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El tarragonismo del Pau Delclòs

La escuela está inmersa en un programa para mejorar la competencia lingüística en catalán, difundir la cultura del país y generar entre el alumnado el sentimiento de pertenencia a la ciudad y a Catalunya

Jordi Cabré

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Alumnos del Pau Delclòs, situados delante de la Víbria con motivo del ciclo 'Santa Tecla a les escoles'. Foto: Cedida

Alumnos del Pau Delclòs, situados delante de la Víbria con motivo del ciclo 'Santa Tecla a les escoles'. Foto: Cedida

La Escola Pau Delclòs es un claro ejemplo de integración social en la ciudad. Muchos de sus alumnos tienen sus orígenes fuera de Catalunya y España. De hecho, hay hasta 27 nacionalidades bajo el mismo techo. Con esta Torre de Babel, la lengua más utilizada entre los chavales es el castellano.

Desde hace cuatro cursos, el equipo directivo –secundado por el profesorado– se planteó como mejorar la competencia lingüística del catalán entre el alumnado y mejorar los resultados de las evaluaciones de primaria en esta lengua. Paralelamente, el proyecto educativo pretendía expandir los conocimientos de la cultura catalana y sobre todo aumentar el sentimiento de pertenencia a Tarragona y su singularidad entre estos chavales que tienen orígenes muy diversos.

El reto que planteó el equipo directivo era complicado, pero debía hacerse algo urgentemente para mejorar la competencia en lengua catalana en la evaluación de sexto de primaria.

Tras el planteamiento del problema de Pau Delclòs, el centro programó qué recursos tenía para afrontarlo, qué carencias debía subsanar y qué metodología debía aplicar dentro y fuera de la escuela para que la estrategia calase y se vieran resultados a medio plazo, admite la directora, Coloma Bartra.

Con el tiempo, la prueba de competencia lingüística ha dado sus frutos. Los alumnos superan el examen por encima del 90%, una cifra impensable años atrás. Aparte, muchos han entrado en las colles castelleres, bailes tradicionales de la ciudad y se han hecho suya las fiestas como Santa Tecla o Sant Magí, entre otras.

Finalmente, la Escuela Pau Delclòs aporta cada mayo su granito de arena en la reconstrucción romana de Tarraco Viva y ha participado en la filmación de la serie Civiteca, dedicado a las ciudades españolas Patrimonio de la Humanidad.

Las conclusiones de este proyecto educativo es que la «escuela se ha convertido en un poderoso instrumento de éxito académico y de integración social», explica la directora. Independientemente del origen, lengua, cultura o nivel social y económico, «el trabajo continuo del profesorado y de la comunidad educativa en general consigue nivelar las diferencias y acercar el alumnado a la excelencia tanto como se lo permiten sus capacidades», añade la directora.

Pendientes del veredicto

Hace unos meses, Bartra oyó el nombre de Premi Ensenyament de la Fundació Cercle d’Economia. Éste tiene como objetivo dar un reconocimiento a proyectos emprendedores que fomentan el cambio, la iniciativa, la innovación y la mejora en la calidad de la educación. En Tarragona, el Institut Comte de Rius, es el único que lo ha ganado.

Bartra no se lo pensó. Entró en su página web, leyó las bases y redactó una memoria que entregó en enero. Antes del 2 de marzo, la directora recibió una llamada. «Habíamos pasado», explica. Poco después, miembros del jurado se personaron para conocer el proyecto y ver si éste se ajustaba al informe presentado semanas atrás.

Junto a la Escola Pau Delclòs hay otros seis candidatos. Uno es el Torroja i Miret, de Vila-seca. El resto son de Barcelona, Terrassa, Castellbisbal y Sant Sadurní d’Anoia. El primer premio es de 15.000 euros y el segundo, de 8.000. Son cantidades muy apetecibles en una época donde los recursos son más bien escasos. El 2 de mayo habrá veredicto.

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