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Familias y escuelas se las ingenian para reutilizar los libros de texto

Centros que elaboran su propio material, padres que organizan trueques vía web, empresas que se dedican a comprar y reciclar... El coste de los libros obliga a buscar alternativas
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Las familias ya comienzan a prever cómo harán frente al gasto de los libros. Foto: Lluís Milián

Las familias ya comienzan a prever cómo harán frente al gasto de los libros. Foto: Lluís Milián

«Tengo tres hijos, dos en primaria y uno que va a comenzar el instituto y trato de comprar la menor cantidad de libros posible. Es una locura, porque aunque hay dos niños que sólo se llevan un año, muchas veces no pueden pasarse los libros...Ayer mismo estuve borrando todo lo que había en el libro de matemáticas del que acaba de terminar cuarto para su hermano y ahora resulta que lo han cambiado y no le sirve. Estoy harta de ver cómo cambian el ISBN y luego sólo hay una foto distinta o un tema cambiado de lugar», explica Marta, madre de tres chicos que van a centros públicos. La lista de libros de sus hijos pequeños no bajará de los 200 euros cada uno y la del mayor pasará de los 300 euros, lo que supondría unos 700 euros sólo en libros, sin tener en cuenta libretas, lápices y lo que hay que pagar en la escuela para el material.

Justamente para aliviar este desembolso Marta tiene una especie de red informal de intercambio con otras madres que le ayuda a hacerse con los títulos que necesita y para que no se quede ningún libro sin uso en casa.

La de Marta es una de las muchas formas que están impulsando padres a título particular, Ampas y los propios centros para aliviar un coste que, en los casos de las familias más vulnerables, se hace muy difícil de afrontar.

 

Instan a reclamar el coste

De hecho, hace unos días la Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) volvió a reivindicar la gratuidad de los libros de texto y pidió al las familias que reclamen el importe de los mismos a los centros escolares. Aseguran que en ninguna ley se indica que los manuales sean obligatorios pero que, sin embargo, los centros les fuerzan a que los compren.

Lluis Pallejà, representante de Fapac, federación de Ampas de Catalunya en Tarragona, no entra a valorar la propuesta de CEAPA, pero recuerda que hay muchas familias en dificultades (la entidad lleva dos años advirtiendo sobre el riesgo de malnutrición de algunos alumnos) y hace ya tres años que el Ministerio de Educación no entrega becas de libros.

En general los servicios sociales ofrecen ayudas de emergencia a las familias más vulnerables para cubrir gastos más urgentes. En muchos casos se entiende que parte de ese dinero se dedica a la adquisición de material escolar.En el caso de Tarragona, aunque se ofrecen dichas ayudas, no existe una partida específica para los libros de texto.

El Consell Comarcal del Tarragonès, por su parte, ofrece ayudas para material, pero sólo para los alumnos de familias de menos ingresos que estudian educación infantil (P-3, -4 y P-5). El año pasado se distribuyeron, a través de Benestar Social, 1.122 ayudas de unos 60 euros cada una.

Pallejà insiste, de todas formas, en que la gran apuesta de las Ampas es por la reutilización. Algunas lo hacen ya desde la época previa a los recortes. En algún momento hubo algunas ayudas, ahora extintas, por parte de la administración, para que las asociaciones de padres compraran lotes de libros para reutilizar. Así, a largo plazo si un libro se usaba cuatro cursos terminaba costando una cuarta parte.

No obstante, actualmente por el cambio de tipo impositivo, por el que pasan de tener que tributar un 6% a un 21% por los libros, lo que recomiendan a las Ampas es que los libros sean adquiridos por los centros escolares (estos tributan el 6%), y que las Ampas den soporte y mano de obra para organizar el proyecto.

 

Las experiencias

Las fórmulas que han encontrado las familias para esquivar el coste de la compra de los libros es de lo más variada. En algunos centros públicos, como la escuela Cèsar August y el Institut Tarragona, han optado por una empresa que se ocupa de la compra y reutilización.

