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Cuando el médico te atiende en tu idioma

Asistencia a los extranjeros. Traductores median entre el facultativo y el paciente. Ya son 1.500 los turistas visitados este año

Carla Pomerol

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Cuando el médico te atiende en tu idioma

Cuando el médico te atiende en tu idioma

Desde un náufrago que saltó del barco, pasando por una expedición inglesa del Imserso que llegó a Tarragona en autobús, y acabando por un apuñalado en Suiza. Estas son algunas de las historias que se han vivido en el servicio de atención a los pacientes extranjeros de la Xarxa Santa Tecla y que más adelante descubriremos. Se trata de un servicio que nació en 2013, cuando el hospital decidió internalizarlo. Antes era una empresa externa quien lo ofrecía. Durante el año 2018, fueron 3.000 los extranjeros atendidos entre el Hospital Santa Tecla y el del Vendrell. La mayoría de ellos se acumulan en verano. Este año, ya son 1.500 los turistas que han sido visitados.

En el servicio trabajan cuatro traductores, que ayudan al paciente desde el minuto 0 durante su estada al hospital. Los administrativos reciben a los enfermos, siempre apoyados por los traductores en caso de que el paciente no entienda el idioma. El servicio también se encarga de gestionar el tema burocrático. Por norma general, los turistas viajan con la Tarjeta Sanitaria Europea o con un seguro médico. El tercer paso del traductor es acompañar al enfermo durante su visita al doctor.

El servicio está en funcionamiento doce horas al día durante los meses de verano. Desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche. El Hospital de El Vendrell y los centros de atención primaria gestionados por la Xarxa Santa Tecla también cuentan con esta asistencia. Con los cuatro trabajadores del servicio se cubren hasta siete idiomas presenciales: el inglés, el francés, el alemán, el belga, el ruso, el catalán y el castellano. «Si viene algún chino no hay problema. Contamos con una empresa externa que cubre hasta 50 idiomas. En caso de necesidad, acudimos a ella», explica Montserrat Sambró, la cara visible del proyecto.

Los turistas que acuden al Hospital de Santa Tecla durante los meses de verano son principalmente franceses y rusos. También hay italianos y alemanes. «La sorpresa es el incremento de turistas rusos, que deciden comprar un paquete de vacaciones. El problema es que no tienen más dinero y no pueden hacerse cargo de los gastos del ingreso hospitalario. Por norma general, vienen sin seguro», explica Sambró. Es el caso de un paciente al que los familiares le regalaron el viaje y durante les vacaciones sufrió un infarto. No podía hacer frente a los gastos. «No pensamos en eso. Le atendemos y luego ya nos peleamos con las aseguradoras», explican desde el servicio.

El náufrago de Santa Tecla

Sambró y su equipo cuentan con una larga lista de anécdotas con las que podrían escribir un libro. Ahí van algunas de ellas. Hace unos dos años, los periódicos explicaban que el capitán de un barco había saltado del buque a su paso por Tarragona. Lo estaban buscando. La sorpresa fue que el náufrago se encontraba ingresado en el Hospital de Santa Tecla, pero no abría la boca para nada. La policía intentaba sonsacarle información de cómo había llegado allí, pero no había manera. Finalmente, el hermano del náufrago llamó al hospital para facilitar la palabra clave que permitiría al capitán empezar a desvelar secretos.

Otro caso curioso es el de un hombre que fue apuñalado en Suiza, pero que llegó hasta Tarragona para ser tratado. También es llamativo el caso de un grupo del Imserso que viajó desde Inglaterra en autobús. «Tuvimos que ingresar a cuatro ancianos. Tenían el paquete comprado y estaban obligados a ponerse bien antes del viaje de vuelta. Pero no fue así y algunos se quedaron aquí. A veces, también hacemos de asistentes sociales», apunta Sambró.

O el caso de una anciana que vino de vacaciones con su nieta de siete años y sufrió una angina de pecho. El hospital tuvo que hacerse cargo de la menor hasta que llegaron los padres tres días después. También es curiosa la historia de una familia holandesa que visitó la ciudad. Al llegar a Tarragona, llevaron al abuelo al hospital porque se sentía mal. Sufría alzheimer. «El hijo me dijo que iba a aparcar y que enseguida volvía. Una semana más tarde tuvimos que llamar a los Mossos porque no aparecía nadie», explica Sambró. Por no hablar de los jóvenes turistas que salen de fiesta por Salou. No llevan documentación y el tema burocrático se complica. Toda una aventura.

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