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El último baile tras 54 años en la Plaça Imperial Tarraco

El Ayuntamiento de Tarragona inicia el desmontaje del quiosco después de que la caseta queda vacía el pasado viernes al mediodía, tras extinguirse su concesión

Octavi Saumell

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Imagen de los trabajos que se iniciaron ayer en el antiguo quiosco. FOTO: Pere Ferré

Imagen de los trabajos que se iniciaron ayer en el antiguo quiosco. FOTO: Pere Ferré

El quiosco de la Plaça Imperial Tarraco empezó ayer a ser historia. Los operarios municipales iniciaron a primera hora de la mañana los trabajos de desmontaje de la caseta, después de que el emblemático negocio bajara definitivamente la persiana el pasado viernes, al vencer la concesión administrativa que tenía desde el año 1971 –pese a estar abierto desde 1967– y no haber sido renovada su gestión al verse afectada por la apuesta por los carriles bici.  

Los peatones que pasaron ayer por el centro neurálgico de la ciudad observaron las vallas que se colocaron ante la antigua Facultat de Lletres de la Universitat Rovira i Virgili (URV), a la vez que los técnicos de la administración local realizaban los primeros pasos para que, en breve, la garita del quiosco pueda dejar paso al nuevo sistema de movilidad previsto para este punto de la ciudad, y que permitirá enlazar en bici –con un trayecto de 1,9 kilómetros– el Campus Sescelades de Països Catalans como con el ya existente en Pere Martell y el futuro de la Avinguda Roma. 

Carril bici ya visible en la Imperial
De hecho, la pintura del espacio que se destinará para las bicicletas ya era ayer visible en dos extremos de la Plaça Imperial Tarraco: el primero, en el tramo inicial en dirección ascendente de la Avinguda Marquès de Montoliu; y, el segundo, en la acera que pasa por delante de la estación de buses y el hotel SB Ciutat de Tarragona. El objetivo municipal es el de finalizar las obras antes del próximo 1 de diciembre para no perder el Fondo Feder que cubre el 60% de los 447.000 euros que cuestan las actuaciones que se iniciaron el pasado 7 de junio. El Diari intentó ayer tener una valoración del ejecutivo de la Plaça de la Font sobre el inicio del desmontaje de la caseta, pero no fue posible lograr ninguna manifestación pública al respecto por parte del equipo de gobierno.    

Pese a que las intervenciones para hacer realidad el nuevo carril bici marchan «a toda vela», este miércoles, sin embargo, la jornada empezó con dudas, ya que los operarios llamaron al antiguo concesionario para pedirle las llaves, cuando estas habían sido devueltas el viernes a la Oficina Municipal d’Atenció Ciutadana (OMAC) tras el cierre del quiosco. Pese a ello, el contratiempo duró pocos minutos. «Preferimos no verlo, nos dolería demasiado», reconocía ayer el expropietario del negocio, Julio Dueñas, quien resaltó que la situación le hacía sentirse «como si se te tirase por lo que has luchado toda la vida», concretamente, durante 54 años. Desde ayer, el quiosco vive el inicio de su último baile: su desaparición definitiva. 

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