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El folk nocturno y épico en un palacio modernista de Reus

La banda tarraconense Harrison Ford Fiesta publica ‘La Fête’, su segundo disco, grabado en la decadencia del palacete Villa María. Escucha aquí algunos de sus nuevos temas recién editados

Raúl Cosano

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Pablo, César, David y Romain, en la masía modernista de Reus donde han grabado el disco.  Foto:  Pablo Luna

Pablo, César, David y Romain, en la masía modernista de Reus donde han grabado el disco. Foto: Pablo Luna

Harrison Ford Fiesta tienen nombre humorístico pero son un asunto muy serio. La banda tarraconense asombró con su disco homónimo de debut y vuelve ahora con 'La Fête', un prometedor segundo álbum que publican nuevamente con Foehn Records, el reputado sello barcelonés. Lo presentó recientemente en el Teatret del Serrallo, en el marco del festival 'Ja Veus'. 

El grupo se encerró en Villa María, un palacete modernista con efluvios decadentes a las afueras de Reus. «Queríamos disponer de todo el tiempo que nos hiciera falta, no tener limitaciones en estos sentidos, algo que en un estudio no puedes tener. Siempre nos ha molestado no disponer de esa libertad», recuerda el grupo. 

Allí armó el cuarteto todo su cuartel general para alumbrar un disco con el listón muy alto: debía superar el estreno arrollador de un trabajo que se había ganado el favor de la crítica y el apoyo de un público alternativo, capaz de saborear el riesgo y la experimentación: «Llevamos todo el equipo del que disponemos. Alquilamos la parte de equipo que nos hacía falta y compramos una mesa analógica Tascam, que nos ha dado también parte del sonido que tiene el disco. Una vez allí estudiamos la mejor manera de montar todo para que fuera lo más cómodo y adecuado posible». 

 

La casa era enorme. En la sala más grande instalaron la batería, las guitarras, los teclados y los amplificadores. «Allí teníamos una buena reverberación sobre todo para la batería, con la que poder aportar un sonido natural y enriquecido. Luego, en una habitación cercana montamos la sala de control, con la mesa y el ordenador. Montamos allí parte de los sintetizadores. Allí podíamos hacer una buena escucha del sonido que íbamos a captar de cada instrumento», relatan. 

No había una intención previa en cuanto a la sonoridad pero, con el repertorio grabado, sí se ve evolución: «Hemos dejado un poco la parte folk del primer disco. Las melodías son más discretas y sobrias. Los temas se centran más sobre el ambiente y las texturas. Es más nocturno, oscuro y cinematográfico que el primero».  

En el palacio reusense Romain, César, Pablo y David se movieron a su antojo. «Hay voces y guitarras que hemos grabado en una escalera que subía hacía los pisos superiores de la casa, es un hueco muy alto, ya que la mansión tiene cuatro plantas. A veces poníamos un micro en mitad de la escalera para captar sonidos con la reverberación que sonaba en ese hueco. Hay muchas voces y arreglos que suenan así por haberlas grabado de esta manera, no hacía falta añadir plugins de reverb». 

 

En ese espacio de búsqueda y experimentación a veces se colaban pequeños sonidos bienvenidos, desde una moto de fondo hasta a César lavando los platos. A veces las jornadas se alargaban hasta 10 horas y la grabación, con interrupciones, duró entre cinco y seis meses. Canciones como 'La descente', 'L’autel', 'Walou' o 'Pas de quoi danser' forman parte de un álbum con nueve temas nuevos. 

'Geant' es una aventura sónica. En ella la estufa catalítica de la mansión contra el frío sirve para arrancar un tema con aires gélidos e industriales que habla sobre una refinería. La sobriedad y el minimalismo de 'L’invité' serán otro hallazgo para sus seguidores. 

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