El libro, que puede ser nuevo o usado, se adquiere a través de la empresa y a final de curso se regresa, eso sí, en perfecto estado. Una madre usuaria del servicio comenta que la experiencia ha sido muy positiva, porque, aunque este sistema obliga a comprar todos los libros, el ahorro es de unos 60 euros, «pero sobre todo estoy contenta porque los libros de mis hijos nunca habían llegado en tan buen estado. Ellos sabían que si los dañaban nos tocaría pagar más».

Los padres de los centros concertados también han encontrado la forma de organizarse, esta vez fuera de los centros, ya que para algunas escuelas la venta de libros también es una fuente de ingresos.

En el caso de La Salle de Tarragona y Reus y el Sagrat Cor, por ejemplo, las Ampas se organizaron hace dos años a través de una plataforma digital de intercambio que ya existía (donaz.es en el apartado de Ampas) en la que se pueden donar y recibir libros escolares. La página es la encargada de ‘casar’ al que tiene el libro y al que lo necesita.

«No es sólo una cuestión de ahorro económico. Los niños aprenden con esto que un libro no puede durar sólo nueve meses, que puede tener una vida más larga», explica otra madre.

Aunque la reutilización no es la única vía que han encontrado las comunidades educativas para esquivar la compra y cambio constante de los libros. En algunos casos han comenzado también a producir sus propios materiales, algunos por la vía digital y otros a elaborar sus fichas y a hacer fotocopias.

Justamente contra esta fórmula que comienza a extenderse se han puesto en pie de guerra los editores. La Asociación Nacional de Editores de Libros de Texto y Materiales de Enseñanza, ANELE, interpuso recientemente 14 recursos contenciosos administrativos contra el Ministerio de Educación y varias comunidades autónomas por «excederse en sus competencias» al financiar plataformas de profesores para la creación de contenidos educativos, que, en algunos casos, «son plagios descarados».

 

Los cambios de la LOMCE

Pero las fórmulas de reutilización de libros se topan, inevitablemente, con los frecuentes cambios legales. Este año el más notorio será en los libros de segundo y cuarto de primaria y primero y tercero de la ESO, cursos en los que toca aplicar la LOMCE.

Una madre que participa en una plataforma de intercambio comenta indignada que en su escuela, concertada, han cambiado todos los libros. «No tiene sentido, hay elecciones en diciembre y si cambia el gobierno y se cambia la ley habrá que volver a cambiar los libros. Estos libros tendrían sólo un año de duración. Es un despilfarro inexplicable».

No obstante, cada centro ha decidido su manera de afrontar la situación. En el Institut Tarragona, por ejemplo, han decidido no pedir a los alumnos los libros adaptados a la LOMCE, sino seguir con los actuales para poder continuar con el reciclaje. No obstante, si alguien quiere comprar en vez de reciclar se encontrará con las versiones nuevas.

 

Guerra de precios

Pero, claro está, hay familias que no pueden beneficiarse del reciclaje. Pasa frecuentemente en el ciclo inicial de primaria, donde buena parte de los libros son para escribir y rellenar.

La competencia entre comercios se ha hecho cada vez más dura. Las grandes cadenas de distribución y almacenes apuestan fuerte. Una ofrece: «Si encuentras los libros más baratos te devolvemos 10 veces la diferencia».

Recientemente han entrado en juego, además, las librerías por internet (Amazon o la Casa del Libro son algunas) y hasta un comparador de precios, OKLIbros. Se vaticina que la venta de online crecerá durante el curso 2015-2016 .

No obstante, las librerías tradicionales siguen teniendo su público porque dan un servicio que resulta difícil a las grandes cadenas. Así lo confirma Riccard Espinosa, de La Capona, quien asegura que su gran competencia no son ni las grandes cadenas ni internet, «sino el precio tan elevado de los libros. Un libro de matemáticas de primero de primaria puede costar 35 euros. Si costaran 10 no estaríamos hablando de esto. La gente recicla y me parece muy bien», asegura.

Apunta que en torno a los libros de texto hay todo un entramado de intereses. Se refiere a los regalos e incentivos de las editoriales ofrecen a centros y Ampas para que elijan sus títulos. «El que esté libre de pecados tire la primera piedra», concluye.

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