En Bonavista y El Serrallo se necesitará una ‘llave’ para tirar la basura orgánica y la ‘resta’

Será una prueba piloto que luego se ampliaría a toda la ciudad. La idea es reciclar mejor y que los vecinos paguen por los residuos que generan y no por la calle donde viven

NORIÁN MUÑOZ

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Parte de los técnicos que ahora controlan en tiempo real los trabajos de recogida de basuras y de limpieza.  FOTO: alfredo gonzález

Parte de los técnicos que ahora controlan en tiempo real los trabajos de recogida de basuras y de limpieza. FOTO: alfredo gonzález

Antes de que acabe este año, los barrios de Bonavista y El Serrallo protagonizarán una prueba piloto que promete cambiar al forma en la que los tarraconenses tiran la basura. La primera medida consistirá en cerrar los contenedores de basura orgánica (de color marrón) y los de ‘resta’ o rechazo (los grises).  

Con este sistema cada vecino tendrá una ‘llave’ para abrir el contenedor. Todavía está por determinarse si dicha llave será una tarjeta o una aplicación para el móvil. La licitación del contrato saldrá en breve.

La intención es conseguir una mejor separación de los residuos, lo que no solo redundará en un beneficio para el medioambiente, sino también para las arcas municipales. De hecho el año pasado el Ayuntamiento de Tarragona consiguió un ahorro de 202.000 euros respecto al año anterior gracias a que se llevaron menos residuos a incinerar.

Se espera que, además, ese ahorro redunde también en el bolsillo de los ciudadanos. Actualmente en Tarragona la tasa de basuras se calcula en función de la categoría de la calle. «Algo que no tiene sentido, porque el camión nos cuesta lo mismo en una zona de la ciudad que en otra», reconoce Lidia Bartra, Cap de Gestió de Serveis Pùblics del Ayuntamiento.

La idea es encontrar la manera de que los vecinos paguen una tarifa más justa en función de los residuos que generan y cómo los reciclan. Todo esto deberá quedar contemplado en el nuevo contrato municipal de la basura previsto para el 2023.

Experiencia en otros municipios

La medida de ‘cerrar’ los contenedores grises y marrones para mejorar el reciclaje es una opción por la que están optando muchos municipios. Una experiencia dentro de la demarcación es la de Bellvei, en el Baix Penedès (2.237 habitantes) que, en el primer mes tras la puesta en marcha del sistema, pasó de reciclar el 20% de sus desperdicios al 75%.
En Tarragona se ha optado por comenzar la prueba en Bonavista y El Serrallo porque son zonas bien delimitadas donde hay menos oportunidad de que los vecinos acudan a tirar la basura a otros sitios cuando se ponga en marcha el sistema.

Si los negocios no reciclan bien se hacen fotos como prueba y la basura no se recoge 

El cierre de los contenedores es el siguiente escalón que sube el Ayuntamiento en un camino por mejorar el reciclaje que no siempre ha dado resultado. En los últimos años se han realizado numerosas campañas informativas  y entregado 50.000 kits para reciclaje en casa, pero las cifras todavía dejan mucho que desear. En 2019 (último dato disponible de la Agencia Catalana de Residus), la recogida selectiva solo llegaba al 32,47%, El 67,53% de la basura de los tarraconenses iba a la sección resta, donde la mayoría de lo que llega se quema. 

Aunque en Tarragona lo que se incinera sirve, en parte, para generar energía eléctrica, la intención es reducir significativamente el volumen. Quemar la basura cuesta caro y cada año, como penalización, cuesta más. Además aquí, con el contrato vigente, es el Ayuntamiento el que paga por este concepto y no la empresa contratista. En el próximo contrato se espera poder cambiar las condiciones para que la contratista asuma parte de este coste, con lo que tendrán un interés particular en que el reciclaje funcione.

El CSI de la basura

La transformación que implicará el cierre de contenedores es uno de los cambios impulsados por el equipo al que Jordi Fortuny, concejal de Neteja, le gusta llamar el CSI de la basura. Se trata de un grupo de técnicos que no solo se encarga de controlar los servicios que está prestando la concesionaria, sino de proponer soluciones. En un principio se trataba de una sola persona y ahora son cuatro: un biólogo y tres licenciadas en ciencias ambientales. Próximamente, además, está presupuestado contratar nuevos perfiles, incluidos más educadores ambientales. También se trasladarán a un sitio donde puedan tener un panel de control en condiciones.

Una de las cosas que ha permitido crear el equipo ha sido poder controlar en tiempo real el trabajo de los camiones que recogen los contenedores y también los vehículos que se encargan de la limpieza.

Nos lo explican mientras el biólogo Jordi Bru nos enseña en un mapa de Tarragona el recorrido que está haciendo una barredora dual (de las que barren y lanzan agua). Lo cierto es que la herramienta informática existe desde 2016 pero no se usaba. En algún momento se contrató a una empresa externa para hacer seguimiento.

Gracias a este sistema están consiguiendo ‘afinar’ cuando hay problemas en las islas de contenedores y ver, por ejemplo, si es necesario aumentar la frecuencia con la que se pasa a vaciarlos o si se deben colocar más. Eso se complementa con las quejas que se reciben a través de la aplicación Epp!, las llamadas al Teléfono Verde (977 296 222) y lo que observan de los propios operarios y los educadores ambientales. 

Este es el modelo de contenedor de Bellvei, en Tarragona está por definir. FOTO: JMB

No es, no obstante, una labor sencilla, porque la situación puede cambiar por momentos. Ahora mismo tienen detectadas unas 40 islas de contenedores con algún conflicto. Un ejemplo es l’Arrabassada, donde quedan algunos problemas por resolver. Allí una de las dificultades que observaron fue que crecía exponencialmente el volumen de papel y cartón, algo muy ligado al auge del comercio electrónico que ha traído la pandemia. También tuvieron problemas porque algunos establecimientos lanzaban sus desechos (que deben ser recogidos por otra vía) a los contenedores domésticos.

En los casos en los que se detecta que es un problema de incivismo se ha llegado a enviar carta a los vecinos de la zona. Cuando se trata de casos graves y recurrentes se recurre a la Guàrdia Urbana que se encarga de hacer averiguaciones, bien de paisano o con la colaboración de vecinos informantes.

Las fotos de la verdad

Además de la recogida de la basura doméstica, el Ayuntamiento también se encarga de la recogida de basuras de comercios y hostelería. Aunque cada establecimiento es libre de hacerlo a través del Ayuntamiento o una empresa, todos tienen la obligación de contar con un gestor.

En el caso de la hostelería, la fracción con la que tienen más problemas es la orgánica. Cada establecimiento tiene un contenedor con llave que los operarios revisan antes de retirarlo. Si a simple vista la cantidad impropios (residuos que no deberían estar allí) es muy alta, le hacen una foto y no la recogen hasta que esté bien separada.

Miriam Prats, responsable de educación ambiental, de FCC, tiene el móvil lleno de fotos. En ellas se ven contenedores donde se mezclan restos de alimentos con vasos, film plástico, guantes... Además, dice, está la dificultad de que cada vez que cambia el personal de un establecimiento los responsables no siempre le explican cómo separar los residuos «y toca empezar de cero».

Si el establecimiento lo contrata, también recogen el cartón, que deben sacar a una hora determinada. Recientemente, no obstante, han notado que cuando pasan a recogerlo ya no está. Hay personas que tienen controlados los circuitos y  lo roban antes. Es un negocio que comienza a ser rentable porque el papel ahora se vende caro por el auge del comercio on-line.

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