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Tarragona Sociedad

Crece tímidamente la contratación de personas con discapacidad

2017 se cerró con un 4% más de personas de este colectivo que encontraron trabajo en la empresa ordinaria en la provincia. Aumentan los contratos, pero se está lejos de cumplir la ley

Norian Muñoz

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Trabajadores del Centre Especial de Treball de Fundació Onada en el huerto de la fundación en Camp Clar.   FOTO: Pere Ferré

Trabajadores del Centre Especial de Treball de Fundació Onada en el huerto de la fundación en Camp Clar. FOTO: Pere Ferré

El crecimiento es discreto, pero da motivos para albergar cierto optimismo. El año pasado se cerró con la contratación de 1.533 personas con discapacidad en la demarcación de Tarragona. Fueron 10 más (un 1%) que el año anterior. Y dentro de este grupo, otro dato relevante: 537 encontraron empleo en el mercado ordinario, una cifra que aumentó un 4% respecto al 2016. Son datos del Servicio Público de Empleo Estatal compilados por la Fundación Adecco.

Marta Tutusaus, directora de Fundació Onada, una entidad dedicada a la atención de personas con discapacidad, ha podido constatar, con su propia experiencia, que, a pesar de las dificultades, el empleo de este colectivo mejora poco a poco. Pone un ejemplo: una empresa química local que comenzó contratando a una persona con discapacidad para trabajar en recepción y ya tiene tres empleados y está buscando un cuarto.

En el caso de Onada, que en Tarragona tiene sede en Campclar, el año pasado consiguieron la inserción en la empresa ordinaria de 46 personas, cinco más que el año anterior.

Aquí cada empleo conseguido se celebra como un triunfo. Es una labor minuciosa que implica visitar empresas del territorio (57 el año pasado) y vencer prejuicios y desinformación.

Nieves López, técnica de inserción laboral, explica que la mayoría de las empresas que contratan lo hacen porque les obliga la ley  de inserción laboral de personas con discapacidad (LISMI), que establece una cuota mínima de un 2 por ciento de empleados con discapacidad para empresas de 50 o más empleados. 

No obstante, estamos muy lejos de cumplir con las metas. Según un estudio dado a conocer la semana pasada de la consultora Leialta, el 81% de las empresas españolas incumple la norma. López está convencida de que no se trata sólo de falta de interés, sino de desconocimiento. Lo dice porque se ha encontrado en más de una oportunidad con empresarios que «cuando les hablas de personas con discapacidad sólo piensan en alguien con silla de ruedas o síndrome de Down, cuando estamos hablando de un grupo de personas muy diverso».

Empresas que se atreven

En el caso de las empresas que deciden dar el paso de contratar a alguien con discapacidad, hay diferentes fórmulas; algunas son contratar un servicio que emplee a personas con discapacidad; otra es la contratación directa, como se haría con cualquier otro empleado, y también está la opción de contratar un puesto específico. En este último caso, por ejemplo, lo que se hace, explica Tutusaus, es que la fundación se encarga de tener siempre un trabajador que se ocupe del puesto en cuestión cuando, por ejemplo, el empleado pueda estar de baja. «Es una fórmula que da seguridad. Además nosotros siempre hacemos de puente entre el trabajador y la empresa».  

Acompañamiento desde cero

El proceso para la persona con discapacidad en el caso de Onada y de muchas otras entidades comienza con un proceso de acogida en el que se evalúan todas sus posibilidades de empleo y se les inscribe en una bolsa de trabajo. En el caso de la demarcación, trabajan en red, gracias al programa Incorpora de ‘la Caixa’, 11 entidades. En Tarragona ciudad, además de Onada, también trabajan en red Formació i Treball, Intermèdia, Ecom y Creu Roja. 

López señala que una de las ventajas de trabajar en red es que se aumenta la empleabilidad de las personas porque es probable que aparezca una oferta de empleo que no coincide con el perfil de las personas apuntadas en una entidad determinada, pero que sí está en otra.

A partir de aquí comienza un proceso para tratar de mejorar todas las competencias de los que buscan empleo, desde competencias relacionadas con el hecho de trabajar propiamente dichas, como cursos específicos de cocina, de jardinería, limpieza e informática, por ejemplo. 

La persona podría pasar a formar parte de un Centro Especial de Trabajo, donde sólo trabajan personas con discapacidad y recibe una remuneración a cambio en la empresa ordinaria, que es el objetivo deseable.

Ingenio y adaptación

La intención es adaptarse a las necesidades de cada persona y también a sus aspiraciones. Tutusaus explica, por ejemplo, que desde septiembre tienen el apoyo del Departament de Treball para hacer un proyecto con 10 personas con «especial dificultad» y ya hay dos que han encontrado trabajo. Una de ellas es un joven que deseaba ser mecánico, pero por sus características no habría podido terminar un ciclo de formación profesional. Una empresa le ha contratado como aprendiz de mecánico durante un año. «Ese era su sueño, pero por la vía de la formación reglada iba a ser muy complicado», explica.

Las ventajas, como para cualquiera que encuentra trabajo, son innumerables, pero en este caso también implican una buena dosis de autoestima y de poder relacionarse con otras personas. «Tener un trabajo es tener una vida, una vida alejada de los guetos», apunta Tutusaus, quien apunta que muchas personas con discapacidad se quejan de que sólo tienen oportunidad de relacionarse con personas en su misma condición.

La fundación se encarga de ayudar a la persona en todo lo que hace falta para su adaptación al medio de trabajo. En algunos casos simplemente se trata de cerciorarse de que sabe llegar hasta el sitio, y en otros, una adaptación del puesto de trabajo.
Durante la adaptación se da, además, formación a los compañeros de trabajo. Al final, las empresas cuando vencen prejuicios ganan «sensibilidad hacia el entorno, aceptación y ellos también salen del gueto», apunta.

Después de la crisis, crecer más allá de la recuperación 

Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco,  considera que en el aumento de contrataciones «el principal factor es una recuperación económica que, hasta la fecha,  ha sido inclusiva, unido a un paulatino cambio de mentalidad en las empresas, que comienzan a valorar el talento por encima de la discapacidad. Asimismo, las propias personas con discapacidad, especialmente las nuevas generaciones, están abanderando un cambio de paradigma, planteándose un futuro profesional como el de cualquier otro ciudadano».

Por otra parte, Mesonero no olvida la importancia de seguir apoyando a las personas con discapacidad en su acceso al empleo: «son todavía muchas las que podrían trabajar y no lo hacen debido a prejuicios y estereotipos (recordemos que su tasa de actividad es del 36%, frente al 59% general). Por otra parte, es vital garantizar que su contratación no obedece exclusivamente a la recuperación económica», apunta.

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