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Dos escuelas de Tarragona y otra de Reus, elegidas para ser centros de élite

Saavedra, Pau Delclòs y Marià Fortuny, seleccionadas por la Fundació Bofill en un programa que potencia el atractivo de centros con realidades sociales complejas

Norián Muñoz

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En la Escuela Saavedra se han especializado en la robótica. A partir de ahora contarán con el apoyo de la URV. FOTO: Pere Ferré

En la Escuela Saavedra se han especializado en la robótica. A partir de ahora contarán con el apoyo de la URV. FOTO: Pere Ferré

Convertir escuelas con realidades complejas (con un porcentaje de alumnos inmigrantes por encima de la media, muchos niños con bajo nivel económico, poca matrícula...) en centros innovadores a los que cualquier familia aspiraría a llevar a sus hijos.

Ese es el objetivo del programa ‘Magnet, alianzas para el éxito educativo’, que desarrollan la Fundació Jaume Bofill y el Departament d’Ensenyament de la Generalitat.

Sergi Moncusí, profesor de la Escuela Saavedra,
con Robofash, el robot del centro. FOTO: Pere Ferré

En una primera fase el proyecto piloto se desarrolló con resultados muy positivos en seis escuelas de Barcelona. El curso pasado se amplió a nueve colegios y este año se incorporaron 15 centros más.

Este curso Tarragona debuta en el programa y es la única ciudad que contará con más de un centro: las escuelas Pau Delclòs y Saavedra. (En Reus también ha sido elegida la escuela Marià Fortuny).

La peculiaridad del proyecto, que se desarrolla a tres años vista con un cuarto año para la consolidación, es que las escuelas no están solas para obrar la transformación, sino que cuentan con el apoyo de un socio, una institución de prestigio en su ámbito (ciencia, tecnología, arte, comunicación audiovisual...) que se compromete a trabajar mano a mano en el desarrollo del proyecto diferenciado de la escuela. 

El precio de vencer los prejuicios

En el caso de la Escola Pau Delclòs, su directora, Coloma Bartra, reconoce que lo que le animó a presentar su candidatura fue conocer experiencias como la de una escuela en el barrio del Raval en Barcelona al asociarse con el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) con estupendos resultados.

Para ponerse en situación habría que contar que la escuela Pau Delclòs, que está ubicada a pocos pasos de la Rambla Nova, la arteria más noble de la ciudad, paradójicamente no acoge a muchos de los niños que viven en la zona. Valga como referencia que aquí el 44% del alumnado es inmigrante (de los cuales el 10% ha llegado en los últimos dos años), el 41,5% de los niños tiene ayuda de comedor y el 12% son de etnia gitana. 

Además, año tras año el número de alumnos inmigrantes crece muy por encima de la media de la población en general a la par que las familias de la zona no se matriculan. Así, siempre queda una cantidad de plazas vacantes que se ocupan con la matrícula viva (los alumnos que se incorporan con el curso empezado) y que en muchos casos son alumnos de bajo nivel socioecnómico... La pescadilla que se muerde la cola.

En definitiva, un ejemplo de segregación escolar, un fenómeno que deja en desventaja a los alumnos más vulnerables, puesto que está ampliamente demostrado que este alumnado obtiene mejores resultados si se escolariza en centros más heterogéneos.

Pero estos datos estadísticos no retratan, ni mucho menos, la realidad de excelencia de la Escola Pau Delclòs. En los últimos años han ganado diez reconocidos premios como los Baldiri i Reixac (incluido uno a la calidad global de la escuela), los que otorga el Institut Municipal d’Educació y un proyecto Recercaixa, entre otros.

Y si faltaran pruebas de que hay un equipo de docentes comprometidos, basta con conocer su extenso plan de fomento de la lectura o la joya de la corona: el aula de ciencias. Es una especie de laboratorio-sala de exposiciones que se ha ido consolidando con los años y por el que pasan los alumnos de todos los niveles. De hecho, tienen a un docente dedicado expresamente al aula.

En la escuela Pau Delclòs han conseguido implicar al alcalde y al delegado de Ensenyament, entre otros. FOTO: Alfredo González

Ahora, con el proyecto Magnet la idea de la escuela es dejar claro lo que no siempre es evidente: que aquí se trabaja mucho y bien. Para lograrlo, su socio en la aventura no podía estar más en consonancia con su vocación científica: el Intitut Català d’Investigació Química (ICIQ), un centro de investigación en química de referencia internacional y que ha sido reconocido como centro de excelencia Severo Ochoa.

