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«El turista ruso quiere aprovechar el día a tope»

Durante el verano hay demanda de personas que hablen ruso para atender a la demanda que se genera en la Costa Daurada

Núria Riu

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Irina Gorkova y Antonio Rodríguez lideran la Asociación Cultural Rusa Dostoievsky en Tarragona. Foto: Alba Mariné

Irina Gorkova y Antonio Rodríguez lideran la Asociación Cultural Rusa Dostoievsky en Tarragona. Foto: Alba Mariné

La Asociación Cultural Rusa Dostoievsky de Tarragona y el Centro de Lengua y Cultura Rusa Dostoievsy de Salou se constituyeron hace más de diez años. Entre las dos entidades suman alrededor de 300 asociados, la mayoría rusos que viven en la Costa Daurada y simpatizantes de esta cultura, interesados en conocer la lengua y las tradiciones del país. Durante el año organizan numerosas actividades. «Somos un puente entre los dos países», asegura su presidente, Antonio Rodríguez. No obstante, durante los meses de verano, ambas organizaciones bajan su actividad. «A partir de mayo hasta septiembre la mayoría de la gente trabaja en el sector turístico», afirma su vicepresidenta, Irina Gorkova.

La demanda de personal que hable el idioma en hoteles y grandes centros comerciales dispara la demanda. Rodríguez y Gorkova explican que la playa y el mar son uno de los principales motivos que genera interés en el momento de elegir un destino vacacional. Buscan playas limpias, de arena fina y poco profundas. «Al ser un turismo familiar, su objetivo es poder controlar a los niños», dice Rodríguez. Esto hace que prefieran la Costa Daurada a la Costa Brava.

Aunque la playa no es el único elemento decisivo. «Les gusta mucho el programa cultural y que puedan ir a excursiones. No les importa hacer un viaje de dos o tres horas para ver las obras de Gaudí, Montserrat o irse a Barcelona», indica Gorkova. Esto hace que la visita a Tarragona se convierta en un imprescindible, para muchos de los rusos que se alojan en los principales municipios costeros del territorio.

El tercer elemento que tiene en consideración este mercado es la posibilidad de ir de tiendas. «Siempre está condicionado por la relación euro/rublo, pero buscan las marcas que también tienen a unos precios más asequibles, ya que allí puede ser el doble o el triple de caro», añade Irina Gorkova. Ésta asegura que es un perfil de turista que «no estará todo el día en la playa tomando el sol. El turista ruso gasta ya que se mueve constantemente. Le gusta aprovechar a tope el día y disfrutar de las tres cosas. Aquí hay infraestructura y en un radio muy pequeño lo tienen todo».

La asociación tiene un convenio con la URV para difundir la historia de Tarragona entre los jóvenes. «Queremos que sean embajadores de la ciudad», asegura Antonio Rodríguez. La idea es que puedan transmitir a sus padres y familiares la historia de esta ciudad milenaria, una cuestión en la que empezaron a trabajar cuando detectaron que «faltaba conocimiento entre los niños». El profesor de Arqueologia Joaquín Ruiz de Arbulo es el encargado de este proyecto.

Paralelamente, tanto la asociación tarraconense como la salouense organizan estancias para que puedan venir jóvenes de Rusia a aprender el español. Un intercambio que abre la puerta a que muchas familias acaben pasando sus vacaciones en la Costa Daurada.

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