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El PSOE gana y las derechas no suman

Análisis. Los socialistas doblan en escaños al PP (123 frente a 66), que firma un batacazo histórico.Necesitan pactar pero podrían gobernar incluso sin el apoyo del independentismo

Raúl Cosano

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Pedro Sánchez, festejando su victoria en la sede del PSOE este domingo por la noche. Foto: EFE

Pedro Sánchez, festejando su victoria en la sede del PSOE este domingo por la noche. Foto: EFE

El PSOE ganó once años después unas elecciones generales. Los socialistas lograron ayer una victoria amplia aunque no avasalladora (123 diputados), doblando prácticamente en escaños a un PP (66) que cosecha un batacazo histórico, no previsto por las encuestas. 
Ese fracaso popular resulta fundamental para comprender el resultado entre bloques, uno de los frentes que se dirimían en esta visita a las urnas: las derechas no suman –era uno de los posibles escenarios– y se quedan muy lejos de los 176 parlamentarios que dan la mayoría absoluta. 

Ni el abultado incremento de Ciudadanos –pasa de 32 diputados a 57– ni la espectacular irrupción de Vox –entra en el Congreso con 24– sirven para que la aritmética brinde al tripartito de derecha posibilidades de gobernar. El chasco del PP deja la suma de esas tres fuerzas en la insuficiente cifra de 147 escaños en el hemiciclo. 

Ahora bien, el PSOE no tendrá fácil formar ejecutivo en un Congreso de nuevo fragmentado y con la gobernabilidad muy difícil. No será suficiente un supuesto pacto con Podemos, el entendimiento natural –al menos por lo visto en campaña–, dado que los de Pablo Iglesias padecen un retroceso de diputados que les lastra (de 71 a 42, sumando en ese cálculo todas las confluencias, incluyendo a En Comú Podem). Esas 165 ‘sillas’ resultantes precisan de más acuerdos para que Pedro Sánchez pueda reeditar su presidencia. 

El PSOE quizás pueda, incluso, elegir socio para gobernar, y en esa necesidad los partidos independentistas podrían tener también mucho que decir. El gran incremento de ERC –claro ganador en Catalunya y también en Tarragona–, que pasa de nueve diputados a 15, puede otorgar a los republicanos la llave del Gobierno.

El papel del independentismo
Es, solo en parte, un panorama similar al que posibilitó la moción de censura a Mariano Rajoy y solo un año después el portazo a los presupuestos generales que provocó el final de la legislatura y la llegada a estas elecciones. Un acuerdo con ERC podría servir para gobernar, pero no así con Junts per Catalunya, la otra formación independentista en liza. El partido de los presidents Carles Puigdemont, Quim Torra y Artur Mas logra siete escaños, menos de la mitad de los de ERC y es uno de los grandes perdedores, relegado a un papel de secundario en el flanco soberanista.  

Hay que tener en cuenta que ERC, el partido de Oriol Junqueras, ha mostrado en los últimos días un interés creciente en entenderse –sin concretar la fórmula– con Sánchez, casi como un mal menor –la derecha amenazaba de entrada con una aplicación inmediata del 155 si llegaba al poder–. Desde ese prisma soberanista, a los republicanos les interesaba que Sánchez saliera reforzado y con más margen para negociar, tal y como así ha sucedido.  

¿Otro pacto con Ciudadanos?
Hay otra posibilidad de gobierno socialista, a día de hoy menos probable pero no descartable, que goza con el máximo apoyo de la estadística: una alianza PSOE-Cs sería suficiente para hollar la mayoría absoluta. Sin embargo, los propios militantes del PSOE, reunidos ayer por la noche ante la sede de Ferraz para seguir el discurso de Sánchez, ya dejaron claro con sus cánticos su posicionamiento: «Con Rivera, no». Es de esperar que las presiones del mundo empresarial en esa línea se hagan notar de aquí en adelante. Aunque hoy parezca difícil, hay que recordar que en 2016 Sánchez y Rivera se pusieron de acuerdo y formalizaron un pacto «progresista y reformista» para hacer presidente al socialista. 

En resumen: con Ciudadanos los socialistas suman 180 diputados, pero también bordean la mayoría absoluta con Podemos y los nacionalistas del PNV, Compromís, Coalición Canaria y los regionalistas cántabros. Necesitaría bien el apoyo, bien la abstención de ERC para una investidura.

En cualquier caso, el PSOE se queda al borde de la mayoría para gobernar incluso sin el apoyo independentista, de forma que la derecha asumió desde el primer momento la imposibilidad de formar gobierno, dado que la entente entre PP, Cs y Vox difícilmente encontrará apoyos en los partidos más pequeños, algo que sí es mucho más factible en el caso de posibilitar una coalición de izquierdas. Por decirlo de otro modo: no hay una mayoría alternativa a la victoria de Sánchez y, cueste más o menos esfuerzo y tiempo, se encamina a ser presidente y no se contempla, a priori, un bloqueo tan enquistado o una repetición electoral como ocurrió en 2016. 

La noche electoral deja otras conclusiones, como la entrada de la ya pronosticada extrema derecha en el hemiciclo. Si bien Vox ha logrado desde el extraparlamentarismo acceder a las Cortes con 24 diputados, la cifra se queda muy lejos de lo que apuntaban las encuestas y los mismos sondeos a pie de urna difundidos ayer, todo un alivio para las voces que alertaban del peligro de que la ultraderecha adquiriera protagonismo en el panorama político e incluso fuera decisiva para gobernar. Así, Vox, que incluso creyó que podía ser la tercera fuerza del Congreso, se tuvo que conformar con la quinta plaza y la tercera en el bloque de la derecha. En ese frente, el PP logra conservar el liderazgo pero muy asediado por Cs, que le ha recortado terreno hasta situarse a sólo nueve escaños de diferencia. Para ver la magnitud de la tragedia de los populares –no prevista, además, en los sondeos– hay que hacer la comparativa con 2016: entonces el PP le sacó 105 diputados a Cs.

Otra de las lecturas tiene su origen en las pasadas elecciones andaluzas. El inesperado éxito de Vox, que posibilitó el acuerdo a tres con PP y Cs y un cambio de Gobierno histórico en tanto que se echaba al socialismo del poder, ha puesto ahora sobreaviso a parte del electorado y a esa izquierda que no se movilizó en Andalucía y ahora sí lo ha hecho. De ahí la altísima movilización en estos comicios. La participación en las elecciones generales ha sido del 75,80%, nueve puntos más que en la convocatoria de 2016.

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