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El uso del plástico se dispara con el coronavirus

El coronavirus ha multiplicado la producción de este material que ayuda, aunque no de manera absoluta, a la prevención del contagio en el ámbito doméstico

JUANFRAN MORENO MARCELO

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Las mascarillas forman ya parte del decorado urbano. FOTO: pere ferré

Las mascarillas forman ya parte del decorado urbano. FOTO: pere ferré

Mascarillas, guantes, mamparas… Todos estos elementos han pasado a formar parte de nuestro día a día de manera abrupta desde la irrupción del coronavirus. Se han convertido en productos tremendamente valorados por la opinión publica. La sensación de seguridad que transmiten es innegable y en la nueva normalidad su presencia va a ser todavía más masiva de lo que ya venía siendo. Las mascarillas han pasado a ser obligatorias en espacios públicos, mientras que los guantes cada vez están más presentes en los distintos establecimientos. 

ste nuevo paisaje cotidiano que se está dibujando de manera paulatina va a producir una paradoja repentina. En las primeras semanas de coronavirus se observaron evidencias de que el parón del estresante ritmo vital de las ciudades estaba favoreciendo a una naturaleza que ya llevaba reclamando mucho tiempo un respiro. «Durante el confinamiento hemos valorado la tranquilidad, el silencio y la naturaleza ha cogido fuerza en unas ciudades en las que se ha respirado paz», explica Albert Fonde, cofundador de Good Karma, una organización europea sin fines de lucro fundada por dos surfistas e ingenieros con el objetivo de redefinir la industria deportiva convirtiéndola en una referente para la sostenibilidad y la participación social.

Sin embargo, en la nueva normalidad que está apareciendo poco a poco se está viendo como la seguridad y la economía están por encima de todo. Esto tiene un riesgo evidente de cara al medioambiente, aspecto que se ha quedado en un segundo plano. «Este rumbo positivo que se observaba en las primeras semanas de cuarentena se está virando en contra. Vemos como estamos avanzando a una nueva normalidad, en la que priorizaran la reactivación de la economía y la sensación de la seguridad».

Este contexto que está surgiendo supone un paso atrás para una humanidad que parecía haberse dado cuenta de lo importante que es cuidar la naturaleza. «Parece que el hecho de ver la naturaleza en un estado tan puro no ha tenido tanto impacto en la sociedad como nos hubiese gustado. Pensábamos que había gente que lo estaba valorando, pero se vuelve a demostrar que cuando prima lo económico, la parte medioambiental se queda atrás», explica Fonde.
Uno de los materiales que se asocia de manera automática con la prevención y la seguridad, aunque muchas veces de manera errónea sobre todo a nivel doméstico, es el plástico. Este material, que se ha demostrado que es muy perjudicial para la salud de la naturaleza y que en los últimos años había disminuido su consumo de manera firme, está volviendo a adquirir una relevancia que puede ser un arma de doble filo: «Vayas a la tienda a la que vayas, te dan guantes y bolsas de plástico. El plástico era un material que ya pensábamos que lo teníamos controlado, pero que puede volver a coger más fuerza incluso que años atrás», resalta Fonde. 

Esta falsa sensación de seguridad que genera el plástico en el contexto doméstico, nada que ver en el ámbito sanitario en el que su importancia sí que es relevante, es un hecho contrastado y que explica el virólogo Josep Guarro, catedrático de microbiología en la URV e investigador del grupo MICOLOGI: «Las mascarillas y los guantes si se ponen y se utilizan mal pueden ser peligrosos porque dan una falsa seguridad de que estás protegido y no es así. La gente se toca la cara, tose… es algo difícil de controlar. Es evidente que las mascarillas y guantes son una pequeña protección, pero no protegen del todo frente al virus. De hecho, hay muchos países en los que no llevan mascarillas».
Sin embargo, para la sociedad esta falsa seguridad resulta tranquilizante. Los ejemplos que ponen en alza el aumento del uso del plástico existen y Font explica uno de ellos: «El otro día nos contactó una empresa de catering trabaja con el sector de la publicidad y el cine, y ya les han pedido muchos de sus clientes que todos los productos vengan protegidos con plástico. Hasta las manzanas porque no quieren asumir riesgos». 

La realidad es que este ejemplo es chocante porque la protección total que se cree que ofrece el plástico es totalmente falsa y así lo recalca el virólogo Josep Guarro: «Es mucho más seguro limpiarse las manos y limpiar el alimento que no colocarle un plástico encima. El plástico acumula porquería. El sentido común debe prevalece por encima de todo en estos tiempos».

Además, el virólogo aprovecha para recalcar las dos medidas más eficaces para evitar el contagio de coronavirus: «Hay dos cosas que han demostrado que ayudan a evitar el contagio del virus limpiarse bien las manos y respetar la distancia de seguridad. Todo lo demás es incierto, se habla demasiado estos últimos días y a veces es mejor estar callado que decir algo si no se está seguro de ello».

Más allá del peligro que tiene utilizar de manera errónea guantes y mascarillas, también se ha vuelto algo cotidiano ver estos complementos tirados en el suelo de las calles de las ciudades. También en el mar y playas donde ya es habitual encontrar mascarilas y guantes entre la arena. Resulta algo feo para la estética de las ciudades, pero sobre todo antihigiénico y que presenta ciertos riesgos para la salud de la ciudadanía. «El otro día salimos a hacer una pequeña batida por las playas y encontramos de todo: guantes, mascarillas…».

En todo caso, el riesgo de contagio no se ve demasiado elevado, aunque sí que existe, tal y como recalca Josep Guarro: «No representa un gran peligro. Pueden ser elementos contagiosos si la gente ha tosido, lo ha tocado y lo tira al suelo y otra persona se lo pone, pero no creo que nadie haga eso. En realidad, no se sabe bien como se transmite el coronavirus, ahora la OMS dice que el contagio a través de un objeto no está demostrado». Font no tiene dudas de que el coronavirus ha enseñado a la sociedad de manera práctica que hay que cuidar a la naturaleza. No se puede volver a los viejos hábitos tal y como recalca: «Hay que seguir concienciando y sensibilizando. Es el momento más importante porque hemos tenido una lección de la naturaleza en nuestra cara, la gente no tiene que volver a la vieja normalidad».

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