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El reto de emanciparse en Tarragona, mejor en compañía

Referentes. Un proyecto propone a voluntarios convertirse en mentores de jóvenes extutelados. Tras una experiencia piloto, este año se han formado diez parejas en la ciudad

NORIÁN MUÑOZ

Whatsapp
Elisabet y Zakaria.  FOTO:DT

Elisabet y Zakaria. FOTO:DT

Se trata de gestos sencillos, como un WhatsApp para preguntar cómo ha ido un examen, o qué te ha dicho el médico; señales de que hay alguien a quien le importas.

Es justo lo que hace David Sanahuja (48 años) con su mentorado, Mohamed Ait, un joven de 18 años que acaba de comenzar su camino hacia la emancipación después de haber estado bajo la tutela de la Generalitat de Catalunya en un centro de protección de menores.

Pero David y Mohamed no se han conocido por casualidad; su relación se ha gestado gracias al proyecto ‘Amb tu’ que lleva adelante, por segundo año consecutivo, la asociación Quilòmetre Zero.

David Sanahuja y su mentorado, Mohamed Ait, en el Pont del Diable en una de sus salidas. FOTO:DT

En el proyecto un adulto voluntario (más de 30 años) acompaña a una persona joven, tutelada o extutelada (de 17 a 23 años) dos horas por semana. La idea es ofrecerles un soporte emocional, lúdico, lingüístico, pero, sobre todo, ayudarles en aspectos de la vida diaria, como encontrar trabajo o una vivienda.

Después de una exitosa experiencia piloto el año pasado con siete parejas, este año el programa llega a las diez parejas. Marina Claverías, Coordinadora de proyectos de Quilòmetre Zero y profesora asociada de la URV, reconoce que este año tenían más voluntarios de los que finalmente han terminado ejerciendo de mentores por falta de financiación. La entidad cuenta para este proyecto con la financiación de la Obra Social ‘la Caixa’, pero no tienen apoyo de ninguna administración.

El ‘emparejamiento’

Las relaciones de mentoría son supervisadas siempre por una trabajadora social que realiza la formación de los voluntarios. Este año los perfiles son de lo más variados, hay una ingeniera química, un psicólogo, un ambientólogo, un gerocultor...

El ‘matching’ o emparejamiento, se hace en base a la disponibilidad e intereses de unos y otros. Los jóvenes que participan son propuestos por el Àrea de Suport als Joves Tutelats i Extutelats de la DGAIA, aunque este año hay dos que llegaron por su cuenta, tras conocer la experiencia de otros compañeros que tenían «un mentor en su vida», cuenta Claverías.

Liliana e Ismail. FOTO: DT

Mientras dura la experiencia, la entidad hace un seguimiento en el que también participan los educadores sociales que trabajan con los chicos. Aunque es relativamente reciente en Tarragona, el programa se basa en la experiencia de más de veinte años de un proyecto de las mismas características que desarrolla la entidad Punt de Referència de Barcelona.

Actualmente la Generalitat está en contacto con las entidades que realizan estas prácticas porque hay interés en replicarlas.

Cada pareja decide qué hacer en el tiempo que tienen juntas. En su última quedada, por ejemplo, David cuenta, que estuvo hablando con Mohamed de la mejor manera se buscar una empresa para hacer sus prácticas. El joven está cursando un ciclo de Formación Profesional.

Aunque también han tenido tiempo para hacer deporte e ir al Pont del Diable, al Bosc de la Marquesa y otros sitios de la ciudad que Mohamed no conocía.

Como en toda relación que comienza, reconoce David, hay que romper el hielo y toca establecer el vínculo. Eso sí, cuando se crea, es muy gratificante. En la mayoría de los casos los chicos no conocen a otros adultos fuera de los técnicos con los que tienen contacto.

Este mentor dice que ha aprendido mucho de su mentorado. «Es una persona que, por las circunstancias, ha crecido muy rápido... A sus 18 ha vivido mucho más que yo en mis 48» asegura.

No obstante, recuerda que no hay que perder de vista que es un joven y David sabe de lo que habla porque tiene dos hijas de 20 y 13 años. Así, de vez en cuando, le falta alguien que les ayude a enfrentar asuntos prácticos que los chicos que viven con un familiar tienen resueltos, como organizar el tiempo o saber cómo llenar la nevera. «Y lo mejor es que como eres voluntario saben que lo que les dices es por su bien, pero no es una orden», cuenta.

Mohamed Oulhaj, otro participante del programa, pero del año pasado, cuenta que estaría muy bien que las y los chicos que salen de un centro de menores pudieran tener un mentor. En su caso fue Ingrid quien le acompañó el año pasado y quien todavía sigue pendiente de él «siempre me llama», explica.

Recuerda que ella le ayudo a estudiar y con los deberes. También fueron a la montaña, a Port Aventura, pudo a conocer a gente nueva y practicar el idioma. Ahora se está preparando la prueba de acceso al Grado medio y el carnet de conducir. «Se lo agradezco mucho», dice.

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