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El doctor que estuvo sin techo

Luc Mbede, profesor camerunés, regresará dentro de poco a casa con un título de doctor bajo el brazo, toda una proeza porque se quedó en Tarragona sin ningún ingreso. Cuenta que sin Cáritas no lo habría logrado

Norián Muñoz

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Mbede ha terminado su doctorado en didáctica de lenguas extranjeras y vuelve en breve a su país.  Foto: Lluís Milián

Mbede ha terminado su doctorado en didáctica de lenguas extranjeras y vuelve en breve a su país. Foto: Lluís Milián

Luc Bonaventura Mbede, camerunés, profesor de instituto en su país, ya tiene el título de doctor por la URV, aunque, según cuenta, «en mi caso más bien se puede decir que soy doctor por Cáritas». Todo su agradecimiento con esta entidad y sus voluntarios está más que justificado.

Mbede, de 44 años, llegó a Tarragona en septiembre de 2012 tras ganar una beca de la URV para hacer un máster sobre la enseñanza de lenguas extranjeras. Lo que pasa, explica, es que los estudios de máster en su país no están homologados como estudios de postgrado y no tienen reconocimiento; «sólo se reconoce el título de doctor, que obliga a presentar un trabajo de tesis», aclara.

Todo fue bien al principio, los cuatro mil euros de la beca le permitieron cubrir los gastos durante el máster, pero decidió, por su cuenta y riesgo, quedarse a hacer el doctorado. «Allí comenzaron mis desgracias», explica.

Como tenía un NIE (documento de identificación de extranjeros) de estudiante, se encontraba legalmente en el país, pero no podía trabajar ni tenía derecho a ayudas o a la sanidad. «Mi vida se convirtió en un calvario, sin recursos, sin apoyo, sin techo, sentía una profunda amargura», relata.

Volver con las manos vacías

Pero regresar a Camerún no era una opción, no con las manos vacías. Su idea es volver a su país a investigar y a formar a otros profesores en lo que ha aprendido. «Si regresaba iba a ser como un gran perdedor... Mi empleador ya me había advertido de las dificultades, pero supones que en Europa hay cierta protección, que no puedes llegar a pasarlo tan mal si lo que quieres es completar unos estudios», relata. Desde el punto de vista práctico, además, tampoco tenía dinero para el pasaje de vuelta. «Me quedé dispuesto a aguantar carros y carretas», explica. Durante la conversación se ve que le encantan las expresiones y dichos españoles y catalanes.

La solidaridad de algunos compatriotas, algunos en una situación también difícil, le mantuvo a flote por poco tiempo. Fue justo uno de ellos el que le animó a ir a Cáritas.

Desde entonces las cosas comenzaron a cambiar. Le ofrecieron ayuda para comida y vivienda y, sobre todo, apoyo humano: «La gente tiene la falsa concepción de que Cáritas sólo reparte unos kilos de arroz y ropa vieja, y hace bastante más que eso».

Cuenta Luc que recuperó «la alegría de vivir, volví, por fin a sentirme dueño de mi destino y a hacer planes». Ahora su plan más inmediato es volver a Camerún, a su ciudad, Mbankomo, para poder compartir lo que ha aprendido y abrazar a su familia. La fecha de regreso dependerá de cuando obtenga la ayuda para el retorno voluntario de inmigrantes que también le está tramitando Cáritas.

Reconoce que, como muchos otros africanos, se lleva muchas reflexiones sobre el desarrollo y el subdesarrollo, los derechos humanos, los estereotipos... «Creo que en la vida hay cosas que puedes ganarte, como el cariño o la confianza, pero la dignidad es algo inherente al ser humano, ni se gana ni se pierde», sentencia.

Su último agradecimiento es para los voluntarios que le han ayudado desinteresadamente. «La vida les dará la recompensa que se merecen».

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