No es la primera vez que la institución colabora con la escuela, pero con el programa Magnet toca implicarse a fondo. Laia Pellejà, responsable de divulgación del ICIQ, explica que a pesar de su amplia experiencia divulgando la ciencia, es la primera vez que se plantean el reto de trabajar con niños tan pequeños. «La idea es que sientan que el ICIQ es su segunda casa», apunta. 

La intención es que la ciencia esté presente en los diferentes  procesos de la escuela. No se trata sólo de aprender de ciencias, sino de que, por ejemplo, los chicos desarrollen sus habilidades comunicativas para explicar los resultados de un experimento.

La revolución de la robótica

Es todo un logro que la ciudad se estrene con dos escuelas en el programa Magnet, tal como explica Francesc Roca, concejal de educación, quien relata que fue toda una apuesta apoyar ambas candidaturas. Ahora el ayuntamiento será el encargado de financiar los honorarios del asesor de la Fundació Bofill que trabajará en ambas escuelas.

Y si en Pau Delclòs la inspiración para el proyecto llegó con la ciencia, en Saavedra llegó con la robótica, algo que tiene fascinados a los alumnos. 

Buena parte del mérito, en una escuela que también sufre las consecuencias de la segregación y donde los profes se pierden tratando de contar el número de nacionalidades de sus alumnos, la tiene ‘el profe del chándal’. Es Sergi Moncusí, el profesor de Educación física y un entusiasta autodidacta de la tecnología.

Explica la directora de la escuela, Leonor Franch, que se decidieron a darle alas al ver el entusiasmo que ponían los chicos en una actividad en la que participan todos por igual, independientemente del nivel que tengan. «Creemos que la tecnología puede cambiar la escuela, nos puede llevar a reflexionar la manera de aprender y de imaginar soluciones», dice.

Es así como han conseguido, con mucho esfuerzo, montar un aula de robótica por la que pasan todos los niños de P3 a sexto de primaria y de la que salen auténticas maravillas, como un robot que bautizaron el miércoles como Robofash (el nombre lo decidió la comunidad educativa en una encuesta vía web).

Pero si de algo están orgullosos es de haber obtenido el primer premio en la final de la Setmana del Codi URV que organizan conjuntamente Aliança STEM, la Escola Tècnica Superior d’Enginyeria de la URV y el Grupo de Desarrolladores Google de Tarragona.

Ganaron el premio con un ‘piano de agua’ que crearon para regar, de manera divertida, el frondoso huerto de la escuela. A simple vista parece apenas una tabla a la que están pegadas una serie de botellas de plástico, pero la sorpresa llega cuando se conecta el sistema de riego, las botellas se llenan de agua y los niños ponen la mano, debajo de una u otra botella: cada una reproduce una nota musical. 

Nos muestran un vídeo de los niños exponiendo su trabajo en público con sorprendente exactitud y aplomo. Al final hasta se atreven a tocar una estrofa de We will rock you, de Queen.

Justamente el socio de la escuela para el Magnet es la Escola Tècnica d’Enginyeria (ETSE) de la URV. Antonio Moreno, en nombre de la ETSE, se puso a disposición de la escuela para comenzar a trabajar a fondo. En este caso la intención es desarrollar la metodología STEAM que engloba las ciencias, las matemáticas, la tecnología, la ingeniería y el arte.

Todos a una

Pero las colaboraciones para el proyecto Magnet no terminan aquí. Asistimos a dos reuniones en las que las escuelas elegidas consiguieron sentar en una misma mesa y ganarse para su proyecto al alcalde Josep Fèlix Ballesteros; al delegado del Departament d’Ensenyament de la Generalitat, Jean Marc Segarra; el concejal de educación, Francesc Roca; a la Directora del Imet, Montserrat Fortuny, y a la inspectora Teresa Freixas.

De esas reuniones salió el compromiso de las administraciones municipal y autonómica de trabajar en aspectos que tienen que ver con la equidad educativa y que escapan a la acción de las escuelas, como revisar la zonificación escolar de la ciudad y escolarizar de manera equilibrada a los alumnos con necesidades socioeconómicas especiales.

Ballesteros reconocía que pensar en las escuelas implica pensar en la ciudad en su conjunto, en la movilidad, en la seguridad, el urbanismo... Y Segarra recordaba que, por fin, ambas administraciones se han puesto de acuerdo  para hacer un plan de equipamientos educativos para la ciudad a largo plazo que estará listo antes de terminar el año. Tal vez estas escuelas ya hayan comenzado a ejercitar su magnetismo.

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