campclar que comparten con sus usuarios

Norian Muñoz

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La comida se prepara en la cocina de la Fundació Onada. FOTO: N.M.

La comida se prepara en la cocina de la Fundació Onada. FOTO: N.M.

La comida huele bien y sabe mejor. Hoy toca arroz con vegetales de primero, hamburguesas de conejo y champiñones de segundo y, de postre, manzana. Todo cocinado allí mismo por Georgette, María y Mari Carmen.

Es el comedor de la Fundació Onada que se dedica a la atención e inserción laboral de personas con discapacidad o enfermedad mental. Aquí comen por turnos los usuarios de la entidad, los trabajadores y un grupo que, a priori, poco tiene que ver con el resto: seis adolescentes que vienen al terminar el instituto.

El proyecto por el que vienen se llama Comedor Joven, y la idea es garantizar una comida de calidad a chicos que, por distintas circunstancias, tienen dificultades para contar con una cada día.

Marta Tutusaus, gerente de la fundación, explica que uno de los objetivos de la Onada al establecerse en Campclar era crear sinergias con el barrio y sus entidades.

Así fue como se percataron de que, durante la primaria, los niños que más lo necesitan pueden contar con una beca para el comedor, «pero parece que esas necesidades desaparecen solo con cumplir doce años y pasar al instituto», explica.

Fue así como decidieron abrir el comedor a un grupo de adolescentes seleccionado por Serveis Socials. El que termina será el tercer curso en que se pone en marcha el proyecto. Los dos primeros años contaron con el apoyo económico de La Caixa y de Dow y este años todo ha corrido a cargo de la fundación. El año que viene el proyecto continuará, aunque todavía no cuentan con ningún patrocinio.

En esta oportunidad los participantes son seis chicos y chicas de 12 a 16 años y la intención no es sólo que coman, sino que compartan con los usuarios de la entidad y participen en actividades lúdicas y de sensibilización. Una integradora social les acompaña en todas las comidas.

«Me sienta bien venir aquí»

Ayer los chicos no podían acudir porque estaban en actividades de fin de curso en el instituto, pero dos de ellos nos dan por teléfono su opinión: «Me gusta venir aquí por las risas y por conocer gente nueva, las personas con discapacidad me caen bien», dice una. «Son súper majos y muy divertidos. Con la monitora, después de comer, nos sentamos y hablamos de nuestras cosas, de cómo estamos. Me sienta bien venir aquí», cuenta otro.

Tutusaus explica que es una relación en la que todos ganan. Los chicos, además de comer y hacer grupo (vienen todos juntos desde el instituto), conocen a personas nuevas, mientras que los usuarios de la entidad también tienen la oportunidad de acoger a los chicos y conversar con ellos.

A diferencia de los comedores escolares, aquí los chicos podrán seguir viniendo durante el mes de julio. No es obligatorio quedarse, pero lo hacen, «así que creemos que están a gusto», comentan desde la fundación.

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