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Tarragona Política

Estrategia Tarradellas

Al mal tiempo, buena cara. Pese a tener críticas internas, Ballesteros defiende y enfatiza el pacto con el PP para no hundir a los populares y dar aún más vida a Ciutadans. La alcaldía podría estar en juego.    

Octavi Saumell

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El alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, tiene previsto anunciar en breve si vuelve a presentarse a las elecciones. FOTO: ACN

El alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, tiene previsto anunciar en breve si vuelve a presentarse a las elecciones. FOTO: ACN

En junio de 1977, el que en ese momento era el President de la Generalitat en el exilio, Josep Tarradellas, visitó al entonces Presidente del Gobierno Central, Adolfo Suárez, en La Moncloa. Es de dominio público que la reunión no discurrió como se esperaba y que las conversaciones estuvieron a punto de romperse el primer día, pero a la salida, contra todo pronóstico, el representante catalán aseguró ante los medios de comunicación que todo había ido «muy bien». 

Esa frase, que no se ajustó ni mucho menos a la realidad, sirvió para destensar la situación y fomentar el deshielo –la palabra de moda en estos momentos en Barcelona y Madrid–. La negociación con el Estado facilitó que Tarradellas pudiera volver a Catalunya solo cuatro meses después para ser el President provisional de la Generalitat hasta las elecciones de 1980. 

Ahora, salvando las distancias, el alcalde Josep Fèlix Ballesteros (PSC) ha optado por seguir una  estrategia parecida, principalmente, con los Juegos del Mediterráneo y el pacto con el PP. Cuando quedan poco más de diez meses para las próximas elecciones municipales, es una evidencia que los Juegos no han sido, ni mucho menos, el éxito que se esperaba.

El evento deportivo era la gran esperanza socialista para coger fuerzas de cara a los comicios de mayo de 2019 y, por ello, ha centrado la gestión política de los últimos años en la Plaça de la Font. De hecho, la celebración de la competición internacional fue el motivo que, en febrero de 2016, motivó el pacto que Ballesteros firmó con PP y la entonces Unió Democràtica.

Ahora, pese a la sensación agridulce, Ballesteros defiende el resultado del evento, sobre todo, por el legado en instalaciones deportivas que deja. Reconocer un fracaso sería sinónimo de no poder repetir como cabeza de lista de los socialistas. En breve, Ballesteros debe anunciar si se volverá a presentar, por quinta vez, como alcaldable. Al mal tiempo, buena cara.     

Tras el pinchazo de los Juegos, cada vez hay más voces en la sede de Ramón y Cajal que abogan por romper el pacto, especialmente después de la moción de censura del pasado mes de junio que alzó a Pedro Sánchez (PSOE) como presidente. Romper en Madrid y seguir en una de las principales capitales de provincia que tienen los socialistas está mal visto por destacados dirigentes, más después del acercamiento que se está intentando con los independentistas.

Por ello, apuestan por no llegar a la próxima cita con las urnas de la mano de un PP manchado por la reciente sentencia del caso Gürtel. En esta línea, la agrupación local quiere poner en marcha una comisión bilateral con el grupo municipal en el Ayuntamiento  para analizar el pacto y forzar, si es necesario, a romper el acuerdo de gobierno con los populares y acabar el mandato en minoría.  

Ballesteros y su núcleo de confianza, sin embargo, no están por la labor. Ahora no es el momento de romper nada, y más si hay un pacto por escrito. La jugada está clara. José Luis Martín (PP) no tiene el perfil político ni la exposición pública que tenía Alejandro Fernández. Además, estratégicamente, al PSC no le interesa hundir al PP en la oposición, ya que un naufragio de los populares supondría un impulso definitivo para Ciutadans. Y la alcaldía podría estar en juego. Por esto, ahora toca hacer buena cara con el PP. Pese al mal tiempo. Como hizo Tarradellas con Suárez.

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