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Conocer en familia la anella mediterrània

Cuando faltan poco más de dos meses para los juegos, decenas de personas pudieron conocer ayer de la mano de Pere Valls uno de los principales enclaves

Àngel Juanpere

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Pere Valls conduciendo al primer grupo de la visita guiada al recinto.

Pere Valls conduciendo al primer grupo de la visita guiada al recinto.

La Anella Mediterrània se abrió ayer a Tarragona, al menos a las decenas de familias que no quisieron perderse  la jornada de puertas abiertas aprovechando la 5a Trobada dels Tarraconins Saludables.

Mientras en el Bosc Mediterrani los más pequeños podían practicar diferentes disciplinas –judo, balonmano, atletismo, ping-pong o bádminton–, algunos prefirieron conocer algunas de las curiosidades de este emblemático espacio, el segundo más grande de Catalunya deportivamente hablando –después de Montjuic–, recordaba el guía Pere Valls, uno de los ideólogos de los Juegos Mediterráneos de Tarragona. 

Valls –que atendió a tres grupos durante la mañana– hizo una descripción general de la Anella: «En el caso de lluvia durante varios días, el agua se recoge en un depósito y va al lago», que cada cinco día cambia el agua.

Y es que el complejo, decía, se caracteriza por el ahorro energético, la eficiencia, la accesibilidad y la sostenibilidad. La visita siguió hacia el campo de rugby, desde donde se ve la futura piscina olímpica, todavía a medio hacer, tanto que ayer había obreros trabajando.

 El ping-pong también estuvo presente como disciplina.

Una instalación con una grada fija para 800 personas y 1.200 en la desmontable. Al otro lado del paseo está el Palau d’Esports. El tejado, recubierto de cerámica, hace de aislante.

Pero, ¿y las placas solares?, preguntaba una asistente. «No hay. Ha habido mucha gente que me lo ha preguntado. Hay una razón, pero no la sé».

La última parte del recorrido fue la pista de atletismo, que ayer acogía competiciones. «Todo es nuevo», no paraba de repetir, todo excepto una de las gradas, que era nueva, no como la pista, que fue construida hace 30 años. Ahora incluso está homologada por la federación internacional. 

Y al final de la fiesta apareció Tarracus, la mascota que fue la encargada de sacar unos boletos del sorteo de dos lotes de merchandising.

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