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Cuando una rampa decide tu nota

Los estudiantes de Primer Grado de Ingeniería Mecánica de la URV han diseñado sus propios vehículos para La Gran Remuntada, el XIII concurso de vehículos autopropulsados

Carlos Domènech Goñi

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Uno de los estudiantes a punto de iniciar la competición bajo la atenta mirada de sus compañeros. Foto: Lluís Milián

Uno de los estudiantes a punto de iniciar la competición bajo la atenta mirada de sus compañeros. Foto: Lluís Milián

Poleas, cuerdas, ruedas de bicicleta, de patinete, gomas elásticas, placas de madera y aluminio, pesas, garrafas llenas de agua, muelles... Estos y otros componentes son los que forman los vehículos que han diseñado los estudiantes de Primer Grado de Ingeniería Mecánica de la URV. El motivo, la participación en el XIII concurso de vehículos autopropulsados, titulado La Gran Remuntada, que ha organizado el profesor del ‘Projecte Integrador’ Ramón Artime.

En el certamen de este año, los alumnos han tenido que crear un vehículo capaz de deslizarse sobre una rampa y acumular energía cuesta abajo, para posteriormente usar la energía acumulada y deslizar el vehículo cuesta arriba. Todo ello sin el uso de energías ajenas como la electricidad o la gasolina. Además, cada vehículo transportará cuatro huevos de codorniz que deben llegar intactos al punto de partida. Los alumnos que consigan recorrer la mayor distancia cuesta arriba con su vehículo serán los ganadores.

«Con esta iniciativa intentamos que los alumnos comprendan cómo se trabaja en equipo. Un profesor alemán ha venido a impartirles clases sobre cómo organizarse, qué roles debe coger cada alumno dentro del grupo y, en definitiva, cómo poder llegar a conseguir el objetivo de la mejor forma posible», destaca Ramón Artime.

Ganas de aprobar

Los protagonistas se encuentran expectantes minutos antes de empezar la prueba. «Nuestro vehículo se basa en unos muelles con un sistema de poleas que se cargará a medida que descienda por la rampa. Esperamos que cuando llegue abajo no haya ningún problema...», declaraba inquieto Xavier.

No es el único que se muerde las uñas. «Nosotros hemos creado una caja de cambios con una impresora 3D. En teoría está diseñada para que no haya fallos. Ayer queríamos ganar, pero ahora firmamos el aprobado», comentaba Oriol junto con sus compañeros.

«Nuestro coche está formado por un rollo de persiana que se engancha a una rueda y a su vez al eje de las ruedas motrices. Teníamos el objetivo de ganar, porque nos habían comentado que el premio eran unas entradas de Moto GP, pero hemos visto que hay bastante nivel, así que nos conformamos con aprobar con buena nota», sentenciaba algo nervioso Miquel.

La razón de los nervios es obvia: si su vehículo gana la competición, obtendrán un 10 en la nota de la asignatura. Si por el contrario su diseño no es capaz de remontar la rampa, los estudiantes difícilmente superarán el 5. Aunque lo que muchos desean es sacar una nota razonablemente buena completando el reto. Su profesor, Ramón Artime, asegura que «los estudiantes llevan preparando el proyecto desde febrero. Nosotros evaluaremos el resultado del concurso, pero también tenemos en cuenta el diseño y el dossier que nos han entregado».

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