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Tarragona Vivienda

El Serrallo se cae

El Ayuntamiento se ha hecho cargo, de manera subsidiaria, de los trabajos en un edificio que supone un peligro para los peatones. Pero este no es el único inmueble dañado

CARLA POMEROL

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Los operarios han tapiado, el edificio de la calle Gravina. FOTO: ALBA MARINÉESTADO ACTUAL DEL CALLEJÓN, UBICADO PARALELO A LA VÍA DEL TREN. FOTO: ALBA MARINÉ

Los operarios han tapiado, el edificio de la calle Gravina. FOTO: ALBA MARINÉESTADO ACTUAL DEL CALLEJÓN, UBICADO PARALELO A LA VÍA DEL TREN. FOTO: ALBA MARINÉ

El paisaje de primera línea de mar de El Serrallo es idílico. Restaurantes que sirven el mejor pescado de la ciudad, fuentes con luces sincronizadas con la música y embarcaciones típicas de un pueblo con tradición pesquera. Todo muy bonito. ¿Pero, y el interior del barrio, cómo está? La respuesta, según los vecinos, es mal. El problema principal tiene que ver con los edificios en mal estado. Algunos de ellos están abandonados, llenos de suciedad y de plagas. En la mayoría de los casos, los propietarios no garantizan su seguridad. Las fachadas se caen, lo que ayuda a acelerar el deterioro del interior del barrio marinero.

Un claro ejemplo es el edificio de la calle Gravina, 9 –también alcanza la calle paralela, Sant Pere, número 10–. El bloque lleva muchos años abandonado. Primero se ocupó de manera ilegal y, más tarde, se convirtió en un nido de palomas. El inmueble iba deteriorándose poco a poco, hasta que el interior cedió, llevándose por delante paredes y pavimento. El edificio se convertía así en un auténtico peligro, tanto para los vecinos como para los peatones que pasaban por las aceras de ambas calles.

La Associació de Veïns del Serrallo comunicó la grave situación al Ayuntamiento. Pero no fue hasta que una vecina denunció los hechos al consistorio, cuando este se puso manos a la obra. La casa de la mujer colinda con el inmueble abandonado, lo que le causaba cierta molestia. Desde hace unas semanas, la calle Sant Pere está cerrada al tráfico y los coches no pueden aparcar. Después de muchos años, el Ayuntamiento está realizando las obras de manera subsidiaria, ya que los propietarios no han llevado a cabo ninguna de las medidas cautelares dictadas por los servicios de Territori del consistorio.

La actuación es de emergencia, con el fin de solucionar el estado de abandono de la finca. «El inmueble cuenta con deficiencias muy graves, incluyendo un posible riesgo para las personas, cosas y vía pública», aseguran fuentes municipales.

El propietario ha incumplido los plazos fijados en las órdenes de ejecución de obras, que se refieren a trabajos de rehabilitación. Ahora, el Ayuntamiento actúa de manera subsidiaria y, después, los titulares del inmueble deberán hacer frente a los costes.

Algunas de las medidas que se han tomado son el apeo estructural de los techos de todas las plantas y de la escalera, la retirada de los trastos, el saneamiento de la fachada y la instalación de una red de protección, tanto en la calle Gravina como en Sant Pere. Además, justo ayer, los operarios tapiaron todas las aperturas –balcones, puertas y ventanas– del edificio, para impedir el acceso a personas o animales.

Pepa, quien vive justo delante del inmueble en cuestión, asegura que «la situación, hasta ahora, era un poco alarmante. Nos daba miedo porque pensábamos que cualquier día se caería».

No es un caso aislado

Pero este no es el único edificio que preocupa a los vecinos. Son muchos los inmuebles en el barrio que están recubiertos con una red protectora o rodeados de vallas para evitar el paso de peatones.

Un ejemplo es el callejón –sin nombre– que hay al lado de la vía del tren. Esta avenida va a parar en la «trágica» esquina de la calle Sant Andreu con Espinach. El paso está, desde hace meses, cortado con vallas y una cinta de seguridad de la Guàrdia Urbana. El motivo es el mal estado de uno de los edificios más conflictivos de El Serrallo, conocido como El Rancho Grande. La mayoría de pisos están ocupados de manera ilegal y la fachada lateral está en muy mal estado. Prueba de ello son los desprendimientos de los últimos días. El cristal de la puerta de entrada del inmueble está roto y la imagen que presenta es deplorable.

Estado actual del callejón, ubicado paralelo a la vía del tren. FOTO: alba mariné

Justo al lado, en la calle Espinach, 1, se vive una problemática similar. Se trata del edificio que conecta directamente con la antigua fabrica del hielo. La fachada está en mal estado, su interior peor y las ventanas que hay dejan entrever el nido de palomas que se ha afincado. Según ha podido saber el Diari, los propietarios –un fondo buitre– se encuentra en un proceso legal para echar a los ocupas que viven allí desde hace pocos meses.

En la calle Gravina y en Sant Pere hay dos bloques más dañados. Ambos tienen colgado en el balcón el cartel de Se vende. El aspecto es de total abandono. Por otro lado, en la calle del Callao (el bloque que hay encima de la antigua Catalunya Caixa), una red de color verde protege toda la fachada. Y en la calle Trafalgar, número 29, justo al lado de la iglesia de Sant Pere, hay otro inmueble con historia. Tiene cuatro plantas y habitualmente está ocupado ilegalmente. Ahora, ya está protegido con una red.

La voz de los restauradores

El deterioro de las fachadas y edificios del barrio marinero no solo perjudica al día a día de los vecinos, quienes ven peligrar su vida. También afecta negativamente al progreso comercial de El Serrallo. «Necesitamos un plan integral de la zona, tal como se hizo en la Part Alta», asegura Josep Rosario, representante de la asociación de restauradores, quien añade que «si las fachadas estuvieran arregladas, se activaría el tejido comercial del barrio. La gente se animaría a abrir locales en las plantas bajas».

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