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El auge del patinete eléctrico acaba con los ciclomotores

Los nuevos aparatos han cambiado la forma de moverse por la ciudad y han relegado al ostracismo a un vehículo cuyas ventas han caído en la provincia en un 33 por ciento

Álex Saldaña

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Un hombre se desplaza por el centro de Tarragona sobre un ciclomotor, en una imagen que cada vez será más difícil de captar.  FOTO: A. S.

Un hombre se desplaza por el centro de Tarragona sobre un ciclomotor, en una imagen que cada vez será más difícil de captar. FOTO: A. S.

Los patinetes eléctricos y otros artilugios similares no sólo han revolucionado la forma de desplazarse por las ciudades, sino que han desbancado hasta prácticamente relegar al ostracismo al hasta hace apenas unos años el rey de las calles, el ciclomotor. En efecto, los patinetes ya han superado por primera vez en ventas a los ciclomotores. 

Así lo aseguran los datos y lo confirma Carlos, de Motos Tarragona, que dice sin paliativos que «el ciclomotor está muy muerto. Hace 15 o 20 años era la primera opción para moverse por la ciudad, pero ahora las ventas son insignificantes. No ha resistido la competencia de los nuevos aparatos de movilidad urbana y la gente prefiere esperar a tener el carnet de conducir coche y comprarse una moto de 125 cc».

Es el caso de Pablo, un hombre de mediana edad que se interesa por el precio de un patinete eléctrico en una gran superficie comercial de Tarragona. «Le prometí a mi hijo un ciclomotor cuando cumpliera 16 años, pero lo estoy pensando mejor y creo que mi mujer y yo estaremos más tranquilos si en vez de una moto va en uno de estos artefactos. Y cuesta mucho menos», dice.

Admite, eso sí, que a su hijo no le hace la misma ilusión. «Hombre, él prefiere la moto. Dice que liga más que un patinete. Pero no sé. Estamos decidiéndolo. Una de las opciones es esperar a que tenga 18 años, se saque el carnet de conducir coches y así le compremos una moto de 125 cc».

«Con el patinete tardo lo mismo, no tengo problemas para aparcar y no gasto en gasolina»

José María Riaño, secretario general de la Asociación Nacional de Empresas del Sector de Dos Ruedas (Anesdor), ratifica la crisis del ciclomotor y apunta que su caída se debe a que los nuevos vehículos de micromovilidad cubren necesidades similares.

El caso de Núria es paradigmático. «El año pasado por estas fechas estaba mirando un ciclomotor con mi marido. Necesitaba algo para moverme por la ciudad, pues vivo cerca del hospital Joan XXIIIy trabajo en la plaza de la Mitja Lluna. Me gusta caminar, pero como siempre voy con el tiempo justo, llegaba a la oficina sudando. Miramos precios y no acabábamos de decidirnos. Hasta que una compañera me aconsejó que me comprara un patinete eléctrico. Nunca había pensado en esta posibilidad, pero me convenció diciéndome que tardaría lo mismo que con una moto, no tendría que buscar dónde aparcarla ni estar pendiente de que me la robaran. Y encima, sería más sostenible y ahorraría dinero en gasolina. Dicho y hecho».

Núria habla mientras hace un alto en su camino para atender al Diari. Se desplaza por Tarragona sobre su patinete eléctrico blanco. «Creo que acerté. No me arrepiento. Con este cacharro me muevo por toda la ciudad y cuando llego a algún sitio lo doblo y me lo llevo a cuestas».

Una caída del 33%
Lejos de ser una excepción, los ejemplos de Pablo y de Núria ilustran una realidad cada vez más común que ha provocado que la venta de ciclomotores haya bajado un 33% en la provincia de Tarragona, muy por encima del 26,4% de media de caída de España. Una reducción que llama la atención en un contexto donde el mercado de la moto en general crece un 8,9%.

Los negocios dedicados al mundo de  la moto en Tarragona ven la situación con resignación

En este sentido, José María Riaño dice que la recesión en el mercado tarraconense del ciclomotor se debe sobre todo a que «progresivamente han surgido alternativas que sustituyen parte de este mercado, como el scooter ligero de 125cc, bicicletas asistidas, vehículos de micromovilidad, etc». Destaca Riaño que un fenómeno de impacto en el mercado del ciclomotor es la proliferación del ‘motosharing’, un servicio de alquiler de ciclomotores de corta duración gracias al cual podemos reservar una moto y usarla durante el tiempo que la necesitemos, para después liberarla y que la pueda utilizar alguien más. «Estas flotas –asegura el secretario general de Anesdor– tienen un impacto en el mercado total, pero se registran normalmente en Madrid o Barcelona, y contribuyen a explicar en parte las diferencias entre Tarragona y España».

«Sucede algo similar con la proliferación de flotas en empresas para reparto de última milla, propiciado por el auge del e-commerce y el reparto de comida a domicilio. Esto tiene un mayor impacto en las dos grandes áreas metropolitanas e igualmente resulta reseñable para explicar las diferencias entre España y Tarragona».

Los comercios de Tarragona dedicados a la venta de estos vehículos asumen la situación con más resignación que preocupación. «Es que las ventas de ciclomotores son muy residuales ya y no afectan en gran medida a nuestro negocio», dice un representante de Motos Busquets. Su aseveración coincide con la de Carlos, de Motos Tarragona: «Sí, se ha notado la crisis del ciclomotor, pero en cambio ha crecido la venta de motos más grandes». 
A la hora de buscar soluciones, ninguno se muestra muy optimista. «Habrá que asumir que la modernidad se impone. Quizá llegue la hora de la moto eléctrica», concluye Carlos, de Motos Tarragona.

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